LOS CLAROSCUROS DE LOS DERECHOS HUMANOS EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Néstor-Hernando Parra

«Diplomáticos, tradiciones y documentos latinoamericanos tuvieron una influencia profunda tanto en la decisión de incluir la protección de los derechos humanos entre los propósitos de la ONU como en el contenido de la Declaración Universal, por lo que es justo referirse a América Latina como el crisol olvidado de la idea universal de los derechos humanos». [1]

Las noticias del día a día reflejan la constante violación de los derechos humanos en América Latina, incluso por parte de los estados; un ejemplo reciente: el encarcelamiento de opositores al régimen dictatorial de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo en Nicaragua a quienes ha liberado después de varios meses de presión internacional, aunque los ha desterrado y convertido en apátridas al quitarles la nacionalidad. Al día siguiente, hizo lo mismo con cerca de cien opositores, incluido Sergio Ramírez, el famoso escritor y compañero de Ortega en la Revolución Sandinista de los setenta. Otro: la inicua encarcelación de mujeres en El Salvador por haber abortado así haya sido de forma natural. Los ejemplos abundan.

Esa gota a gota informativa desdibuja el papel que ALC ha jugado histórica, política y jurídicamente en la concepción y expedición de normas relacionadas con el derecho a la dignidad de todo ser humano, indispensables para vivir de forma decente en comunidad. Derechos fundamentales por cuanto tienden a garantizar la subsistencia y seguridad física.

Como bien lo sabemos, pero también lo olvidamos, fue Bartolomé de las Casas quien desde 1502 y mediados del siglo XVI, hizo varios viajes a las Indias (y en el entretanto completó su formación como fraile en España) donde verificó y dejó constancia en sus crónicas de las injusticias de los conquistadores con los aborígenes, exterminándolos, expulsándolos de sus tierras, tratándolos y explotándolos como bestias.

Sus reclamos ante la Corona del Imperio fueron en vano, si bien abrió brecha para expedir normas paliativas que permitieron poner bajo la ley la explotación mediante las figuras jurídicas, consagradas en la Ley de Burgos (1512), de la “encomienda y las reparticiones”, que él denominó tiránica, usurpadora y que pone a sus ejecutores bajo pecado mortal. En síntesis, se trataba de asignar desde la Corona tierras y aborígenes para su explotación y, para darle un barniz de consuelo, requirió que un sacerdote católico debía estar al frente de cada una.

Dando un gran salto historiográfico, otra referencia obligada es la inclusión en la Constitución de México de 1917 -expedida después de la dictadura de Porfirio Diaz- de lo que se conoce como derechos sociales por los que el pueblo luchó durante la Revolución Mexicana iniciada en 1910. Un hito mundial. Sin olvidar, que Costa Rica fue el primer país del mundo que consagró en la Constitución, expedida el 9 de abril de 1844. como “deber sagrado del gobierno poner todos los medios que estén a su alcance para ilustrar al Pueblo”-Título IX. De la Educación Pública, Artículo 180- Y en el siguiente determina que: “La ilustración es un derecho de los costarricenses, y el Estado la garantiza en todos conceptos, por medio de disposiciones legales”.

Antes de la creación de la ONU, por los años 40 del siglo pasado, varios representantes de países de la región participaron en la redacción de la normatividad sobre la materia. En la Conferencia Interamericana de 1938 se aprobó la “Declaración en Defensa de los Derechos Humanos” y en la Conferencia de San Francisco de 1945, veinte de los cincuenta países representados eran de ALC quienes de forma armónica trabajaron por la inclusión de los derechos humanos en la Carta de la ONU.

El libro de Sonia Cárdenas y  Rebecca Root, titulado.” Human Rights in Latin America” publicado el año pasado por la Editorial de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, aporta valiosas referencias al tema e incluye una extensa bibliografía, así como una amplia filmografía.Originalmente, en 2010 Cárdenas había publicado un texto didáctico a nivel de pregrado. Ahora, junto con Root, amplía la visión de los derechos humanos en Latinoamérica.

Quienes hemos vivido el proceso de la incorporación de los derechos humanos a la normatividad constitucional de los países latinoamericanos y seguido sus continuas violaciones en el día a día, nos deja la impresión de que la historia de los derechos humanos en la región es la historia de América Latina desde La Conquista por España, Francia y Portugal hasta la fecha, así como por Estados Unidos de América a partir de finales del siglo XIX, y en los últimos años por China que ha exportado vía Venezuela el modelo de “autoritarismo digital” y organizado seminarios didácticos.  

