“CIUDADANIZAR”

Néstor Hernando Parra

“Una historia diferente está surgiendo y madurando. Es una historia de quiénes somos como humanos, de qué somos capaces y cómo podríamos trabajar juntos para reimaginar y reconstruir nuestro mundoEs más lenta, más difusa y más caótica, porque es una historia de poder ampliamente distribuido, sin los tradicionales centros de poder. Tal y como Jon Alexander y Ariane Conrad lo designan en este libro de vital importancia, esta historia es la Historia (la narrativa) del Ciudadano…Se trata del poder de todos nosotros para coinventar y nutrir nuestro futuro … Es un estado de compromiso, más verbo que sustantivo.”

Brian Eno [1]

Después de leer el libro Citizens”[1]y releer varios de sus capítulos, perdura mi admiración por su contribución al debate sobre cómo superar el caos en el que estamos. Sin embargo, también me asaltan dudas sobre la viabilidad de su propuesta y sea una utopía o una quimera más, aunque es incuestionable su aporte al análisis del proceso social de la humanidad a través de los siglos.

 Quizá su advertencia de evitar intencionalmente mencionar las palabras “capitalismo y comunismo” han contribuido a esas dudas, en cuanto parto de la base de que el proceso social es determinado por la superestructura económica. De igual forma, he repasado la variedad de sentimientos extremos que inspiran las actitudes y comportamientos de los seres humanos que inciden en la sociedad o comunidad en la que vivimos. Por ejemplo, la polarización en la política, el fanatismo religioso, la discriminación de nuestros congéneres por factores de raza, género, capacidad económica…etc. Algo que, según el cognitivismo cerebral -la neurociencia- es determinante de la conducta humana, viene impreso en el laberinto neuronal de cada uno. Como puede apreciarse, es un tema trascendental.      

En una clara aplicación del esquema de sistemas y organizaciones, Alexander con Conrad[2] identifican tres etapas del proceso social:

1) La del Sujeto (Subject), que comenzó en cuanto superó la etapa de cazador-recolector, tipificada por la sumisión del ser humano a un Ser Superior, religioso (el papa), político (monarca) o económico (el señor feudal). El papel del sujeto (individuo, súbdito) es el de obedecer a esa jerarquía, al Gran Hombre (The Great Man), aceptar lo que se nos da, pues a cambio recibimos protección, orden y seguridad. Citan al Rey Sargón de Akkad en su imperio formado por una red de ciudades-estado en la antigua Mesopotamia a quien califican como “el arquetipo del Rey como un padre” (paternalismo) cuya estructura se plasmó en el Código de Hammurabi (1790 A.C)

Confucio (500 A.C) habló del gobernante ideal como un “hombre superior”, modelo de moralidad cuyos principios deberían practicar los súbditos. Platón, en Grecia, adoptó la misma idea. Alejandro el Grande predicó sobre una “jerarquía de las almas”, lapidificando la superioridad de los humanos sobre los animales, de los hombres sobre las mujeres, y de algunas razas sobre otras, que deberían ser consideradas como “esclavos naturales”.

El cristianismo también hizo eco de esos mismos principios para justificar el Padre último, el Dios todopoderoso en cuya mano yace el destino de todo su pueblo. Los edictos papales dieron a los exploradores cristianos el derecho para hacer suyos los nuevos territorios conquistados y reclamar esas tierras para los Reyes Cristianos. Los autores muestran la conjunción de la calidad de “superior” desde la religión y la política al recordar que el 22 de junio 1897, día de celebración del Jubileo de Diamante de la Reina Victoria, ella terminó su discurso diciendo: “Desde mi corazón agradezco a mi amada gente.  Que Dios los bendiga”.

2) La del Consumidor, la caracterizan como la tarea de ganar dinero para gastarlo y entrar en  competición con nuestros congéneres a fin de ascender en la escala social. Una tarea que nos enorgullece al hacernos sentir “autosuficientes y liberados, los creadores de nuestro propio destino.” Toman el año 1984 como el de la maduración del consumismo, en el que Apple lanzó la promesa de que “la nueva ola de tecnología nos empoderaría y nos salvaría de la pesadilla de Orwell”.

