¿ES POSIBLE CAMBIAR EL CAPITALISMO?

Néstor-Hernando Parra

“…para cambiar el capitalismo, debemos cambiar las interrelaciones entre el Gobierno, las empresas y la sociedad civil, sobre todo la relación de poder subyacente. Hay varias formas diferentes de capitalismo, y la nuestra es la equivocada…Para disponer de un Gobierno impulsado en mayor medida por propósitos y de una nueva relación entre lo público y lo privado —es decir, el capitalismo— hace falta una nueva economía política basada en la creación conjunta y en la conformación de los mercados, no solo en su corrección. Lo cual exige repensar la creación de valor como un esfuerzo colectivo.”[1]

Mariana Mazzucato

A raíz de la pandemia, en diferentes foros aparece como una cuestión esencial para el diseño del futuro el tema relacionado con la necesidad de superar el sistema económico que nos ha gobernado durante los últimos decenios -el neoliberalismo-, así como el sistema político, cada día más plegado ante la prevalencia del lucro y distante de las necesidades reales y urgentes de parte de la población. Parecería que uno y otro están agotados. No dan para compaginar con las expectativas y demandas de la sociedad que prioriza la sostenibilidad, la equidad y la resiliencia en cuyo escenario el Estado se fortalece. Así lo concibió la reunión del G7 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos) en Cornwall, Bahía de Carbis en el Reino Unido que se celebró en julio de este año.

Parecería ser uno de los resultados positivos de la pandemia durante la cual ha quedado evidente la necesidad de que los ciudadanos cuenten con un sistema público de salud para la sanación y la prevención de las enfermedades así como de los inesperados y mutantes virus. Además, la transición ecológica hacia una economía verde requiere del liderazgo público y de ingentes recursos financieros, así como el acceso al conocimiento, hoy prisionero de unas megaempresas globales que dominan a su gusto el mercado en el que prolifera la intrusión en la privacidad de las personas y la delincuencia digital.

Mantener y/o ampliar los compromisos -y cumplirlos- de reducción de la emisión de gases contaminantes, CO2 principalmente, producto del uso del carbón como combustible (China y Estados Unidos son los que más) obliga al Estado a conducir el proceso. También, según el citado Consenso, se impone la intervención pública en el mantenimiento de forma equitativa del comercio internacional con “un enfoque que reemplace la redistribución por la pre-distribución”. Hoy el mundo se enfrenta a estrangulamientos en las cadenas de valor por la recuperación de la demanda y la escasez de materias primas lo que está generando inflación y almacenamiento por quienes aún las tienen.[2]

Por el lado político, es necesario que el cambio de sistema económico mantenga e incluso incentive el sistema democrático manteniendo bajo control los movimientos populistas, tal y como lo propuso el presidente Biden. Es indudable que Trump supo, y sabe, aprovechar los sentimientos negativos que brotan en los pueblos que gradual o súbitamente perdieron su empleo por el traslado de las fábricas al extranjero, principalmente a China. “América First” fue su bandera para llevar a las urnas a los desempleados y simultáneamente entrar en una guerra comercial con China.  

El tema del calentamiento global y los estragos que causa al planeta y a la población ha sido el tema central de la reunión del G20 reunido en Roma, a manera de preámbulo de la COP26 celebrada este mes en Glasgow, Escocia, en unión con Italia, bajo el lema “Uniendo al mundo para hacer frente al cambio climático”, a la que asistieron delegaciones de 196 naciones, con el objetivo de evaluar los avances del Acuerdo de París (2015).Y también a miles de personas, especialmente jóvenes, que de diferentes partes del mundo se citaron allí para protestar contra las promesas incumplidas por los gobernantes y exigir acción inmediata.

Desde la academia, Marina Mazzucato ha publicado recientemente un nuevo libro, “Misión Economía”, citado en la entradilla, en el que analiza el nuevo tipo de capitalismo que a su entender debe reemplazar al sistema económico vigente durante los últimos decenios en los que ha prevalecido el cortoplacismo del sector financiero, la <financiarización> de las empresas (“las finanzas se están autofinanciando”), la emergencia climática y gobiernos lentos o ausentes (“los gobiernos se han creído la ideología de que su papel es simplemente arreglar problemas, no alcanzar objetivos audaces.”) La “misión” hay que concebirla como un propósito en el que se asumen riesgos y la innovación, que para llevarla a cabo es necesaria la colaboración de todos los actores involucrados a largo plazo y un generoso presupuesto que debe responder a logros concretos. Si se aumenta su escala y se aprenden las lecciones aplicables a medidas políticas, estos pueden convertirse en los principios rectores de un nuevo tipo de economía política orientada a los desafíos.”

Mazzucato pone como ejemplo y analiza en detalle la Misión Apolo del presidente Kennedy encomendada a la NASA, entidad financiada con dineros públicos, que actuó con la flexibilidad propia de la empresa privada, a sabiendas de que se trataba de una investigación a largo plazo en la que era necesario actuar bajo el esquema de ensayo/error y sin límite en el gasto, aunque procurando la máxima eficiencia. La misión la compara con el “sueño” de Martin Luther King. Con la Apolo, se trataba, nada menos que de restaurar y fortalecer el orgullo estadounidense herido por la URSS con el Sputnik (1957). La NASA fue capaz de combinar la planificación y el control centralizados con una ejecución de proyectos descentralizada en la que los problemas complejos se compartimentaron y redujeron a una menor escala. Es lo que se conoce como la <paradoja de la complejidad>.

La autora enumera siete pilares sobre los que se debe erigir el nuevo sistema:

1.Creación de un nuevo tipo de valor futo del proceso colectivo mediante el que se crea. Un enfoque del valor por las partes involucradas debe empezar por el reconocimiento de que el valor lo crean colectivamente múltiples grupos, entre ellos las empresas, los trabajadores y los gobiernos locales y centrales. Lograr esto exige un cambio tanto económico como político.

2.La conformación de nuevos mercados. Para llegar a entender el interés público, es útil considerar los bienes públicos como objetivos comunes y no como correcciones de los fallos de mercado.

3.Cambiar las organizaciones hacia el cambio organizativo. “Las misiones consisten en crear mercados, no en corregir sus fallos. Consisten en imaginar nuevos ámbitos de exploración. Consisten en asumir riesgos, no solo en eliminarlos. Y si esto implica cometer errores por el camino, que así sea.”

4. Financiación a largo plazo. En el caso de la Apolo que requería de una inmensa y desconocida inversión a largo plazo con resultados inciertos, el sector privado invirtió “después de que el sector público hubiera asumido el riesgo”. De esa forma, varias empresas privadas se aprovecharon de las nuevas oportunidades creadas por la innovación, se aduce entre otros logros que abrió el camino hacia el Internet.

5.Distribución y crecimiento inclusivo. “Encontrar formas de garantizar que gobernamos la creación de datos en beneficio del bien común es crucial para la capacidad de gobernar un crecimiento inclusivo.”

6. Trabajar en forma asociada y crear valor conjuntamente. “Implica cambiar la relación entre los sectores público y privado, y entre ellos y la sociedad civil, de modo que trabajen de manera simbiótica en pos de un objetivo común.”

7. Participación y creación conjunta de los sectores público y privado. “Sin duda, el capitalismo está en crisis. Pero la buena noticia es que podemos hacerlo mejor. Gracias al pasado, sabemos que los actores públicos y privados pueden unirse para hacer cosas extraordinarias.”

Esto nos lleva al punto sobre la implementación de una misión: las misiones deben cambiar la manera en que los sectores público y privado trabajan juntos. Esta asociación no tiene tanto que ver con ayudas financieras, garantías y apoyo como con compartir la inversión, así como los riesgos y las recompensas. El sector privado tiene que trabajar con el sector público para llevar a cabo los objetivos de la sociedad: “no mediante la responsabilidad social corporativa o la caridad, sino a través de la cadena de valor —donde se gana dinero al mismo tiempo que se apoyan las metas de la sociedad— y la inversión con propósito público. Hacer el capitalismo de otra manera exige reimaginar el pleno potencial de un sector público motivado por el propósito público, definiendo democráticamente objetivos claros que la sociedad debe cumplir mediante la inversión y la innovación conjuntas.

En sus conclusiones sobre esta comparación destaca que una teoría de la innovación “debe estar integrada en una teoría del aprendizaje, la experimentación y la adaptación a la incertidumbre. Las misiones deben estar abiertas a la incertidumbre y, al mismo tiempo, ser capaces de realizar una planificación a largo plazo y trabajar con los distintos departamentosQue el problema no es el «Gobierno grande» o el «Gobierno pequeño». El problema es el tipo de Gobierno: qué hace y cómo lo hace.”

En otro foro reciente celebrado en Teruel (Aragón, España) se reunieron de forma híbrida más de doscientos investigadores en la octava conferencia mundial sobre Empresa Social y Economía Social y Solidaria (ESS) que hacen parte de la Red EMES, para actualizar los avances de ese conocido modelo en diferentes países y preferencialmente en zonas rurales en constante despoblación. Tal y como lo afirman tres de las directivas de la RED se hizo evidente “la urgencia de trasladar resultados desde la academia a la gestión pública para que gobiernos e instituciones internacionales trabajen de forma coordinada, junto a las estructuras de representación que ya articulan la ESS. El objetivo: plantear y organizar unas políticas públicas de apoyo a estas entidades que cada vez se definen más por una creciente complejidad, una necesaria transversalidad departamental y una actitud de co-construcción entre agentes”[3]

Con relación a España muestran cifras que indican su importancia en el conjunto de la economía real: 10% del PIB español, 43.000 empresas, 12,5% del empleo, 8 de cada diez con contratos a término indefinido, un 43% de la población está vinculada a la ESS “en torno a proyectos comunes y sostenibles vinculados al consumo responsable, el emprendimiento colectivo, entre otros, convirtiéndose en escuelas de democracia, de participación y empoderamiento ciudadano.” También resaltan los problemas: desigualdad, precariedad laboral, violencias y exclusión, aislamiento y ansiedad entre la población de las zonas despobladas. “En este contexto, la ESS, contracíclica y resiliente, también durante la última pandemia como se ha demostrado en este congreso, está desplegando toda su capacidad y potencial”.

Este tipo de empresa se caracteriza por el arraigo territorial y por “dar una respuesta adecuada y directa que evite ineficiencias económicas y sociales y que genere un impacto social positivo, cada vez más precisamente medido a través de rigurosas técnicas que facilitan el reconocimiento social y político de los intangibles que produce esta forma de hacer economía y empresa poniendo a la persona, sus comunidades y territorio como fin en vez de como medio.”

En contravía de las propuestas antes citadas, la realidad muestra que la lucha continúa entre el Estado y las megaempresas, estas dominan a su gusto el mercado en campos de interés común como las farmacéuticas, las energéticas, las tecnológicas de información y comunicación que abren las ventanas del conocimiento. No se ve en el horizonte rutas a las que converjan el Estado y el sector privado en procura del bien público. La fortaleza financiera tabién sigue creciendo en desmedro del sector público. El consumidor continúa siendo objeto del mercado. Las empresas acrecientan sus ganancias incluso en plena pandemia. Los lobistas se infiltran en foros mundiales (se estima que cerca de medio millar asistieron al COP26 de Glasgow), influyen ante los parlamentarios para impedir el aumento de impuestos. Manipulan las redes sociales para difundir información que lleve a que los electores tengan comportamientos acordes a los intereses de las megaempresas. En otras palabras, la desigualdad no es simplemente social, es económica entre los dos grandes gestores del progreso, del sistema político, de la sostenibilidad global, escenario en el que la sociedad cuenta poco.

Valencia, 18 de noviembre de 2021


[1] Mazzucato, Mariana. Misión economía (Spanish Edition) (p. 130). Penguin Random House Grupo Editorial España. Edición de Kindle

[2] En este enlace puede verse los compromisos https://www.expoknews.com/lo-que-acordaron-los-lideres-del-g7-en-la-lucha-climatica/

[3] MARTHE NYSSENS ROCÍO NOGALES MURIEL MILLÁN DÍAZ FONCEAhttps://elpais.com/opinion/2021-10-29/por-una-economia-e-investigacion-cercanas.html

4 respuestas a “¿ES POSIBLE CAMBIAR EL CAPITALISMO?

  1. Me parece, amigo mío, que la señora Mazzucato peca de un optimismo desmedido. No la imagino ingénua, pero sus propuestas más o menos perfiladas se me antojan casi un cuento para infantes.

    Ejemplos de la época de los Treinta Gloriosos, creo, sirven para poco más que excitar la melancolía. Ni siquiera la crisis climática parece moderar las ansias de lucro, ni la voracidad de los lobbys, ni la especulación financiera, ni los paraísos fiscales, ni la pugna por el beneficio también en sectores esenciales.

