
La dignidad de la magistratura de los mayores en la sociedad del conocimiento
Néstor Hernando Parra
“El aumento de la importancia de la economía de la población en la <edad de plata> que satisfaga no sólo la atención y la salud, sino que también tenga en cuenta las experiencias y sentidos de la vejez, en cuanto se trata de conceptos (el envejecimiento activo) y demandas públicas con tecnologías emergentes tales como gimnasios mentales, dispositivos de monitoreo y prótesis.”
Geoff Mulgan[1]
El tema de los mayores, adultos-mayores, abuelitos -eufemismos de viejos- o como se les quiera llamar, ha emergido con fuerza durante la pandemia del Covid19, por cuanto ha sido la población más vulnerable: 4 de cada 5 personas fallecidas en Europa corresponden a la tercera y cuarta edad. Gran parte de tales decesos se ha registrado en las llamadas “residencias” de mayores, hogares geriátricos o asilos de ancianos. En algunos de ellos, las autoridades sanitarias de España se encontraron con escenas macabras: al entrar hallaron muertos no solo a ancianos sino también a algunos de sus cuidadores. En los momentos más críticos por la congestión en los hospitales, los médicos se vieron enfrentados ante el dilema ético de “escoger” a quienes atender en unidades de cuidados intensivos. Así que, debido a la edad y de las comorbilidades o enfermedades preexistentes, algunos de los mayores fueron descartados y murieron sin recibir la debida atención sanitaria.
A tan grave desiderata, cabe añadir que parte del personal sanitario de varios países, entre ellos el de España, ha sido contagiado y muchos han fallecido. Con ello, se evidencia la debilidad de los sistemas de salud incluso en países donde hace decenios se adoptó la política de bienestar social por lo que el sistema de salud es público y universal, si bien los intentos de los neoliberales por privatizarlo han dejado su huella.
Resalta, igualmente, la imprevisión de disponer de la dotación de mascarillas, guantes y vestuario protector. De allí que no es aventurado afirmar que la primera gran conclusión, incuestionable en todas las latitudes, que deja la pandemia es la imperiosa necesidad de reforzar, cambiar o establecer, un sistema sanitario público dotado de personal debidamente remunerado, con hospitales y centros de salud que dispongan de suficiente número de camas, de unidades de cuidados intensivos y ventiladores o respiradores mecánicos, salas de cirugía, laboratorios, consulta externa etc. Complementada con una política que garantice la oportuna y suficiente provisión de productos farmacéuticos estratégicos. Cuanto antes mejor, pues las pandemias, según afirman los expertos, serán recurrentes.
Hace 6 años, a raíz de unas observaciones personales, surgidas al ver un vídeo documental que mostraba la gira de artistas mayores por Europa y las Américas y que congregaba en los conciertos a miles de admiradores sin distingos de edad, vinieron a mi mente otros tantos ejemplos, hoy profusamente citados en las redes sociales, que demuestran las realizaciones y audacias de personas mayores, al igual que la importancia de una sociedad interconectada entre sus diferentes generaciones. Pensé en una especie de magistratura, ordinaria y extraordinaria -como en la Antigua Roma- en la que ciertas personas eran investidas temporalmente de la facultad de guiar a la ciudadanía y administrar la res publica.
También recordé el magister, relacionado con el magisterio, el que enseña. De allí resultó el término vejeztratura, a manera de un neologismo, con el significado de poner en valor las experiencias, los conocimientos, los aportes de miembros de la tercera y cuarta edad, a fin de mantenerlos integrados -no segregados- en el conjunto social, en el que cada uno debe seguir trabajando por darle sentido a la vida. Algo sobre lo que, en estos últimos meses, de seguro, muchos han tenido oportunidad de repasar y reflexionar.
El sentido de la vida es una misión individual, íntima, intransferible. Como bien lo anota Viktor Frankle, supérstite de los campos de concentración nazi y fundador de la logoterapia o <tercera escuela vienesa de psicoterapia>: “Con frecuencia el hombre solo observa la rastrojera de lo transitorio y pasa por alto el fruto ya ganado del pasado, donde han quedado cincelados los valores, todos sus gozos y sufrimientos. De ahí, el hombre puede recuperar las acciones de su pasado. Nada puede deshacerse y nada puede volverse a hacer. Haber sido es la mejor forma de ser”[1]. A mi entender allí radica el plus de su dignidad, más allá de la que per se tiene como integrante del género humano.
