Néstor-Hernando Parra
“En vista de la devastación que la guerra nuclear hacía posible, entre la élite política y la abrumadora mayoría de la población se extendió la idea de que, en esencia, los conflictos internacionales solo pueden solucionarse mediante la diplomacia y las sanciones, y que, en caso de estallido de un conflicto militar, este debe resolverse cuanto antes, ya que el peligro difícilmente calculable que conlleva la amenaza de la utilización de armas de destrucción masiva implica que es humanamente imposible poner fin a la guerra con una victoria o una derrota en sentido tradicional.”
Jürgen Habermas[1]
Esta palabra, los estadistas, ya no se lee ni se escribe. Es posible que haya quienes la confundan con estadísticos, es decir, profesionales que se dedican al estudio de los datos cuantitativos de la población, de los recursos naturales e industriales, del tráfico o de cualquier otra manifestación de las sociedades humanas” según la RAE. Quizás ignoren que, según la misma fuente, son “personas con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado”. Saber y experiencia palabras que no riman hoy con la realidad política, actividad en la que han venido desapareciendo las ideologías y los partidos y han abierto paso para gobernar al inexperto, al enajenado por la megalomanía, el mesianismo, las ansias de poder, que ignora el respeto a los derechos humanos, comenzando por el de la vida. Actividad en la que juega el experto en comunicaciones falsas, el payaso, el maromero, el titiritero y el muñeco que este maneja. Características que muy posiblemente cada lector puede personificar en su país.
El estadista requiere una vocación especial hacia el servicio del bien común, conocer los problemas estructurales de la sociedad en la que actúa, diseñar y planificar programas y proyectos a largo, medio y corto plazo, debidamente encadenados con miras a forjar una sociedad próspera, menos injusta, menos inequitativa, en la que reine la paz y la concordia. Y, lo más importante, tomar decisiones a tiempo. Toda una tarea revolucionaria en la que hay que armonizar el contexto social, económico y político interno con el global.
El Estado Democrático surgió con claras funciones asignadas a cada uno de los tres poderes, y más adelante, el Estado Social de Derecho caracterizado por la asunción de funciones sociales básicas, solidarias e igualitarias, una economía mixta, pública y privada, unida a una maquinaria de Estado capaz de tomar decisiones, y una organización eficiente en su ejecución y vigilancia. Como puede apreciarse, el estadista surge donde la democracia es el sistema imperante. No cabe imaginarlo en una autocracia.
La escasez de estadistas es ampliamente notoria en los países en vías de desarrollo donde prevalece la confrontación a muerte -literalmente- entre la población dividida por capataces electorales que recurren a recaudar fondos y a comprar votos a los pobres, quienes ni ofrecen ni tienen poder para adquirir algo, una fobia similar a la racista, que la filósofa valenciana Adela Cortina llamó aporofobia y luego la RAE la oficializó. Todo lo contrario, al generoso comerciante a quien, en tiempos de Buda, le dieron por nombre Anathapindika que significa “aquel que ayuda a los desposeídos”. [2]
El sistema electoral de un país debidamente organizado y aceptado por los ciudadanos es, en últimas, el que define -facilita- la asignación del poder político. Desafortunadamente, la actividad política tiende cada día más a ejercerse como negocio en el que la “inversión” se recupera de sobra con las comisiones de los contratos de entidades del Estado otorgados a compadres y amigos de parlamentarios o gobernantes. De esa forma, la corrupción se “democratiza” en cuanto se extiende a todos los niveles de la administración pública, destruye el Estado de Derecho y recorta los recursos públicos disponibles.
Hay un caso ampliamente conocido y estudiado: el que se produjo cuando se desmanteló la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS, y las grandes empresas que eran del Estado se las apropiaron algunos miembros de la KGB, los que después se conocieron como “nuevos millonarios” que hoy controlan el 90% de la industria rusa y los diez más ricos tienen un patrimonio superior a los doscientos mil millones de euros. Los mismos que hoy apuntalan los delirios zaristas de Vladimir Putin en la invasión a Ucrania -por lo pronto- y su pretensión de ampliar sus fronteras territoriales hasta zonas que en alguna época fueron parte del imperio ruso.
