LOS MESSOPODERES, ENTRE EL GLOBALISMO Y LOS NACIONALISMOS ¿Qué hacer para que la Unión Europea sobreviva a sus múltiples nacionalidades?

No debe sorprendernos que la globalización económica no haya venido acompañada por una globalización moral. Los Derechos Humanos no han calado en las costumbres locales y continúan formando parte sobre todo del discurso elitista de activistas, académicos y expertos jurídicos. Nuestras identidades como seres humanos siguen siendo locales y las justificaciones que ofrecemos para nuestra vida moral no van destinadas al conjunto de los seres humanos, sino a las personas de carne y hueso que conocemos y por los que nos preocupamos, aquellos que forman el público del pequeño teatro de nuestras vidas…El universalismo moral…es imposible porque, aunque somos humanos, nos beneficiamos sobre todo con aquello que nos hace distintos. [1]

Michael Ignatieff

Entre el 23 y 26 de mayo se celebrarán elecciones en los veintiocho países (incluido Gran Bretaña por cuanto aún no ha culminado el proceso del Brexit) a fin de constituir el nuevo Parlamento Europeo para el período 2019-2024. Es la única institución europea en la que los ciudadanos de los países-miembro participan democráticamente en su constitución, de acuerdo con los cupos asignados (54 en España), para elegir los 751 diputados que la conforman. Aunque lo deseable es que los elegidos representen una ideología y programas integracionistas, en la práctica son voceros que deben “defender” (?) a cada nación, lo que desvirtúa los fundamentos de su propia razón de ser,[2] si bien después, por afinidad ideológica, se afilian a alguno de los ocho grupos políticos del Parlamento Europeo.   

Como es ampliamente sabido, el proceso de integración se inició en 1951, bajo el lema de Paz y Progreso, cuando aún no se avizoraba la nueva era de la globalización, diseñado como respuesta a la cruenta experiencia de las dos guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX, fruto del nacionalismo en sus diferentes versiones políticas. Durante todo el proceso de su conformación -en el que ha habido avances, crisis y pausas- hoy es un órgano transnacional en el que los constituyentes han cedido parte de su soberanía política y económica, con una alta participación política y tecnocrática de sus otros órganos.[3] De esa manera, se ha constituido en lo que podríamos denominar un messopoder, en cuanto es intermedio entre el concepto de nación y el de globalización.

Son múltiples los logros alcanzados por la UE: la aceptación de los principios fundamentales de la democracia liberal, bajo nivel de conflictividad entre las naciones, creación de un mercado común, de la Unión Económica y Monetaria (Tratado de Maastricht), del Banco Central Europeo y del Banco Europeo de Inversiones, el Espacio de Libre Circulación de Ciudadanos de la Unión (Tratado Schengen), el Tribunal de Justicia de la UE, el impulso al desarrollo de países con menores niveles del promedio europeo del PIB mediante programas de cohesión social, fondos destinados a la modernización de las infraestructuras físicas, programas de agricultura y pesca, también del medio ambiente.

Sus principales escollos: la fallida aprobación de la Constitución Europea por los referendos negativos de Francia y Holanda (2005), la crisis económica y financiera (2008-2017) -que puso en alto riesgo la permanencia del euro-, enfrentada con una política de extrema austeridad que fortaleció principalmente a Alemania y afectó negativamente a los países del sur, lo que marcó una fractura entre centro y periferia. Pero, el que mayor inquieta es el renacimiento de partidos políticos nacionalistas que se nutren de los resentimientos provocados por la crisis económica y por la xenofobia surgida ante la masiva presencia de inmigrantes de países africanos y del oriente medio en busca de mejores oportunidades de vida, y de refugiados de países envueltos en conflictos bélicos como Siria, Irak y Afganistán.

Hay países con gobiernos autoritarios (Hungría y Polonia) abiertamente insolidarios con las políticas humanitarias de la UE, y se aprecia la expansión de la ola nacionalista a muchos otros, incluso los tradicionalmente hospitalarios como los escandinavos y los Países Bajos, sin olvidar a Francia donde prendió la primera chispa.

Pasando a unos temas intangibles, como los de la filosofía política y la moral, son notorias algunas “debilidades estructurales”, como lo acoté en un ensayo[4] comentando los avances del anunciado libro del filósofo aleman Jurgen Habermas.[5] La carencia de una “liberalización de valores, entendida como la voluntad creciente de aceptar la inclusión de <extranjeros>, la falta de transformación de entidades colectivas mediante acciones legales y administrativas, la interacción entre procesos políticos y normas constitucionales y la red de actitudes y convicciones políticas y culturales del otro, oscurecen “la proyección de la sombra del nacionalismo”. Lo contrario a lo deseable: la apropiación, mediante un proceso de aprendizaje del principio de “solidaridad cívica” estimulado por la percepción de “necesidades políticas y económicas” en el que los medios de comunicación tienen papel importante. Sin embargo, esa “consciencia posnacional que funcionara como antídoto ante los etnonacionalismos agresivos de la primera mitad del siglo XX” no ha florecido; en oposición, puede apreciarse “la peligrosa asimetría política” que se extiende en virtud del monopolio político y burocrático de Estrasburgo y Bruselas.  