Las autoras exaltan  los aportes que ALC ha hecho en el campo de los derechos humanos: citan a Simón Bolívar en su lucha de liberación de cinco repúblicas; la Conferencia Interamericana (1938) que aprobó la “Declaración en Defensa de los Derechos Humanos”; al chileno Hernán Santa Cruz, uno de los tres redactores del documento final de la ONU (1948) junto con Eleanor Roosevelt; y destacan que el representante de la República Dominicana fue quien propuso incorporar en el Preámbulo la precisión de que los derechos humanos incluyen tanto a hombres como a mujeres.

En ALC se vivieron los efectos de la política anticomunista durante la Guerra Fría y la consiguiente doctrina de la seguridad nacional y el enemigo interno, lo que fortaleció el papel de los militares hasta el punto de que hay quienes, hoy en día, hablan de la república militar o la democracia militarizada o como el “cuarto poder” y sus excesos con la consiguiente violación de derechos humanos, época que gobernantes como Bolsonaro en Brasil han añorado e intentado revivir.  

Por su parte, el Consenso de Washington impuso la ideología económica del neoliberalismo que ahondó la desigualdad social y económica. En esa misma dirección han incidido discriminaciones basadas en el racismo (como el genocidio de la población indígena en Guatemala), el sexismo (recordar el rosario de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, México), las personas transgénero y el partidismo político campos en los que abundan los ejemplos.

Los clérigos opuestos al régimen también han sido víctimas de la represión. Entre los casos más conocidos destaca el del arzobispo de El Salvador Oscar Romero quien desde el púlpito y una emisora de radio predicaba contra el régimen y al final de una misa fue asesinado en 1980. En Guatemala, en 1998, el obispo Juan José Gerardi, que presidía la Comisión de la Verdad, también fue asesinado tras la presentación del informe final.

La masacre de Tlatelolco (Ciudad de México,1968) en la que murieron cientos de estudiantes; la insurgencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Chiapas,1994) como protesta por la muerte de cientos de mujeres indígenas; y la desaparición de varias decenas de estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa (2014) en la que todo indica que el horrendo crimen fue cometido por la policía son hitos que han manchado la historia contemporánea de los derechos humanos de México.

Así sea la región con mayor desigualdad socioeconómica del mundo, ALC, continúa impulsando la  extensión de los derechos humanos a nivel mundial mediante la adopción de sistemas innovadores como los  de justicia transicional y las comisiones tendientes a que las víctimas sean parte del proceso de reconciliación con derecho a conocer  la verdad, obtener la reparación y la garantía de no repetición por los actores, tal y como sucedió en Argentina en la denominada “Nunca Más”, también en  El Salvador cuya comisión fue presidida por el expresidente colombiano Belisario Betancur (1991),  en Guatemala, “Memoria del Silencio), en Chile (Comisión Rettig, 1900-1991 y Comisión Valech, 2003-2004)  y recientemente en Colombia (2022).  

Varios de estos antecedentes y la persistente impunidad sirvieron como fundamento para la creación por la Asamblea General de la ONU en 1997 de la Corte Penal Internacional que en julio del año siguiente se convirtió en el Tratado de Roma. Por su parte, ALC ha construido un sistema conformado por instituciones tendientes a proteger los derechos humanos: la Declaración Americana de los Derechos y Deberes de la persona (Bogotá, OEA 1948); la Convención Americana sobre Derechos Humanos (San José de Costa Rica, 22 de noviembre de 1959), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).

Este sistema se complementa con el funcionamiento de delegaciones de organismos de la ONU.  ACNUR, por ejemplo, se ha encargado de dar asistencia humanitaria a desplazados y refugiados de Colombia y Venezuela con una cobertura que asciende a millones de personas. También a emigrantes de países centroamericanos que intentan cruzar el Río Bravo por lo que Estados Unidos sigue construyendo el muro a través de la frontera con México. Y dando un tratamiento inhumano a quienes logran detener después de ingresar a su territorio, incluidos los niños que son separados de sus padres.

Las oenegés igualmente desempeñan una función importante en la vigilancia de la violación de derechos humanos. En cada país hay cientos y miles de este tipo de organizaciones no gubernamentales, reguladas internamente. A nivel mundial y regional tienen una amplia influencia Human Rights Watch y Amnistía Internacional.   

El trabajo de los menores de edad (15 años según OIT) es una práctica generalizada en la región. Las redes de narcotraficantes los secuestran o seducen -principalmente a niñas- para incorporarlos a sus columnas alzadas en armas. Las guerrillas y el narcotráfico engrosan sus filas en su actividad criminal con menores de edad de ambos sexos tanto en el área rural como en la red urbana del microtráfico o como informantes.

Las cárceles en ALC, antes que un centro de regeneración son más un centro de “especialización” en delincuencia. Los reclusos son víctimas de la violación de derechos humanos, comenzando por el hacinamiento lo que genera protestas y alzamientos que en muchos casos terminan con decenas y hasta cientos de muertos. En Brasil “se encuentran las cárceles más superpobladas, peligrosas y sombrías del mundo…tiene la tercera población carcelaria más grande del mundo después de China y Estados Unidos”.