Dentro del esquema de “recuperación” territorial, cabe incluir a Alaska, el 49º estado de los Estados Unidos, que en 1867 compró al imperio ruso por 7.200.000 de dólares. Ese territorio, rico en energía fósil, es también base militar desde la Guerra Fría. La reciente amenaza de Putin a Finlandia y Suecia por la decisión de ingresar a la OTAN confirma la referida estrategia. De allí que los analistas de asuntos internacionales prevean que será una guerra continua que profundizará la división del mundo entre Oriente y Occidente en la que la economía marcará la pauta: por parte de Rusia, la gestión del petróleo, el gas, los fertilizantes, la producción agrícola de trigo y otros cereales como armas bélicas, y por Occidente las sanciones económicas y financieras. Aunque no se prevé un ganador, sino lo contrario, todos perdiendo en cuanto la inflación será global. Sin descartar la tercera guerra mundial en la que las armas nucleares destruirían millones de seres humanos y grandes espacios territoriales quedarían inhabitables.
Amigo millonario ruso que se atreva a criticar la política de Putin corre el peligro de perder “sus” inversiones, tal el caso del banquero Tinkov, quien, según despachos internacionales, tuvo que feriar su inversión bancaria y vive escondido por temor a ser asesinado. Otros, comoMikhail Fridman, Alexei Mordashov y Vladimir Lisin, de forma prudente han intentado dialogar con Putin en busca de frenar las acciones bélicas rusas en Ucrania. Incluso, se rumorea de un posible golpe de estado por cuenta de antiguos miembros de la KGB, es decir, los mismos. La diplomacia es la única posibilidad de calmar las aguas revueltas, pero Putin no ceja en aplicar la violencia e imponer por la fuerza sus planes expansionistas utilizando prácticas definidas como crímenes de guerra que quedan impunes en cuanto ni Rusia, ni los Estados Unidos, ratificaron el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (1998).
Hasta el momento, un balance provisional indica que la estrategia militar de Putin no funcionó como lo esperaba. El pueblo ucranio y su presidente Volodimir Zelenski han resistido y logrado detener la invasión rusa con el apoyo económico y logístico de Occidente hasta el punto de que se han recuperado algunos territorios en el Donbass. De forma sorprendente, la Unión Europea y la OTAN se han fortalecido. En cambio, se ha hecho evidente la ineficacia de la ONU frente a este tipo de conflictos. Por su parte, China ha dejado claro que no va a remolque de la estrategia bélica de Putin y que su programa, a largo plazo, sigue su curso sin comprometerse o enredarse en aventuras ajenas. El presidente Biden, experto conocedor de las relaciones internacionales y de sus principales actores, está en plan de construir una nueva Alianza con doce países orientales a fin de fortalecer la presencia estadounidense en Asia. De todas formas, se prevé un nuevo -otro- orden internacional.
En el siglo pasado, las plazas públicas de ciudades europeas fueron escenarios de grandes manifestaciones políticas presididas por lideres que defendían una ideología: la comunista, la socialista, la nacionalista o la populista, desteñida ésta de dogmas, pero efectiva en crear caos, y agresiva en la persecución de sus adversarios. La segunda guerra mundial- en la que murieron millones de personas, muchas de ellas civiles, -no combatientes- se libró ante la intención de implantar el Partido Nazi -NDDAP, absolutista, racista, presidido por Adolf Hitler, como rechazo a la pretensión de otro grupo de alemanes de hacerse con el poder por medio del partido comunista alemán -KPD, y el socialdemócrata -SPD, que también perseguían concentrar el poder en un círculo , una persona -ya no el monarca de siglos anteriores- dueña del destino del proletariado, sumiso y obediente.
