“Todo depende de la medida en que la organización de las Naciones Unidas pueda responder, reinventándose, a las iniciativas que se tomen más allá de sus fronteras. Si fracasa en hacerlo será eludida y marginada. Si aprovecha la provocación como una oportunidad puede cambiar gradualmente y convertirse en una parte vital de los nuevos acuerdos para la gobernanza global.”
Roberto Mangabeira Unger

Al terminar la segunda guerra mundial (1945) y la guerra fría (1991) se dieron oportunidades de establecer un nuevo orden internacional con miras a mantener la paz. En el primer caso esa misión se encomendó a las Naciones Unidas y en el segundo la asumió Estados Unidos de América, cuando se llegó a publicar y difundir que era el fin de la Historia. Sin embargo, ni la ONU ni EU han podido lograr ese noble objetivo.
Con relación a la ONU, sus órganos son la Asamblea General integrada por todos los miembros, en la que cada uno tiene igual derecho a voto sin tener en consideración ningún aspecto económico o demográfico, y el Consejo de Seguridad integrado por cinco miembros permanentes, los que ganaron la guerra (Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Francia y China, más 10 con representación geográfica -5 de Asia y África, uno de los países europeos orientales, uno de América Latina y dos entre las naciones de Europa Occidental y otros estados. Las decisiones requieren de la aprobación de al menos 9, entre ellos la totalidad de los cinco permanentes. Ese poder de veto es el que ha paralizado el poder del Consejo.
Por su parte, la vigencia del “poder único” de EU fue fugaz, pronto emergieron contestatarios entre los que hoy el más potente e indiscutible retador es China que en 30 años ha pasado de ser un país pobre a ser un país altamente industrializado, primera potencia comercial, con formidables avances tecnológicos y militares, así como en la conquista del espacio ultraterrestre.
La guerra de invasión de Rusia a Ucrania, comenzando por Crimea y zonas prorrusas (2014) y la reciente (2022) a la zona oriental del Dombass (así como la guerra interna de Sudán) han puesto otra vez en evidencia la ineficacia, la inoperancia, de las Naciones Unidas.
El reconocido filósofo brasilero y profesor de la Universidad de Harvard Roberto Mangabeira Unger, autor de más de dos decenas de libros, publicó a comienzos de 2022 un pequeño y denso libro, Governing the World without World Government (Verso) en el que, fiel a su tradicional apertura a la experimentación en la teoría social, presenta la propuesta de un sistema alternativo al caos global que hoy tiene al mundo sumido en la incertidumbre y a las puertas de una tercera guerra mundial con la amenaza del empleo de armas nucleares.
Tal como él mismo lo afirma, su propósito es explorar cómo “la soberanía de los estados continúa prevaleciendo sobre los órganos supranacionales que persiguen el establecimiento de un orden mundial”. Además, recalca que no hay que confundir gobernanza global con globalismo.
Desde el punto de vista histórico y filosófico, nos recuerda los tres modelos ensayados en los dos últimos siglos en busca de lograr el concierto de las grandes potencias:
1) El de Metternich que se basa en el orden frente s las amenazas de subversión. Auspicia la estabilidad y la legitimidad, rechaza la revolución.
2) El de Wilson que persigue la universalización de los valores e instituciones de autodeterminación nacional, visto como el instrumento de propagación de los valores e instituciones estrechamente identificados por las grandes potencias -o el gran poder- que soportan el sistema de estados nacionales. Propicia el derecho y las organizaciones internacionales, concibe las guerras como cruzadas ideológicas.
3) El de Bismark que tiene como misión impedir la consolidación de una hegemonía mediante la guerra. Se posiciona “entre la fuerza (guerra o amenaza de guerra) y la ley (anclada en la ideología)”.
Es con base en este último modelo que Mangabeira Unger hace tres propuestas basadas en la rivalidad entre las grandes potencias y bajo el supuesto de que existe voluntad política.
- La primera, “entente”, tiene como objetivo “explorar la aceptación de cada gran potencia de sus intereses vitales de seguridad y trabajar para garantizarlos, en la medida en que sean legítimos y compatibles con el derecho internacional y susceptibles de reconciliación con el interés vital de seguridad de su rival”. Es el modelo que ha fracasado en el sistema de Naciones Unidas.