 Sin embargo, tal como lo anota la Nobel de la Paz Maria Ressa en su libro “How to stand up a Dictator”[3], “Los autócratas están utilizando mejor la tecnología espiando a periodistas y activistas de derechos humanos impunemente”. Sin olvidar que también las grandes empresas tecnológicas monitorean los actos de sus usuarios de quienes se surte de informaciones y de ingresos al seguir todos y cada uno de sus actos. Dispositivo que en países como China utilizan para controlar a los gobernados.

En ese mismo año, Virgin Atlantic   despegó “no solo una aerolínea sino un ideal, casi que un credo: el concepto del servicio al cliente habíallegado junto con el mantra de la historia del Consumidor: el cliente siempre tiene la razón.” También en 1984, Nike vendió su primer par de Zapatillas Air Jordan (una nueva tecnología) y al hacerlo dio su propio salto de un especialista en calzado de tipo técnico a una marca impulsada por la aspiración y la celebridad del ser humano.  

Recuerdan que el 16 de noviembre de 1984, tres millones de acciones de propiedad de la empresa pública British Telecom salieron a la venta del público en Gran Bretaña.  Era la gran aspiración de Margaret Thatcher, era su misión moral, su sueño, cimentar la meritocracia.  Mediante la privatización, el poder del estado se reduce y el de la gente aumenta. Después siguieron British Gas, BP, las compañías de agua, y los ferrocarriles convirtiendo a los Consumidores en accionistas. El Sindicato de Mineros –NUM- había declarado la huelga a principios de 1984, al final se habían perdido 26 millones persona-día de trabajo. La estrategia era “destruir el sindicalismo no solo en minería sino en la Gran Bretaña”. Había destruido la visión que le había dado vida al sindicalismo: asociar a los trabajadores de tal forma que tuvieran una voz colectiva, “un claro impulso Ciudadano”. Neoliberalismo puro y duro que se impuso desde Washington, agrego yo.

Con base en ese argumentario, concluyen que nuestro mundo de hoy es el legado de 1984: se había transferido una impresionante cantidad de poder y de dinero de gobiernos electos a accionistas con base en la premisa de que esa es una forma mejor y más democrática, así los accionistas generalmente sean una élite rica. El modelo lo adoptó Estados Unidos –donde había sido diseñado. Años antes, en la conformación de las instituciones mundiales, Banco Mundial, FMI, la OECD y la misma UE se concibieron con el mismo patrón. Pronto surgió el Índice de Confianza del Consumidor. “Nuestra prisión estaba completa en la medida en que habíamos establecido una decoración para nosotros mismos”.  

En la etapa del Consumidor el ser humano es independiente, titular de derechos, con capacidad para ordenar y seleccionar, utiliza el lenguaje analógico, es sometido a la burocracia y actúa de forma objetiva. En la narrativa del Consumidor el poder está más ampliamente distribuido que en la narrativa del Sujeto. La falsa solución de reemplazar a las personas nos distrae de construir el mandato para un cambio más profundo; erosiona nuestra agencia, pero también puede verse hoy como fuentes de esperanza y no como causas de temor. Se trata de desatar nuestro poder a fin de transformar las organizaciones existentes, abrirlas y, liberar el creciente poder de los ciudadanos.

3) La del Ciudadano que apenas está emergiendo en medio del caos que vive la humanidad ante los cambios veloces y potentes de las nuevas tecnologías, en la que perviven, así sea parcialmente, la del Sujeto (súbdito) obediente, y la del Consumidor (individualismo) competitivo. Hoy las amenazas son globales como puede apreciarse en temas tales como el cambio climático y el COVID 19. Los gobernantes, ante la imposibilidad de enfrentarlos, hábilmente trasladan la responsabilidad a los gobernados. Ante esta situación, los autores se cuestionan: “¿Hay alguna forma de salir del lío en el que estamos? Sin embargo, hay una esperanza. Porque algo está sucediendo. Hay una coalescencia.”