A partir de la revolución bolchevique (1917) se impuso la dictadura de Lenin primero y luego la de Stalin. Ambas ignoraron al pueblo, lo excluyeron, lo persiguieron, lo masacraron y a algunos de sus líderes los enviaron al destierro. Sin embargo, la pretensión de Hitler de invadir Rusia al mismo tiempo que bombardeaba a Londres cada noche, ocupaba gran parte de Francia y otros países de Europa central y países nórdicos, facilitó el entendimiento de la URSS con Estados Unidos y Gran Bretaña: los “aliados”. Winston Churchill, Franklin Delano Roosevelt y el General Charles De Gaulle surgieron como estadistas al convertirse en los líderes de la resistencia y del nuevo orden internacional que se construyó a partir de Bretton Woods (1944) y la creación de la Organización de las Naciones Unidas -ONU (1945).
El triunfo de los “aliados”, en el que en la etapa final también participó Francia, hace 77 años, fue contundente en cuanto gran parte de Alemania -la RFA- pasó a depender de Estados Unidos, si bien fortaleció la estrategia y el régimen de Stalin, lo que dio lugar a un largo periodo de la denominada “Guerra Fría” durante la cual la URSS se consagró a promocionar la ideología comunista en los países subdesarrollados, adicionar territorios mediante revoluciones internas y estimular a las nuevas naciones de África a adoptar el sistema socialista soviético. Cuba y Angola son dos ejemplos. Por su parte, Estados Unidos propagó la doctrina del “enemigo interno” que catapultó al poder a militares que se hicieron dictadores en varios países en vías de desarrollo.
También estimuló la creación de la Unión Europea, iniciada por Alemania y Francia que como un acuerdo comercial, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1951), y en 1949 promovió la suscripción del Tratado del Atlántico del Norte -OTAN, cuyo pilar es la defensa colectiva cuando uno de sus miembros es agredido por un país extranjero. Como respuesta, ya en plena guerra fría, la URSS promovió el Pacto de Varsovia (1955) para unir a países amigos y buscar defender y expandir sus respectivos territorios. A raíz de la caída del Muro de Berlín (1989) y la posterior disolución de la URSS, antiguos estados bajo el dominio soviético adhirieron a la Alianza Atlántica.
Estas conocidas referencias son necesarias por cuanto las nuevas generaciones, particularmente las dos últimas, han concentrado gran parte de su capacidad cognitiva en la tecnología y sus aplicaciones, poco conocen de los estragos de la guerra y mucho menos de los que las propiciaron. La impermanencia producida por los veloces cambios de las TIC y la pérdida de la privacidad de las personas, ahora controladas por un puñado de empresas a nivel global, dificultan las tareas de los gobernantes, además hace casi imposible pensar en estadistas. No obstante, parecería que en estas calendas priman principios y valores, como el sentido de patria, el coraje, saber comunicarse con su pueblo y despertar solidaridad en otros gobernantes. Ese puede ser el caso de Ucrania y su actual presidente.
Dirigir, gestionar un Estado, una nación no es, ni puede ser, responsabilidad de una persona. Un líder, como su etimología lo indica, requiere de colaboradores, especialistas en sus respectivas áreas, asignados por sus conocimientos, experiencias e identidad en cuanto al fin perseguido. Hoy, en “las” democracias se nombran para sumar adhesiones o reconocer la importancia electoral de un grupo político. Lo cualitativo poco importa con tal de que aumente el respaldo de caudillos regionales o de ciertos sectores de la sociedad: empresarios, banqueros, trabajadores, sindicalistas, maestros. En los últimos años también se tiene en cuenta el género ante el avance de la mujer en todos los campos y la raza o etnias en países donde las no blancas han sido ignoradas y maltratadas en diversas formas. En ese ejercicio, se pierde el fin, el propósito de abocar los diversos problemas de la sociedad.