Como lo comenté en un correo a un par de amigos hace años, no se trata de elogiar, sino de deliberar, dialogar, complementarse en información y en fuentes de conocimiento, estimular a quienes se esfuerzan por seguir siendo útiles a la sociedad. Muchos de ellos están en plena edad de seguir produciendo en el respectivo campo profesional o laboral, pero no está lejano el día en que puedan dedicar gran parte de su tiempo a la vida intelectual creativa y también especulativa, en el mejor sentido de la palabra.
Los avances científicos han producido un cambio cualitativo en el crecimiento demográfico. Además, el conocimiento es hoy el mayor capital, en la sociedad del conocimiento es vital el papel de la comunicación, la educación es una actividad que hay que realizar durante toda la vida, los avances tecnológicos que han fundido el espacio y el tiempo facilitan la interacción ubicua y global. De esta forma, todos avanzamos, aunque las desigualdades entre países desarrollados y los en vías de desarrollo se siguen profundizando, los retos a los políticos son cada vez mayores pues el papel del Estado es esencial en el manejo de calamidades públicas, como las pandemias.
La expectativa de vida ha roto todas las marcas previstas. Si bien es cierto, como lo sostiene Eduardo Punset: “el desfase de los materiales –al igual que la industria de bienes de equipo- es inevitable. A la hora de compensar este desgaste nos encontramos con que, al igual que ocurre en la obsolescencia programada de los vehículos y los electrodomésticos, es distinta para cada organismo, cosa que exige una diferenciación individual en las capacidades regenerativas…Una variedad no programada del desgaste de materiales es el envejecimiento. No estamos programados para morir, en el sentido de que ningún gen ni mecanismo genético tiene la función de interrumpir en un momento dado los procesos vitales…”[2] En consecuencia, no hay que temer el final, destino inexorable, sino saber vivir en busca de la felicidad, así sea una esquiva y efímera visitante.
Meses después, leí “Reflexiones de un estudiante pensionado”, crónica de Nicanor Restrepo[3] quien después de una brillante y ejemplar trayectoria como presidente del poderoso Grupo Empresarial Antioqueño -GEA, en cuanto se pensionó, realizó el “sueño” de su vida: doctorarse en Ciencias Humanas en la Sorbona. En ese texto afirma: “Hay algo fascinante y es el aprendizaje, que es insaciable…Lo que hay que entender es que el aproximarse con una visión constructiva y positiva a esa última etapa del adulto mayor es sin lugar a duda un problema de educación, de formación, de percepción de la vida, en el cual le tiene que ayudar la sociedad. Las empresas deben prepararlo para eso…El Estado debe jugar un papel que amortigüe las condiciones de estas personas, para que además el hombre, desde el punto de vista de la sociedad, se prepare para vivir más tiempo, para costarle más a la sociedad…El único mensaje central que quiero dejar es que cada uno tiene que estar preparado para afrontar una realidad que es fantástica en la medida en que se la asuma. Cada cual con su proyecto, de una manera creativa, positiva; que también permita fortalecer el espíritu, el amor, el afecto, el cariño, acercarse a las gentes que le son próximas, a su familia, a sus amigos y vivir además también sintiéndose útil.”
Por supuesto, corresponde a las nuevas generaciones la responsabilidad de enfrentar los desafíos de todo orden, algunos heredados, otros emergentes, pero sin olvidar que la cultura humana es el resultado acumulativo de la evolución del homo sapiens y la naturaleza. Y que la interacción entre las diferentes generaciones produce valiosas sinergias. Contribuir a ampliar las oportunidades de educación es una vía solidaria altamente rentable, tarea indispensable en un mundo en el que el conocimiento es el mayor valor y para la que hoy se dispone de tecnologías, metodologías y herramientas que, bien administradas, pueden ayudar a eliminar o reducir drásticamente injusticias sociales, la pobreza y las fobias entre los mismos seres humanos.
En mi caso, al igual que en algunos de mis contemporáneos, continúo con mis devaneos intelectuales intrascendentes pero que se han convertido en una obsesión compulsiva alimentada por los libros que me ayudan a descubrir parte de mis abundantes ignorancias. Y a garabatear pensamientos, reflexiones e ilusiones así los lectores sean justamente quienes me estimulan a seguir activo con la pluma electrónica.