    Así pues, sintonizo mucho mejor contigo que con la señora Mazzucato, cuando dices: «No se ve en el horizonte rutas a las que converjan el Estado y el sector privado en procura del bien público. La fortaleza financiera tabién sigue creciendo en desmedro del sector público. El consumidor continúa siendo objeto del mercado. Las empresas acrecientan sus ganancias incluso en plena pandemia».

    No veo ni un solo motivo para el optimismo, la verdad.

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    1. Gracias, apreciado Profesor y amigo, por tus comentarios. En efecto, la propuesta teórica de la economista italiana Mariana Mazzucato suena a canto celestial, aunque en su análisis resalta la necesidad (¿la posibilidad?) de que el sector privado confluya con el gobierno para trabajar unidos en procura del bien público. Parecería que hay espacios para las «misiones» puedan paliar los efectos negativos del actual sistema, bien conocidos.

      Hay tres conceptos que vale la pena destacar: el relacionado con el «valor» como producto del trabajo conjunto de esos dos sectores dando respuesta a las necesidades de la sociedad; considerar los bienes públicos como objetivos comunes y no como correcciones de los fallos de mercado; y el de que «la innovación debe estar integrada en una teoría del aprendizaje, la experimentación y la adaptación a la incertidumbre.»

      Sin embargo, lo cierto es que no se ve todavía la luz en el túnel que seguimos atravesando y padeciendo, pues lo que está claro es la creciente fortaleza económica y tecnológica de las megaempresas es imparable. Triste, pero cierto.

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  2. Interesante y de actualidad el artículo, muy ambicioso en sus anhelos de cambio de paradigmas, pero las realidades nacionales actuales no muestran signos de ese cambio. Sí, el capitalismo en la actualidad es un gran monstruo que devora Estados, naciones, gobiernos y gente, sin miramiento ético alguno y asume con arrogancia su imperio. Me impresiona el empobrecimiento y la exclusión de millones y millones de personas, pareciera que hay interés en hacer de la pobreza un medio de imposición y dominación. Ya no es época de esclavitud con grillos y cadenas, pero sí con el debilitamiento de la voluntad y la frustración de mejorar las condiciones de vida. Esto no es difícil de observar en el mundo, una mirada crítica nos permite esta afirmación.

    Los llamados líderes del mundo se reunen muchas veces y tratan muchos y variados temas, firman el documento final y los medios lo publicitan. Pareciera que ahora sí habrá cambio, pero rápidamente nos desinflamos como decimos coloquialmente. Mucho de populismo y de demagogia por donde se mire esta situación. Qué pesadumbre, quizás somos exageradamente ambiciosos y luego viene la frustración, hasta la próxima reunión. El sentido y objetivo del Estado y de los gobiernos es el bien común al cual se puede llegar con buen gobierno y sentido común. La realidad concreta son los hechos y no las promesas ni las buenas intenciones. Las bibliotecas están colmadas de libros, documentos y declaraciones sobre economía, sociedad, política, ambiente y cultura y ahora de tecnolgía, la gente lee y estudia, se hacen foros y debates intensos, pero seguimos esperando generación tras generación los dichosos cambios en la realidad concreta.

    Gracias Doctor Néstor Hernando, usted siempre nos motiva a la lectura crítica sobre nuestra realidad existencial y nacional, como personas pensantes y ciudadanos atentos.

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    1. Muy cierta la descripción de la realidad que hace usted, profesor Bonil: un contraluz entre las fórmulas propuestas para buscar el bien común y la creciente desigualdad que distancia a unos pocos, ricos y avariciosos, de la gran mayoría de la humanidad.
      La falta de solidaridad humanitaria se aprecia crudamente a raíz de la distribución y aplicación de las vacunas contra el virus de la pandemia actual. Hay casos bochornosos como el de que prefieren que expiren en los congeladores por vencimiento en vez de enviarlas a países que tienen un nivel inferior al 5% de su población vacunada. Algo similar o más grave puede decirse de los laboratorios farmacéuticos, fabricantes y distribuidores de las vacunas, que ignoran a los países pobres como potenciales «compradores» en el mercado.
      La concentración del poder en unos pocos coloca a distancias siderales a la inmensa mayoría de las poblaciones atrasadas, semiatrasadas, semidesarrolladas, y otras categorías eufemísticas.
      «Queda poco tiempo», «Basta ya», etc. son consignas de los grupos de jóvenes de países avanzados que están tratando de despertar a los gobernantes zombis que rigen los destinos de nuestras naciones.
      Gracias por sus aportes.

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