Al llegar al final de esta reflexión, el tema del estadista, tal y como lo he descrito se da en un espacio territorial amplio, nacional o global. Sin embargo, me atrevo a proponer que se estudie en el marco de lo local siempre y cuando la estructura del Estado sea descentralizada y dote a los municipios de autonomía, recursos y funciones específicas. Los habitantes que viven en esos espacios conocen muy bien sus recursos, sus problemas, sus necesidades y la forma de solucionarlos. Además, conviven con quienes los gobiernan. Una miríada de estadistas locales puede transformar una nación, una región, si trabajan con los mismos principios y valores que conciten la participación solidaria y eficaz de los ciudadanos. En la busca de ese propósito hay un amplio espacio para las universidades que pueden colaborar realizando investigación, asesoría y docencia puntual.
Valencia, 31 de mayo de 2022
[1] El País. Ideas. 7 de mayo de 2022
[2] Thich Nath Hanh. “El arte de vivir”. Urano. 2018
Doctor Néstor Hernando, magnífico ver y sentir nuevamente el Dron del Pensamiento en pleno vuelo. Muchas gracias por compartir esta reflexión la cual encuentro muy oportuna y pertinente en estos tiempos que se muestran turbulentos en el escenario del planeta. Nuestro país no escapa de estas turbulencias que conducen sistemáticamente a la creación de ambientes propicios para la anarquía, en el buen sentido político social del término. En Colombia se dice (y es un hecho) que hay ausencia de Estado en muchas o casi todas las regiones (o territorios) de Colombia, asunto nada difícil de mostrar y demostrar. Hay un gran abismo entre gobernantes y gobernados, solo un remedo de comunicación mediante «trinos» y otros artificios que la tecnología ofrece, como las llamadas «redes sociales». Solamente cuando se presentan tragedias naturales los gobernantes acuden a «consolar y embaucar» a la población doliente e indefensa. Esta práctica inveterada de quienes gobiernan suele generar incredulidad y ausencia de confiabilidad, es decir, crisis de gobernabilidad y desazón social. No es exagerado plantearlo así. El estadista tiene visión clara del Estado y asume actitudes inteligentes que provoquen el buen gobierno y el bienestar de la población. Gobernar bien (buen gobierno) implica el sentir a la polis humana, a los sujetos activos de la gobernanza. Los gobernados no somos seres humanos abstractos, somos seres concretos capaces de involucrarnos en procesos de cambio y esforzarnos para que sean exitosos. La cultura del cortoplacismo y del clientelismo nos hace fracasar en estos aspectos. La ausencia de estadistas es favorable para que los gobernantes se conviertan en funambulistas del poder. Hay universidades que contribuyen en la formación de estadistas en sus escuelas de alto gobierno, pero los políticos pareciera que no les interesa educarse y formarse como tales y luego sí postularse como gobernantes. Además, muchos ciudadanos no reparan en esto. Así florecen los gobiernos autoritarios y tiránicos como los casos que se plantean como ejemplos en su magnífico artículo. De nuevo, muchas gracias.
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Gracias, Profesor y amigo, por sus comentarios que complementan mi reciente escrito sobre los Estadistas, de los que resalto el papel que juega el «gobernado» y la oferta de cursos de alto gobierno por universidades. En cuanto al primero, es indudable que el nivel de «educación política» del ciudadano es parte fundamental de la ecuación del «buen gobierno». En cuanto al segundo, lo importante es que quien aspire a dirigir, a gobernar a sus conciudadanos esté en plan de educarse en todos los campos, en todo momento y adoptar principios y valores que lo guíen en su misión de gobernante. En cuanto a mi recomendación relativa a que las universidades investiguen, asesoren y ofrezcan docencia, la enmarcaba en el espacio municipal o regional donde quizás sea posible que también puedan actuar estadistas consagrados al desarrollo integral de sus coterráneos y de los respectivos territorios.
Afectuosos saludos
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Una muy buena reflexión, como siempre, amigo Néstor. Además, engarzada con una apretada síntesis de la historia del siglo XX y un buen análisis de coyuntura.