Presto especial atención a tratar de entender en sus diferentes dimensiones los avances veloces de la ciencia y la tecnología, comenzando por el impacto en la educación, así haya quienes se nieguen a darle la debida trascendencia, desconociendo que hemos entrado a una nueva etapa de la civilización cuyas características vislumbramos de forma imprecisa por la diversidad, intensidad y velocidad de tales avances. Tecnófilos, tecnófobos y tecno escépticos son todos bienvenidos. Lo preocupante es que la tercera parte de la población mundial, en plena era de la globalización digital, ignora la existencia de los medios y artilugios del internet. Sin embargo, mantengo la esperanza de que la sociedad del conocimiento sea también la de la democracia del conocimiento.
Valencia, 4 de junio de 2020
[1] El hombre en busca de sentido. Herder Editorial Barcelona. (2015)
[2] El viaje a la felicidad. Ediciones Destino. 2005
[3] https://www.semana.com//nacion/articulo/nicanor-restrepo-reflexiones-de-un-estudiante-pensionado/422015-3
[1] The locust and the bee. Princeton University Press.(2013)
Julio SILVA
Apreciado Néstor:
Me gustó mucho tu artículo sobre la vejeztratura, pues ya en un artículo sobre la evolución de la población colombiana plantee que era necesario construir una nueva concepción sobre la vejez, pues la que trajimos del siglo 20 no es pertinente para el siglo 21. También me pareció interesante la referencia a Nicanor Restrepo, quien fue una figura fuera de serie en el empresariado antioqueño. Su tesis doctoral, sustentada en 2009, luego de ocupar la dirección del grupo Suramericana, en la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales (París), titulada en español Empresariado antioqueño y sociedad 1940-2004. Transformación e influencia de las élites patronales de Antioquia sobre las políticas económicas y sociales colombianas a partir de 1940, es un magnífico estudio sobre el desarrollo industrial de Antioquia y, en especial, la «construcción» del grupo Suramericana, del que fue uno de sus artífices, Por ironía, cuando pensaba dedicarse a la vida académica murió, muy joven, para mí, pues apenas había cumplido 73 años. Un abrazo.
Julio Silva-Colmenares, doctor en ciencias económicas. Universidad de Rostock (Alemania)
Miembro fundador y presidente (2014-2018) de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas. Miembro fundador de la Academia Colombiana de Ciencias Sociales y Políticas, miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España y de la Academia Nacional de Economía de Uruguay. Investigador emérito, Colciencias e Investigador, Red Iberoamericana de Estudios del Desarrollo -RIED-
Me gustaMe gusta
Rafael Ballen
Apreciado Néstor Hernando:
Mil gracias por hacerme llegar tus nuevas reflexiones sobre la La Vejeztratura.
Seguro que serán nuevos aportes al pensamiento que nos exige esta pandemia. Creo que la humanidad
tendrá que recurrir a un segundo Renacimiento, como aquel que se llevó a cabo a partir de 1400. Solo que
el de ahora será más exigente.
Un abrazo. RB.
Me gustaMe gusta
Ricardo Pascual Hervás ha comentado tu publicación
«Muchas gracias Néstor, por seguir compartiendo tu sabiduría, de la que he tenido y tengo la suerte de nutrirme.»
La vejez ha surgido como un factor de primer orden durante la pandemia por tratarse de un un grupo de etario altamente vulnerable, si bien representa un sector de la población con sus propias características sociales y culturales que vale…
Me gustaMe gusta
Muy pertinente añadir parte del comentario de Almudena Grandes de hoy en El País sobre la orden de la presidenta de la Comunidad de Madrid:
«Porque, para que un documento sea un borrador, es imprescindible que esa palabra conste en una comunicación impresa en papel oficial, firmada y sellada. Y en el protocolo que se remitió a las residencias de ancianos de la CAM para imponer qué internos podrían ser desviados a hospitales, y cuáles no, el término borrador no aparece por ninguna parte. Tendrán una muerte indigna, advirtió el Consejero de Servicios Sociales, refiriéndose a los ancianos excluidos. Advirtió que se trataba de una decisión inmoral, e incluso ilegal, pero Ayuso siguió adelante para evitar que los hospitales colapsaran. Tras su decisión está la necesidad de proteger las externalizaciones de Aguirre, los brutales recortes que impuso a los servicios públicos, las cifras de la ridícula inversión en Sanidad que se repiten en Madrid año tras año. Todo eso aflorará. Está aflorando ya, y su pestilencia no será menos hedionda por mucho que Casado siga abusando de las esdrújulas en sus declaraciones.»
Me gustaMe gusta