- La segunda se refiere a la unión entre varios estados para impedir el uso de la fuerza y evitar una guerra mundial lo cual es más posible que florezca en un escenario en el que diferentes estados trabajan juntos y que solos no podrían resolver. (En mi primera experiencia en Naciones Unidas hace más de 50 años, recuerdo el Grupo de los No Alineados, denominado entonces el Grupo de los 77, surgido en los años sesenta en busca de garantizar la paz mundial, no tomar partido en la Guerra Fría, propiciar la descolonización y combatir el racismo. Hoy subsiste con la adhesión de alrededor de 120 países).
- La tercera, la más importante en el momento que vivimos, muestra la confrontación entre Estados Unidos y China, (que en otra reflexión en esta página web analicé comparándola con las guerras del Peloponeso del siglo V a. c. que describe Tucídides, el primer historiador científico) división pródiga en socios comerciales, aunque no incondicionales en el campo político, sustentada en avances tecnológicos, particularmente por la potencia oriental. Aunque, “el sistema político autoritario de China y el temor al conflicto interno como presagio de la anarquía y la debilidad nacional inhiben su reforma interna”.
Para cumplir la misión de gobernanza mundial es indispensable contar con la voluntad política de diferentes estados mediante una coalición de voluntades a partir de iniciativas innovadoras de un grupo de estados en busca del máximo de participantes. “La mayoría de estas iniciativas están circunscritas dentro de dos polos del espectro: ley transnacional y la puesta en acción.”
El autor describe variantes de coalición de voluntades:
- Coaliciones de propósito especial. Como el Acuerdo entre India y Francia en la reunión de 2015 en el marco de las sesiones del G20. Una forma de reforzarlas es vinculando a las ONG, universidades, iglesias, fundaciones y otras formas de asociaciones civiles (tercer sector) con el propósito de que las complementen,
- Coaliciones de estados similares: G7, grupo liderado por USA para hacer frente a riesgos globales tales como inestabilidad financiera, cambio climático y terrorismo internacional; G20 instrumento de la OTAN más Japón y Australia. Es posible que más adelante sustituya al G-7; BRICS, una especie de contraparte del G7 en el que China en los últimos años desafía el liderazgo mundial de USA. Es un grupo diverso: dos con grandes poderes militares, tres vibrantes democracias y dos autocracias.
- Coaliciones regionales. UNASUR, UNIÓN AFRICANA, ORGANIZACIÓN DE ESTADOS ÁRABES, la moribunda UNIÓN SURAMERICANA. El mejor ejemplo: la UNIÓN EUROPEA que ha llegado a ser más que una unión regional, un modelo para la “otra globalización” que busca el resto del mundo.
En cuanto a cómo organizar coaliciones de estados, Tangabeira Unger afirma que no hay un modelo a seguir: en la medida en que sea más fuerte menos se requiere la unanimidad o dar a alguno el poder de veto. Este tipo de consenso lo define como una “supermayoría” o una preponderancia de opinión.
Agrega que a través de paneles de conciliación se pueden resolver diferencias, a la manera de que como se conoce en algunos países con un sistema legislativo bicameral.
En cuanto a la financiación y administración de las coaliciones de estado, asevera que demanda pocos recursos “por cuanto se apoyan en una actividad mental, sustentada por una red mundial de las principales academias legales y cuerpos judiciales, como por ejemplo la Corte Internacional de Justicia”.
Con fundamento en los análisis expuestos, el profesor describe lo que denomina Sistema Alternativo de las Naciones Unidas que podría instaurarse gradualmente.
En un primer paso propone crear el Consejo de Estados o Consejo de las Partes (Counsel of Parrties) que considera ya probado tal como puede confirmarse con el Acuerdo de Paris sobre cambio climático (2015) y el Acuerdo de Glasgow (2021.
En un segundo paso se conformarían el Consejo de Regiones y el Consejo de Organizaciones Interestatales (v.g. G7, G20, BRICS).