Coincidimos con Habermas en que es «humanamente imposible poner fin a la guerra con una victoria o una derrota en sentido tradicional», en referencia a lo que está ocurriendo en Ucrania. Cada vez más convertida en una inacabable guerra de desgaste para todos los que estamos siendo afectados, pero especialmente para quienes están poniendo los muertos, ucranianos y jóvenes rusos enviados al matadero que son, han sido y serán las guerras. Todas las malditas guerras.
En cuanto a los estadistas, o a la falta de ellos, o a la añoranza de otros tiempos más fecundos, debo decir que yo también echo a faltar mayor nivel político e intelectual en los dirigentes actuales, tanto más si los comparamos con algunos de los que los precedieron.
No obstante, creo que vivimos a un ritmo tal que el pensamiento estratégico, la reflexión o la pausa no caben en las acciones de gobierno. Todo se transmite en directo en formato mediático, todo ha de ser rotundo, redondo, en los diversos ámbitos gubernamentales. Todo se conjuga al ritmo de las encuestas, de los sondeos o, definitivamente, en las frecuentes y continuas convocatorias electorales. No hay quien resista esa marcha acelerada. Tanto más si nos ubicamos en tiempos tan convulsos como los que conectan sin solución de continuidad crisis econòmica (2007) y sus largas secuelas, pandemia, desequilibrios norte-sur y este-oeste, declive EUA (Trump), ascenso chino a primera potencia casi en todo excepto militar, irrupción bélica de la Rusia de Putin rememorando sueños del pasado, etc., etc., etc.
Tiempos difíciles, sin duda. Tiempos en los que, efectivamente, yo también echo a faltar tallas políticas de mayor porte.
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Apreciado Profesor y amigo Joan: estoy de acuerdo con tus comentarios, la situación actual no ha surgido de repente, es consecuencia de un proceso marcado por la lucha entre Oriente y Occidente, Norte y Sur, en el que la globalización se ha estancado -por falta de una gobernanza global- y los nacionalismos han vuelto a tomar impulso. Lo que sí ha sido una sorpresa es el fortalecimiento de la Unión Europea y de la OTAN. Además, que Europa está consciente de tener que convertirse, a mediano plazo, en potencia militar independiente. Como bien lo subrayas, es triste registrar cómo Putin sacrifica miles de compatriotas y de ucranios jóvenes vestidos y armados como militares. Además, los bombardeos matan indiscriminadamente a miembros de la población civil, incluidos los niños.
A falta de estadistas, dirigentes mesiánicos, como Putin, se empeñan en detener, e incluso echar andar hacia atrás, el reloj de la Historia, no importa el precio en vidas humanas ni el impacto económico en todo el mundo.
Habermas acierta en prever que las guerras no dejarán ganadores, todos seremos -ya estamos siendo- perdedores. La proyección del futuro de los gobernantes actuales no tiene horizonte.
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Fernando Sánchez Torres
Me alegra mucho ver que estás activo intelectualmente. Congratulaciones para ti y tus lectores.
Por supuesto que tus reflexiones han sido de mi interés. Las he leído atentamente. Son ellas una descripción de la realidad política mundial. Hay crisis de líderes estadistas, lo cual es preocupante, sobre todos en los países democráticos, como el nuestro. No tenemos partidos ni quien nos señale el norte a seguir. Vivimos una época de perplejidad, de confusión, de orfandad. El futuro de nuestra Colombia es incierto pues carecemos del ESTADISTA
que necesitamos. Como mi futuro vital no es largo, me iré con el alma arrugada, con dolor de Patria.
Un fuerte abrazo de tu incondicional amigo, Fernando.
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Apreciado Maestro y amigo:
Gracias por leer y comentar mi reciente escrito.