A continuación, ponen el foco no tanto en cómo construir un movimiento u organizar una comunidad o cómo ciudadanizar, sino fundamentalmente en cómo hacer la transición hacia una sociedad de ciudadanos y cómo podemos construir la nueva narrativa, la “Historia del Ciudadano”. Para ello, es necesario poder salir de la que estamos y concebir cómo rediseñar las organizaciones e instituciones para ciudadanizar con sus características propias.  

La ciudadanía como una práctica que se desarrolla en un espacio territorial en el que viven juntos seres humanos. Civil, civilizado y civilidad son todas palabras relacionadas con el “arte de relacionarse y trabajar y en definitiva hacer la vida juntos”. El espacio físico es la ciudad y el lenguaje el digital, habitado por el ciudadano, interdependiente, espiritual, participativo, deliberativo, creativo, digital, que se comunica e integra en redes.

Alexander y Conrad enumeran siete modos de participación cotidiana.

  1. Cuenta historias (narrativa)
  2. Recopila datos
  3. Comparte conexiones
  4. Aporta ideas
  5. Da tiempo
  6. Aprende habilidades
  7. Financia de manera colectiva. (Crowdfunding) 

En refuerzo de su enfoque, citan un podcast cultural de Baratunde Thurston sobre “Cómo ciudadanizar”, en el que utiliza la palabra como un verbo- «Esto no es una muestra de cómo un proyecto de ley se convierte en ley», dice. En cambio, se trata de quién tiene el poder de determinar la calidad de nuestras vidas. Creemos que la respuesta correcta es todos nosotros«.  «¿Qué es lo que es de nuestro interés colectivo, lo que es mejor para la nación en su conjunto? Y responden“Ahora veo que no es solo una emergencia climática: es una oportunidad civilizacional”.[4]

En cuanto a las características del proceso tendiente a ciudadanizar enumeran lo que denominan las tres pes del Ciudadano: Propósito, Plataforma y Prototipo. Propósito: ¿Qué intenta hacer la organización en el mundo? Plataforma: ¿qué oportunidades ofrece la organización para participar en ese trabajo? Incluso en la elaboración y aprobación de los presupuestos públicos. Prototipo: ¿cuál es el punto de partida, el siguiente paso correcto, en lugar de tratar de voltear toda la organización de la noche a la mañana?

Citando a Donella Mellow en “Leverage Points” acogen la pregunta de ¿cómo cambiar los paradigmas? y entre sus recomendaciones destacan la de no perder tiempo con los reaccionarios, trabajar con agentes de cambio activos y en un vasto terreno intermedio poblado de gente con mente abierta. (Aquí cabe preguntar: ¿qué hacemos con esos otros? ¿Y con los que por naturaleza son indiferentes?)

Y ahí tocamos fondo, pues se trata de cambiar «el sistema» que detentan unos pocos que se atrincheran en sus fueros para defender sus poderes y sus estructuras. Es indudable que, según Alexander, la cuestión es construir alternativas, y mostrarnos como los líderes de ese movimiento, de esa alternativa de cambio, así no controlemos los medios de comunicación. “No podemos simplemente levantar los brazos en señal de resignación y pasar página, o esperar a que alguien más venga y lidere, tenemos que hacerlo nosotros mismos, y tenemos que seguir adelante ahora. El último año me ha mostrado esta pasión, este fuego, esta voluntad de crear un mundo más equitativo, democrático e imaginativo existe, existe aquí mismo en nuestra ciudad natal y está vivo y bien. Es un todo en nosotros, todos juntos.”

En respaldo de su tesis, Alexander analiza cinco casos de jóvenes de distintos países que, ante situaciones, campos de acción y experiencias propias deciden comunicarse, participar en asuntos que les concierne. De esa forma crean organizaciones colectivas, participativas con las que contribuyen a ciudadanizar. Después, con uno de ellos, funda el New Citizens Project -NCP, entidad que preside Alexander.

Reconoce el poder de las protestas, cita 2011 como año referente:  La Primavera Árabe, las marchas de los japoneses después del tsunami de Fukushima, en julio una protesta social de un millón de personas en Israel, en agosto en Londres una semana de enfrentamientos de manifestantes con la policía después de la muerte violenta por la policía de Mark Duggan (29 años, negro), en diciembre la “revolución de la nieve” en Rusia en protesta ante el anuncio de Putin de presentarse a un cuarto periodo presidencial. Todos estos hechos demostraron con hechos no con palabras cómo la participación ciudadana puede incidir en las decisiones públicas, cuando el gobierno lo permite.

Recomienda dos tipos de organizaciones apropiadas para cambiar el sistema: las ONG y las Cooperativas. Las ONG comenzaron a funcionar en la etapa del Sujeto en la que se les miraba como una organización benéfica (paternalismo) y se desarrollaron durante la del Consumidor en la que adoptaron un esquema comercial con millones de afiliados a pesar de lo cual algo iba mal. Con el fin de adaptar la National Trust británica a la época del Ciudadano, se formó un equipo en el que participó Alexander partiendo de la premisa de que la relación que realmente importa es la relación entre las personas y el lugar. Las ONG ciudadanas pueden habilitar y facilitar, en lugar de vender y entregar. Se convierten en un medio para que muchas personas se organicen juntas para entregar resultados.  

En cuanto al Cooperativismo recomienda expandir masivamente el modelo cooperativo como una forma organizacional que facilita hacer parte de la narrativa del Ciudadano, tarea que no es difícil en cuanto los principios del movimiento cooperativo son afines. (Apoyo mutuo, esfuerzo propio, responsabilidad conjunta, democracia directa, igualdad, equidad y solidaridad).

Adicionalmente, propone que, ante la sociedad del conocimiento que estamos viviendo, la tecnología sea un bien público, idea que ilustra con lo que llama Facebook Citizen. Lo cierto es que, como bien se sabe, las nuevas tecnologías las controlan un puñado de megaempresas -estadounidenses y chinas principalmente- y convierten al usuario en un cautivo que explotan a su gusto. El propósito es tener una verdadera Internet ciudadana, donde todos los ciudadanos tengan acceso asequible, libre del control de corporaciones o gobiernos, donde se respete el derecho a la privacidad y la seguridad.

También comenta sobre el caso de The Guardian-que funciona como un crowdfunding- donde las personas no contribuyen a la organización como consumidores a cambio de un beneficio personal directo o acceso personal exclusivo, sino como ciudadanos que reconocen la importancia del periodismo de The Guardian para la sociedad y deciden apoyar su existencia como un bien público. La directora Winer reconoce que The Guardian estaba alcanzando el punto de equilibrio financiero, con el apoyo de más de 1 millón de lectores de 180 países.

El experimento fue más allá en cuanto comenzaron a explorar cómo los lectores podrían involucrarse como participantes en los procesos del periodismo, no solo en forma de comentarios, sino también en la redacción de editoriales basados en múltiples fuentes, un auténtico desafío a los periodistas profesionales que les obliga a indagar a fondo sobre temas que aportan los contribuyentes voluntarios.

Alexander hace al final de su libro una propuesta atrevida: renovar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “reinventándola como una constitución global”, en cuanto considera que la actual es una expresión de la narrativa, la Historia del Consumidor, que además ha fracasado como es el caso de los derechos de la comunidad negra en Estados Unidos o el de Gran Bretaña de reconocer tales derechos en sus antiguas colonias. Y pasa a describir cómo participarían en su redacción “los ciudadanos del mundo” para lograr una “constitución colectiva para la humanidad” en borrador. Propuesta que le lleva a preguntarse: “¿Una quimera? Quizá.” 

A propósito, justo hoy he leído un documento escrito en los años cuarenta por Eleanor Roosevelt[5], la presidenta del Comité preparatorio de los Derechos Humanos en el que puede apreciarse el difícil proceso para conseguir un consenso entre las naciones en el paso a paso desde el mismo momento en el que se intentó conformar la comisión redactora. Asunto que es fácil de entender por cuanto se trata de un tema de política global, a partir de los principios de dignidad y seguridad humanas,  en el que intervienen representantes de regímenes políticos y económicos de distintos colores y matices ideológicos. Los Derechos Humanos contienen, a fin de cuentas, un conjunto de principios democráticos abiertamente rechazados por regímenes autocráticos o dictatoriales. 

En conclusión, el libro de Alexander con Conrad se inscribe en la corriente del nuevo pensamiento -al estilo de Mariana Mazzucato– que se caracteriza por la cooperación, la colaboración, la coalescencia, la participación entre los actores que trabajan desde sus respectivos ángulos en procura de cumplir una “misión” en beneficio de todos. Sin embargo, me asalta la duda de que sus propuestas están basadas en pequeñas, múltiples misiones (minimisiones parodiando a Moisés Naim en lo del minipoderes) que se comunican a través de redes. ¿Cómo integrar ese sinnúmero de redes? He ahí la cuestión.

 Valencia, julio 3 de 2023


[1] Alexander Jon- Op.cit.

[2] Ariane Conrad es coescritora (revisora) de varios libros bestsellers del New York Times.

[3]  “Ressa M. “How To StandUp tp a Dictator. The right for our future”. Harper. 2022.

[4] Citado en la obra en comento.

[5] Rossevelt E. .”The Promise of Human Rights”. Foreign Affairs. Julio 2023


[1] En el Prefacio del libro “Citizens” de Jon Alexander con Ariane Conrad. Century. 2022

2 respuestas a ““CIUDADANIZAR”

  1. Tan interesante como complejo y de actualidad el tema propuesto en su artículo. Es necesario disponer de una visión integral del mundo contemporáneo en sus variables social, política, económica y cultural para abordar un análisis válido y atinado. Las etapas por las que hemos transitado como sociedad humana nos acercan bastante a la realidad actual, es decir, a la comprensión de quiénes somos, dónde estamos y para dónde queremos ir. No somos una aldea global ni individuos clonados y aún con la fuerza integradora de la globalización seguimos siendo pueblos de culturas diferentes y no pretendemos convertirnos en masa. Tenemos la calidad de ciudadanos por las categorías jurídicas que nos amparan y nos hacen pertenecer o sentir que pertenecemos. El ciudadano universal no existe, podría ser una ilusión, una utopía, nos parecemos solo en la anatomía humana, de resto somos todo un universo de ideas, percepciones, comportamientos, creencias, posibilidades y anhelos distintos, seguimos siendo básicamente ciudadanos de un solo país. Creo que la anarquía nos coquetea en muchos aspectos, sin embargo, no queremos caer en ella y exigimos contundencia en el ejercicio de la autoridad legítima ante los desmanes de las llamadas protestas sociales. Me parece que los Estados tienden a debilitarse cada vez más, los gobiernos se parecen en la mediocridad, ni siquiera los partidos políticos nos representan con propiedad. De esta manera la idea del ciudadano universal seguirá siendo una quimera, una utopía. La ciudadanización del ciudadano en sentido estricto podría ser un gran experimento universal.

    Muchas gracias, Doctor Néstor Hernando, mis deseos por su bienestar y ojalá el dron del pensamiento permanezca siempre activo. Leerlo a usted es tanto una delicia intelectual como una oportunidad de nuevos aprendizajes. Hasta pronto.

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    1. Gracias apreciado Profesor y amigo por tus buenos deseos por mi bienestar y por los sesudos comentarios al artículo del dron.
      De manera especial, resalto su rechazo a «convertirnos en masa» en cuanto «somos -cada uno- un universo de ideas, percepciones… distintos». Así nos ha hecho la naturaleza. Colectivizar a los ciudadanos va en contravía de la realidad histórica. Se puede colectivizar la economía, la política, pero no al ciudadano.
      «La ciudadanización del ciudadano en sentido estricto podría ser un gran experimento universal», !qué buena propuesta!. Sería darle más arraigo a su terruño, a su espacio físico poblado por ciudadanos respecto a su cultura, religión, valores éticos. Sin perjuicio de que en el espacio cibernético interactúen.
      Un fuerte abrazo.

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