Caso aparte es Cuba. A raíz de la Revolución (1959), el Comandante Fidel Castro estableció el comunismo convirtiendo a Rusia en su protector económico y militar tal y como quedó demostrado con la crisis de los misiles de octubre de 1962 y con el tratamiento especial en el comercio del azúcar con miras a compensar el embargo que desde entonces sufre Cuba por parte de Estados Unidos sin que haya sido posible levantarlo a pesar de que año tras año en las respectivas asambleas generales de la ONU sólo tres o cuatro países, de doscientos, votan en contra.    

El régimen venezolano instaurado por Chávez y su política internacional de petróleo fue el salvavidas de Cuba, aunque durante el último decenio, bajo Maduro la crisis interna de Venezuela ha disminuido de forma radical el eslabón de solidaridad entre los dos países, lo que ha provocado un régimen de racionamiento extremo de alimentos dando lugar a protestas de sus pobladores que son encarcelados. De allí surgió el grupo “Damas de blanco” en clara referencia a las “Madres de Argentina” que, a pesar de la represión, persiste en su propósito. Similar organización se ha dado en Colombia con el grupo denominado “Las Madres de los falsos positivos de Soacha y Bogotá -MAFAPO” que claman justicia a nombre de más de seis mil jóvenes inocentes que fueron asesinados, según lo revela el Informe Final de la Comisión de la Verdad (2022) que presidió el jesuita Francisco De Roux.

Al revisar el balance socioeconómico de los tres primeros decenios del castrismo -hasta cuando la URSS se disolvió- se puede apreciar que la esperanza de vida es más larga y la mortalidad infantil es más baja en la Isla frente a los demás países de ALC. Incluso en comparación con Estados Unidos en cuanto al derecho a la salud. Una de las políticas de Fidel fue “exportar” la revolución con contingentes armados, incluso a África (Angola) y también con el envío de profesores y médicos como servidores del estado cubano.

En un repaso de ALC por país, además de Cuba, Brasil, Haití y Cuba son casos a los que las autoras dan especial atención. Los tres tienen un alto porcentaje de población negra, Brasil es el “de mayor población afrodescendiente del mundo fuera de África” (45% aproximadamente) consecuencia de que “el número de esclavos africanos traídos a Brasil (5.5 millones)” es once veces mayor que el llevado a Estados Unidos.

En cuanto al medio ambiente, no se puede olvidar que ALC alberga el 40% de biodiversidad del mundo, y Brasil la mayor parte de la Amazonia, el llamado pulmón del mundo, aunque también a los explotadores ilegales de maderas que además exterminan a pequeños grupos indígenas que han vivido al margen del proceso civilizatorio universal. La riqueza hidrográfica de Brasil ha facilitado que el 80% de la energía provenga del agua.  

La población indígena es inferior al 10% en toda la región. La mayoría reside en Bolivia, Perú, Guatemala y México, mitad en áreas urbanas lo que ha permitido que los niños indígenas reciban educación, aunque, al no haber un sistema bilingüe, pierden su lengua y su cultura.  

Otro campo en que ALC destaca es el relacionado con la libertad de prensa si bien cabe excluir a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Aunque, irónicamente, también en cuanto al número de periodistas asesinados. Similar registro muestra las estadísticas respectos defensores del medio ambiente y de grupos aborígenes, y también a excombatientes reinsertados a la vida civil.

Volviendo al tema como un todo, es preciso tener en cuenta que los derechos humanos florecen bajo sistemas democráticos, no en regímenes autocráticos, así que gran parte de la población mundial está excluido de sus beneficios. Donde hay tonalidades democráticas existen otros factores negativos tales como la desigualdad, la pobreza y la impunidad.

Al hacer un balance en ALC los avances son esperanzadores y “los mecanismos regionales se encuentran entre los más fuertes del mundo”[2].«Su poder no proviene del terror sino de una nueva cepa de esperanza resistente al terror, una tan sólida que puede echar raíces en medio de la guerra civil aparentemente desesperada de Colombia. Y si puede crecer allí, puede echar raíces en cualquier lugar».[3]

Sin embargo, el deterioro de la globalización y de la democracia sumado a la creciente rivalidad entre Oriente y Occidente, el enfrentamiento interno entre la población promovido por el neopopulismo al estilo Trump o Bolsonaro, así como la tendencia de sectores de izquierda a decantarse por líderes mesiánicos y autoritarios lleva a pensar que la vigencia de los derechos humanos en ALC -y en el mundo- es más que incierta.

Valencia, 14 de marzo de 2023


[1] Ann Glendon, “The Forgotten Crucible: The Latin American Influence on the Universal Human Rights Idea,” Harvard Human Rights Journal 16 (Spring 2003): 27.