Tal como se lee en la entradilla, el filósofo y político canadiense Michael Ignatieff resalta que la globalización económica no ha conducido en paralelo a una globalización moral, y los Derechos Humanos no han calado en las costumbres locales por cuanto nuestras identidades siguen siendo locales. Se introduce así un tema, el de la identidad, que bajo ese mismo título Francis Fukuyama analiza ampliamente en su reciente libro[6] y en cuyo contexto moderno une tres conceptos: “el thymos, un aspecto universal de la persona humana que anhela el reconocimiento; la distinción entre el yo interno y el yo externo, y la elevación de la valoración moral del yo interno por encima de la sociedad externa”.

Lo cierto es que la expectativa de que la globalización acabara con el Estado-nación no se ha cumplido y sigue siendo un fortín del poder político, quizá como lo aducen varios analistas, porque la “democracia es mucho más legítima a nivel nacional” y eso se aprecia en la Europa actual. Con base en esta realidad, Fukuyama recomienda que:

“La agenda europea debe comenzar por redefinir las identidades nacionales incorporadas en sus leyes de ciudadanía. Lo mejor sería que la UE creara una única ciudadanía cuyos requisitos se basaran en la adhesión a los principios democráticos liberales básicos que reemplazara las leyes nacionales de ciudadanía”.

En todo el proceso integracionista, desde su nacimiento hasta el día de hoy, Estados Unidos ha sido actor esencial. El Plan Marshall facilitó la rápida recuperación y modernización de Alemania y demás naciones europeas afectadas por la segunda guerra mundial. En plena “guerra fría”, se trataba de fortalecer a Europa y evitar que la URSS se la apropiara, o al menos parte de ella, como ya lo había conseguido con varias naciones, Alemania misma fue dividida en República Democrática Alemana -RDA- y la Alemania Occidental. Además, para evitar que Alemania se rearmara, dentro del marco de las Naciones Unidas se creó la OTAN (1949) con el propósito fundamental de garantizar la seguridad (transatlántica) de Estados Unidos y Europa y así desarrollar instituciones democráticas capaces de resolver de forma pacífica las diferencias entre sus constituyentes.

Aunque el financiamiento corre nominalmente a cargo de cada uno de los estados miembro, lo cierto es que la parte propiamente militar la cubre de forma mayoritaria Estados Unidos con lo que se han liberado recursos que las naciones europeas han destinado a los planes y programas de desarrollo en países de la UE. Esto ha puesto en primera línea la posibilidad, o necesidad, de constituir un Sistema de Defensa propio en la UE con las consiguientes repercusiones en otros campos. Tal iniciativa la ha concretado Bruselas mediante la constitución del futuro Fondo Europeo de Defensa con una asignación de 13.000 millones de euros, y de la Cooperación Permanente que ya cuenta con varios proyectos de armamento. Esta decisión ha irritado a Trump quien, en su plan de “America First” y el consiguiente resurgimiento del nacionalismo con tintes autocráticos, ha expresado la exigencia de una mayor aportación a los países europeos y ha amenazado con cortar financiación a la OTAN. Tal situación abriría espacio a Rusia pues, como lo evidencian la invasión de Crimea y la guerra en el este ucraniano, sigue en el plan expansionista de “recuperar” territorios que conformaron la URSS comenzando por los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania.   

Además de los nacionalismos redivivos, es preciso advertir que en la actualidad la guerra comercial entre Estados Unidos y China amenaza con debilitar de inmediato la economía mundial y la europea, lo que además la expone a múltiples riesgos, entre otros los de una nueva crisis, lo que animaría a quienes tienen como propósito la desintegración de la UE y el regreso a las naciones plenamente soberanas.

Las expectativas de los ciudadanos de los diferentes países de la UE respecto de la gestión del Parlamento Europeo van desde la atención prioritaria al avance del cambio climático y la inmigración en países del centro, a la creación de empleo en los de la periferia como Grecia y España.[7] La prueba de la apatía ciudadana por la suerte de la UE está en el alto y creciente índice de abstención en las elecciones europeas que en varios países ha sido superior al 50%, aunque en Luxemburgo y Bélgica la participación ronda el 90% por cuanto allí el voto es obligatorio. En España fue del 45,84% en 2014.

De todas maneras, es preciso tener presente, como bien lo anotaba el filósofo israelí J. N. Harari ayer en una entrevista de la sección Global Conversation de Euronews: “la Unión Europea es esencial para la paz”.

Valencia, 15 de mayo de 2019


[1] Ignatieff Michael “Las virtudes cotidianas. Orden moral en un mundo dividido “. Penguin Random House Grupo Editorial. Versión Kindle.

[2] A pesar de que el Parlamento Europeo había vetado la elección transnacional de diputados, Yanis Varoufakis, ex ministro de finanzas griego en la época dura de la crisis de su país, autor de varios libros de economía, encabezará la lista del partido paneuropeo Democracy in Motion de Alemania, país del que es residente.

[3] Consejo Europeo, Consejo de la Unión Europea, Comisión Europea, Tribunal de Justicia de la UE, Banco Central Europeo, Tribunal de Cuentas Europeo, Servicio Europeo de Acción Exterior, Comité Económico y Social Europeo, Comité Europeo de Regiones, Banco Europeo de Inversiones, Defensor del Pueblo Europeo, