

Néstor-Hernando Parra
A los pueblos amerindios les faltaron tres cosas para resistir a los conquistadores: el caballo, el acero y los anticuerpos. La conocida tesis de Jared Diamond, el geógrafo y antropólogo que teorizó por qué algunas sociedades perduran y otras desaparecen… “En realidad, la novela surgió al leer otra frase de Diamond. ¿Por qué Pizarro capturó a Atahualpa y no fue Atahualpa quien acabó con Carlos V? Me dije que era una buena pregunta y que me apetecía responderla”[1]
Bien sabemos que la imaginación es esencial en el escritor de novelas, pero en este caso, además, está ricamente adornada con la erudición histórica del autor de “Civilizaciones”, Laurent Binet, ganador de los más ambicionados honores de las letras francesas. Ha sido admirable y gratificante leer, recién salida del horno editorial, esta especie de “rewire” o de historia alternativa centrada en el siglo XVI, cuando los conquistadores españoles penetran en pleno continente hispanoamericano, más allá de las islas caribeñas, mientras en Europa se vive la entrada de lleno del Renacimiento con el consiguiente remezón en los diferentes sectores de la sociedad, incluido el religioso, y los efectos del descubrimiento del Nuevo Mundo.
En los primeros capítulos, a manera de enlace con la era precolombina, el autor narra la expedición de vikingos vía Islandia y Groenlandia cuando, con la proa al sur, llegan a Cuba y al Istmo. Más adelante, en el “Diario de Colón” cuenta el descubrimiento de las Indias Occidentales y el propósito que lo impulsa en esta inédita travesía: “Aquí, como en todos los lugares que he descubierto y espero descubrir antes de retornar a Castilla, proclamo que toda la Cristiandad hallará gran negocio, especialmente España, a la que todo debe ser sometido”. Sin embargo, Colón fallece en su primer viaje, si bien su memoria perdurará gracias a sus manuscritos, tal como eran sus deseos.
Gracias a un comerciante de Popayán que pretendía comprender su lengua, Atahualpa, que venía de Quito huyendo de su hermano Huáscar, emperador de Cuzco, supo de una mujer que reinaba sobre un archipiélago compuesto por tres grandes islas: Cuba, Haití y Jamaica, más una infinidad de pequeñas islas como la de Tortuga. No penetraban en ese territorio como conquistadores, sino como fugitivos, y eso, seguramente, trajo consecuencias para el destino de Cuba y del mundo entero. Atahualpa hizo preceder su llegada por mensajeros cargados de presentes. Ofreció a la reina platos de oro, túnicas y papagayos. A cambio, ella lo recibió como a un viejo aliado, al son de tamboriles, entre alborozos y danzas, bajo una lluvia de flores…
Higenamota, princesa cubana que había aprendido muy rápido el castellano de los conquistadores colombinos, se convertirá finalmente en el eslabón clave entre éstos y Atahualpa en la conquista del <Quinto Cuarto>. Por indicación de ella, se embarcan en las tres naos abandonadas por el descubridor, navegando hacia el este. Atahualpa sabía hallar las palabras: «Hermana mía, vamos a ver de dónde viene el Sol». Y, consciente de que su pueblo necesitaba un guía, sin preocuparse ya de ceremonias protocolarias, se dirigió a todos en estos términos: «El tiempo de los Cuatro Cuartos ha pasado. Vamos a bogar hacia un nuevo mundo, no menos rico que el nuestro, repleto de tierras. Con vuestra ayuda, vuestro emperador será el Viracocha de la nueva era, y el honor de haber servido a Atahualpa recaerá sobre vuestras familias y sobre vuestros ayllus durante generaciones. Y si nos hundimos, será porque debía ser así. Iremos a encontrarnos con Pachacámac en el fondo del mar. Pero si pasamos… ¡Qué viaje! ¡Vamos, en marcha hacia un Quinto Cuarto!». Entonces, los quiteños, serenados y animados por esas palabras, repitieron con una sola voz: «¡En marcha hacia un Quinto Cuarto!».
Llegará a Lisboa en pleno huracán e inundación por desbordamiento del Tajo, donde saboreará el elixir oscuro, el vinho, seguirá a Toledo donde librará sangrientas y victoriosas batallas: Fue una carnicería. Las espadas toledanas y las hachas de Lambayeque penetraban y cortaban sin distinción de oficio, edad o sexo. Se degolló a la gente en sus casas. Los que trataron de defenderse fueron acuchillados como los demás. Algunos se refugiaron en su templo, a lo que ellos llamaban catedral. Quizquiz la mandó incendiar. Su dios clavado no los socorrió. Él quiso explicarles que un dios que exigía que se quemara vivos a los hombres, cualquiera que fuese el crimen que hubieran cometido, era un dios malvado, pues el cuerpo de los muertos debía permanecer íntegro para que pudieran continuar viviendo después de la muerte, y que un dios así no merecía ser adorado. Allí Higenamota se inclinó sobre un joven herido, que aún respiraba. Ella le preguntó: —¿Cómo te llamas? Él murmuró: —Pedro Pizarro. Ella decidió convertirlo en su paje si sobrevivía a las heridas. En dos horas, mataron a más de tres mil personas.
Atahualpa había visto con sus propios ojos el funcionamiento de la Inquisición: Estaban juzgando a unos conversos sospechosos de haberse mantenido fieles a su antigua religión y de judaizar. También podían ser mahometanos, o iluminados o luteranos, aunque estos eran muy raros en esta región. Los allí presentes eran juzgados por frases malsonantes, blasfemia, superstición, bigamia, sodomía o brujería (a veces los cargos se acumulaban), y se exponían a penas más bien benévolas: multa, látigo, prisión o galeras. El joven le explicó que las llamas vueltas hacia abajo estaban reservadas a los que se libraban de la hoguera. Señaló a uno de los encapirotados acusado de cocinar con aceite de oliva y no con manteca. Al menos es lo que ella le tradujo a Atahualpa, aunque no estaba segura de haber comprendido del todo la naturaleza de este último crimen.
Los cánticos proseguían. Los quiteños comprendieron que estaba en juego algo muy grave en torno a los diferentes grupos de creencias, los judíos y los conversos, los moriscos mahometanos, los luteranos, los viejos y los nuevos cristianos. No alcanzaban a entender exactamente lo que había tras las historias del dios clavado y de la cocina con manteca de cerdo, pero sabían que los levantinos se lo tomaban todo muy a pecho, como habían podido comprobar sobradamente en la ceremonia de las hogueras. Pero Chalco Chímac comentó que esa gente, conversos, moriscos, brujas, bígamos, iluminados o luteranos, significase lo que significase eso, también eran los únicos aliados potenciales de los quiteños, quienes, por el momento, no contaban con ninguno. Rumiñahui dijo que, en ese caso, bastaría con salvar a los que no hicieran ese signo y con matar a todos los demás.
Atahualpa irá a Salamanca a recibir ilustración de los sabios maestros allí congregados. Capturará a Carlos V: Sea como fuere, la captura del rey de España sumió a este en un completo abatimiento, y al <Nuevo Mundo> en un enorme estupor. Atahualpa sabía que la salvación de los quiteños pendía de la vida de su rehén, por lo que decidió dejar Salamanca por otro lugar mejor fortificado. En adelante, la Alhambra de Granada sería su fortaleza de Sacsayhuamán. Luego, convertirá a Cádiz en el puerto por donde traerá oro, plata, alpacas, y los alimentos andinos cuyas semillas siembra y cosecha en tierras europeas. Con los metales preciosos financiará las guerras de conquista, eliminará impuestos y comprará voluntades.
En su erudita fantasía, el autor hace desfilar a Moro, Erasmus, Vitoria, Lorenzo de Médicis, Tiziano, Miguel Ángel, Lutero y Melanchthon, así como a reyes y reinas de otros imperios. A Atahualpa le gustaba escuchar a Francisco de Vitoria cuando le hablaba de derecho natural, de teología positiva, de libre albedrío, así como de otras nociones cuya complejidad, unida al hecho de que, por aquel entonces, el Inca dominaba todavía muy mal el castellano, volvía la comprensión aleatoria y, en consecuencia, el diálogo limitado… Al cabo de los días, los rapados de Salamanca fueron más proclives a relacionarse con las jóvenes quiteñas de lo que lo habían sido los de Lisboa. Algunas se preñaron. Ciertos rapados cayeron enfermos.
El imperio de Carlos V parecía casi tan vasto como Tahuantinsuyo, aunque más fragmentado: al sudoeste España, al norte los Países Bajos y Alemania, al este Austria, Bohemia, Hungría y Croacia, amenazadas por Solimán, temible conquistador a la cabeza de otro imperio lejano. Al sur, cerca de España, pero separada de ella por el mar, había una región que era, por lo visto, el objeto de todas las codicias, Italia, territorio de guerras perpetuas donde vivía el líder de los rapados, representante en la tierra del dios clavado. El gran rival de Carlos para la supremacía del Nuevo Mundo era el rey de un país que cortaba su imperio en dos, Francia, cuyo territorio, a su vez, estaba amenazado por una isla del norte, Inglaterra. Una pequeña confederación, situada en el corazón mismo del continente, proveía de soldados a los ejércitos de todos: Suiza. El país vecino, Portugal, era un reino de exploradores que navegaban por los mares conocidos en busca de otros mundos.
Cuando supo de un tratado político que había llegado recientemente de un país llamado Florencia, el joven Atahualpa, en su atávica sabiduría, presentía que podría serle de algún provecho en el futuro, sobre todo cuando le leían esto: «Además, no se puede honestamente dar satisfacción a los grandes sin causar perjuicio, pero sí al pueblo, porque el fin del pueblo es más honesto que el de los grandes, pues estos quieren oprimir y aquel, no ser oprimido». Así que el escrito de Maquiavelo también le ayudará a sabiendas de que es más difícil reinar que hacer la guerra. Da a conocer sus principios o reglas de su imperio, en las que incluirá que cada uno podrá ejercer libremente su religión, a condición de participar en las fiestas del Sol, el dios creador y la fuente de toda vida, Viracocha es su padre o su hijo y padre o hijo de la Luna. El Inca es el representante del Sol en la tierra. No pagaremos más diezmos, ni grandes ni pequeños, todas las aguas deben ser libres, no habrá más siervos y las tierras y las aguas son comunes, no pertenecen a ningún dueño o señor.
Puso fin al sistema de arriendos y despidió a los empresarios de las guarniciones que financiaban el ejército con préstamos con intereses. Abolió la mayor parte de los impuestos y distribuyó porciones de tierra entre los campesinos, reagrupados en ayllus o en comunidades ya constituidas, tales como las mancomunidades, encargadas cada una de repartir los trabajos y los bienes en su seno. Los frutos de la tierra pertenecían a los que la explotaban, incluso los excedentes, pero no la tierra misma. La repartición de tierras era revisada con regularidad y ajustada en función de las necesidades.
Se hará el abanderado de la rebelión de los campesinos de Alsacia y promulgará leyes imperiales relacionadas con el pago de tributos en cuanto quienes deben pagarlos y quienes están exentos, también la provisión a los obreros empleados al servicio del Inca o de sus curacas de todo cuanto necesiten para el ejercicio de su profesión, es decir, que al orfebre se le provea del oro, de la plata o del cobre con los que pueda realizar su trabajo; al tejedor, de lana y de algodón; al pintor, de sus colores; todos los obreros deben estar provistos de cuanto necesiten en materia de alimentación y vestimenta, así como de cuidados y medicamentos en caso de que caigan enfermos.
En la entrevista de El País, el autor confiesa: “Mi simpatía está del lado de los indios y el motor psicológico del libro fue, en el fondo, dar una venganza a los perdedores, pero no los quiero idealizar. Con una conquista inca habríamos evitado los escollos del capitalismo, pero habría otros distintos, porque las formas de dominación son infinitas. Eso sí, tendríamos seguridad social desde hace siglos”. Y agrega: “Son derivaciones de un motor histórico en el que todavía creo: la lucha de clases. Los dominados siempre terminan por sublevarse. Últimamente, muchos de ellos han entendido que el control del discurso es el instrumento de poder decisivo”.