[2] Ibidem

[3] De la periodista canadiense Naomi Klein, citada por las autoras del libro en comento.

4 respuestas a “LOS CLAROSCUROS DE LOS DERECHOS HUMANOS EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

  1. Magnífica nota histórica sobre la implantación y la evolución de los DH en nuestros territorios de ALC. El panorama aunque crítico no es desolador, excepto en el caso patológico políticamente de Nicaragua y otros no patológicos, pero sí graves, como el de Venezuela. Los organismos internacionales y regionales no alcanzan a cubrir semejante problema, su dimensión humana e impacto socioeconómico sobrepasan cualquier esfuerzo y entre las naciones no hay consenso sobre su eficiente y eficaz tratamiento. Además, hay funcionarios asigados a ciertos cargos en dicha dirección que ignoran mucho de la historia y alcance del problema y su vocación de servicio es deficiente. Pareciera que el problema grave del desplazamiento no ha sido adecuadamente atendido, hay más lejanía de las políticas y entidades públicas que cercanía, se van convirtiendo en paisaje. Ojalá las nuevas generaciones asistan a escenarios nacionales y regionales más alagadores y los nuevos funcionarios hagan inmersión en tales problemas para erradicarlos de la vida nacional y no desperdiciar recursos en acciones aisladas e ineficaces. La justicia recta y correcta juega un papel clave en estas cosas, erradicando la corrupción y la impunidad que siguen campantes y rampantes.
    Muchas gracias, Doctor Néstor Hernando, sigo deseando su bienestar.

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    1. Apreciado Profesor y amigo: Gracias por sus buenos deseos y por los comentarios al artículo sobre DH en ALC.
      En cuanto a las nuevas generaciones -y las actuales- es fundamental que se ofrezca educación -más que divulgación o información- en derechos humanos en todos los niveles, comenzando desde la guardería y la primaria por cuanto se trata de infundir valores: dignidad, igualdad y solidaridad.

      En cuanto al futuro, no soy optimista, asechan muchas amenazas globales que tienden a imponer sistemas no democráticos -iliberal, dictatorial y autocrático- que abiertamente desconocen los derechos humanos.

      El Nuevo Orden Internacional -otro más- pasa por imponerse mediante guerras en las que se pone en riesgo el derecho más elemental, el de la vida. Por ejemplo, la invasión de Putin a Ucrania.

      En el mejor de los casos no veo que los DD. HH. logran ser UNIVERSALES.

      Afectuoso saludo.

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  2. Gracias por esta nueva entrada, mi querido amigo Néstor. El tema es inmenso en su contemporaneidad, así que si pretendemos abarcar los siglos transcurridos desde la llegada de los europeos la cosa exigiría páginas y más páginas.
    Si nos ceñimos a lo que se refiere al grado de cumplimiento de los DDHH en el tiempo reciente, acotando mucho más el objeto de estudio, me resulta prácticamente imposible ser optimista.
    América Latina es la región más injustamente desigual y también la más violenta (medida en homicidios por 100.000 habitantes según ONU) del planeta. Dos variables que constituyen en si mismas un obstáculo insalvable para la vigencia plena de la doctrina de DDHH.
    En un terreno particular, como pueda ser la Nicaragua actual, hablar de DDHH suena a un juego macabro controlado por el tándem Ortega-Murillo, dos personajes tan siniestros como anacrónicos. Pero ¿qué decir de la Cuba actual, de la que todo el que puede huir lo hace no importa por dónde o con qué medios? Hablar de DDHH en Cuba o en Venezuela es, también, una broma macabra. Además, ¿qué decir de la actual situación del Perú, o de toda Centroamérica, o de la violencia endémica mexicana? ¿Saldrá Brasil del túnel siniestro de los años de Bolsonaro?
    No tengo ánimo de ser exhausitvo, y aunque en en tu penúltimo párrafo hablas de esperanza, me siento más próximo a lo que has escrito en el que cierra el texto: «el deterioro de la globalización y de la democracia sumado a la creciente rivalidad entre Oriente y Occidente, el enfrentamiento interno entre la población promovido por el neopopulismo al estilo Trump o Bolsonaro, así como la tendencia de sectores de izquierda a decantarse por líderes mesiánicos y autoritarios lleva a pensar que la vigencia de los derechos humanos en ALC -y en el mundo- es más que incierta».
    Así es. No solo en América Latina vivimos una situación de incertidumbre por lo que hace a la vigencia de los DDHH, peró los índices de pobreza y pobreza extrema (adosados a escenarios de opulencia) y los datos terribles de violencia en aquellos países (ligados a la industria del crimen en general y al narcotráfico en particular) son dos elementos que me abocan al pesimismo.

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