En el siguiente, tercer, paso se procedería a reformar el Consejo de Seguridad tal y como se ha analizado en la coalición informal de voluntades arriba descrito en la que, reconociendo la realidad actual las dos grandes potencia, Estados Unidos y China, tendrían asiento por derecho propio, junto con otras potencias elegidas por el Consejo de Regiones y confirmado por la Asamblea General. . Desaparecería el veto y se adoptaría un sistema de votación de “supermayorías”.
Este sistema alternativo de colación de voluntades tendría como gran propósito crear bienes públicos globales en el sentido con que Hugo Grotius habló del mare liberum, donde todos los seres humanos puedan disfrutar de su vida de forma pacífica en el que “no es necesario ningún tipo de gobierno mundial para gobernarse”.
Valencia, 28 de abril de 2023
Muy interesante y casi un reto para la capacidad de análisis de quienes pueden tener voz y voto para aproximar una plausible solución a la situación mundial actual. No obstante, me atrevo a opinar. La voz y voto no se refiere a los Estados actuales, sería la repetición de la repetidera como diríamos coloquialmente. Los políticos tienen su mente invadida tóxicamente por las ideologías imperantes; los científicos trabajarían al mejor postor; los intelectuales también tienen su inclinación por este o aquel imaginario político; la Iglesia no tiene argumentación. ¿Entones quiénes serían los más «libres de espíritu» para aproximar las conclusiones menos dañinas y menos contaminadas y realmente viables?, esa es la cuestión. El mundo ya ha probado muchas fórmulas, ninguna ha servido porque quienes tienen la responsabilidad de hacerlas servir no lo han hecho, ¿por qué? Quizás nunca han sido puestas a prueba por miedo, por sumisión, por pretender quedar bien con todos, por intereses económicos, no sé. Naciones Unidas es un fracaso con edificio propio y banderas en todas partes. Los demás organismos internacionales tampoco han acertado y terminan inclinados hacia el lado de los más poderosos. La ONU es un gastadero de plata inútil, la OEA también y así todos esos organismos que son reductos de burocracia improductiva y estéril en ideas. Quizás la llamada sociedad civil pudiera jugar un papel que sea de buen recibo por la gente del globo. Mientras tanto la guerra sigue amenazante y las naciones se hunden progresivamente en el averno de la política gamonalista y partidista, de las ideologías en pugna, los suprematismos de los funestos personajes gobernantes de turno, de la hipocresía y la mediocridad rampante que todo lo dañan, que no quieren esa nombrada gobernanza ni nacional ni internacional. A lo mejor, ni la entienden, aunque suena bonito.
Muchas gracias, Doctor Néstor Hernando, por compartir sus atinados planteamientos y propiciar los análisis por parte de sus lectores. Bienestar para usted, hasta pronto.
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Gracias a usted, apreciado profesor Bonil, por sus comentarios que, como de costumbre, enriquecen mis reflexiones. Del libro de Mangabeira Unger cabe resaltar que presenta un «sistema alternativo» al de Naciones Unidas, probadamente ineficaz. Su propuesta está basada en el concierto de voluntades en diversas formas. Además, tiene la ventaja que parte de un hecho real, que marca la tendencia, la confrontación muy bien planificada que China hace a Estados Unidos., dos potencias nucleares que buscan aliados para reforzar su flanco. Guerra con un final anunciado cual es la destrucción de gran parte de la humanidad. De allí que el reto es buscar fórmulas, vías, medios para coadministrar el mundo.
Cierto, no es tarea fácil que demanda actores frescos, innovadores, creativos y con gran poder de liderazgo.
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De Raúl Espejo
Gracias Nestor Hernando por tus claras reflexiones. Pienso que para una gobernanza mundial sin un gobierno mundial es necesario estructurar los problemas globales desde las perspectivas de aquellos que los están sufriendo y buscar formas de reconocerlos coordinadamente en la practica tomando en cuenta recursos e intereses comunes mas allá de instituciones globales que solo ofrecen platitudes aceptables por aquellos que están sentados en las mesas de poder, sin adecuada conexión a los recursos disponibles y al sufrimiento de aquellos mas afectados. Mas allá de discursos bonitos y disposiciones positivas es fundamental apoyar procesos de coordinación, estructuración y fortalecimiento mutuo!
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