La inventiva del autor lleva a que Huáscar también vendrá a compartir el “Quinto Cuarto” al igual que Cuauhtémoc proveniente de los Aztecas donde también adoran el Sol.
Valencia, 30 de septiembre de 2020
[1] El País. Ed. Digital sept. 5, 2020. Entrevista a Laurent Binet, autor del libro “civilizaciones” Planeta. Septiembre 2020
Interesante este relato, su sentido y significado los relaciono con el ánimo de reinterpretación de los hechos pasados en la historia y el recambio de un orden establecido. La iconoclastia (o iconoclasia) está vinculada a este ánimo, el fenómeno lo hemos observado en los últimos tiempos en varias partes del mundo; quizás los oprimidos o los que se creen oprimidos o los que solo se sienten así ven en este comportamiento una oportunidad de revancha o hacen catarsis de su percepción o realidad de opresión, de sus frustraciones históricas, algo así. Destruir o dañar la estatua de Hernán Cortés o de Francisco Pizarro, por ejemplo, podría ser un tipo de anacronismo: cómo explicar un juicio de responsabilidad a Hammurabi por no haber incluido en su Código un artículo sobre la utilización del lenguaje de género en su época. En los imaginarios puede construirse muchas alegorías y alienar las personas. Esto es de nunca acabar. Podría decirse que quien acude a una urna (en nuestros tiempos) a depositar su voto (teóricamente libre y voluntario) es un alienado o enajenado. Su catarsis después de conocerse que su candidato no triunfó sería romper o destruir la foto o afiche del contrincante o de quien fue su jefe de clientela.
Considero que actuar así no conduce racionalmente a reescribir la historia, mejor sería generar, plantear y sostener una propuesta o tesis para su reinterpretación y consecuente cambio de cosas. Proponer un nuevo discurso realmente persuasivo, respetable y respetuoso. Las ciencias han tenido que cambiar muchas cosas que se creían verdades absolutas e inmutables. Ninguna verdad puede ser absoluta y valedera por todos los tiempos si tenemos en cuenta que lo humano no es absoluto ni valedero por todos los tiempos. Como en la ciencia física toda acción genera resistencia, pero ésta no es necesariamente destructiva; en las ciencias sociales se trata en esencia de asumir un cambio que mejore lo actual, es decir, el punto de partida sería un conjunto de líneas de base lógicas (análisis situacional) convincentes y modificar esta situación hasta los próximos cambios. No habrá utopías ni distopías, apocalipsis ni apocatástasis, el pasado no se refuta, es un referente que sirve para analizar, hacer inferencias y proponer.
Muchas gracias Doctor Néstor Hernando, sus artículos siempre mueven el discernimiento.
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Apreciado Profesor Bonil:
Su comentario, como de costumbre, enriquece el tema que, por cierto, da para mucho. Al editarlo, tuve que suprimir muchos párrafos relativos a mi reflexión sobre el derribo de estatuas y las protestas sociales y preferí dar espacio apropiado al exquisito recorrido histórico alternativo del autor.
A mi entender, la aplicación de ideologías a la historia a veces la convierte en «futuribles» y en otras en dilemas sobre la memoria: si hay que conservar y avivar los sucesos o si hay que olvidarlos. La Historia se funda en hechos, debidamente corroborados, preferiblemente en fuentes primarias y enmarcados dentro de un contexto social y económico.
Por cierto, viene a mi memoria que el Descubrimiento de América es ejemplo de serendipia, pero por ello no deja de ser un acontecimiento fundado en la ciencia astronómica y en la «busca de libertad» de los que se embarcaron con los descubridores, conquistadores y colonizadores, como lo anotaba nuestro gran historiador Germán Arciniegas. Fueron los «oprimidos» europeos los que impusieron su ley al amparo de la Corona y la Cruz, el «sistema» de entonces que marcó la estructura social y económica de Nuestra América. Estructura que no hemos sido capaces de cambiar, sino que, por el contrario, los «Verdaderos Dueños» siguen profundizando el abismo de las desigualdades.
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