Muy pertinentes tus comentarios. Vivimos en un caos continuo sin que aparezca la nueva creación, el nuevo orden. Del pasado nos queda la añoranza, pues a pesar de las graves deficiencias de nuestra democracia, en ciertos períodos tuvimos partidos e incluso estadistas. Así lo recuerda Augusto Trujillo Muñoz en su columna del 3 de junio en El Espectador: «Lejos están los días de Carlos E. Restrepo y de Concha, De López y de Santos, de Echandía y de Gaitán, de los Lleras y de Belisario Betancur. El país necesita reconstruir unas élites dirigentes con vocación civil y sentido ético, estético y social…»
Se trata de una crisis global, aunque con matices en cuanto la democracia sigue vigente en algunos países pero renqueando.
Desde la distancia, observo que la primera vuelta de las elecciones `presidenciales -el 29 de mayo- se dio sin violencia, lo que es un síntoma que anima a que en el «ballotage» del 19 J suceda en un ambiente seguro. Incluso se habla de que los dos candidatos suscriban un «acuerdo de mínimos, que sería un pactos histórico que podría convertirse en un ejemplo universal» (ATM).
Ojala!
Un fuerte abrazo de tu amigo de siempre.
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Luz Stella Rivero Peña
He leído detenidamente el artículo adjunto de tu autoría, que a todas luces refleja tu conocimiento y claridad acerca de los «personajes» que hoy en día nos rodean en diferentes partes del mundo y que lamentablemente parecen haber perdido la coherencia y la sensatez de lo que entendíamos como «estadistas». Pero de acuerdo con tu recuento, es claro que históricamente el ansia de poder y expansión territorial han ido de la mano en todos los conflictos.
Actualmente, siguen vigentes con un agravante mayor, como es la pérdida o el deterioro de los principios y valores en los sujetos más jóvenes de la población planetaria. Si por allá llueve, por acá no escampa y las confrontaciones ya no están enmarcadas por ideas lógicas y estructuradas, sino lo que prima es la insensatez y las pugnas de poder, que van ganando adeptos incautos y poco interesados en la buena preparación y argumentación de sus gobernantes.
Por lo tanto, creo que por toda esta decadencia a nivel global donde solo vale el que más ruido haga a punta de promesas que no sabrá cómo cumplirlas posteriormente, más las ansias de poder desmedidas y las ganas de llevarse por delante lo que sea, con tal de figurar, no importa cómo, ni de qué manera, pero FIGURAR, hace que nos merezcamos los gobernantes que tenemos, si es que les podemos llamar así, porque definitivamente la generación de «estadistas» parece haberse extinguido.
Aunque no deseo ser fatalista, ni apocalíptica, los sucesos a nivel humano, ambiental, financiero, económico, social, y de salud, no parecen presagiar mejores tiempos en un corto plazo, si colectivamente los habitantes actuales de este planeta, no reflexionamos a cerca de un futuro mejor para todos, sin importar donde estemos.
Por lo tanto, si tienes la aplicación de http://www.gaia.com te recomiendo que veas la entrevista denominada «Liberación desde la Hipnosis Masiva, que le hace Regina Mederith a Nigel Taylor, autor del libro denominado The Power Before Thought, y quien explica de manera muy amena e interesante a mi juicio, como hoy en día, la mayoría vivimos una hipnosis colectiva regida por el miedo y el pesimismo, y cómo humanidad por qué es necesario elevar y mejorar cada día nuestra conciencia colectiva, pues entre más seamos, mejor para todos y para el planeta en esta época de cambio y transformación.
Open Minds
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Apreciada Luz Stella: gracias por los valiosos aportes que haces en tu comentario. Ansias de poder y expansión territorial, al estilo del siglo diecinueve y primera mitad del siglo veinte, explican la lamentable situación en que Putin ha puesto al mundo. Es igualmente impresionante la ausencia de principios y valores éticos en la mayoría de los gobernantes, lo que conlleva a ignorar las víctimas -propias y de otras naciones- que causan. Por ello, con toda razón, presagias tiempos convulsos -caos- lo que hace necesario pensar y actuar de forma colectiva, tarea en la que la tecnología puede ayudarnos.
Leeré con atención el contenido del enlace sobre «Open Minds» pues coincido en que hoy vivimos sometidos al miedo y al pesimismo.
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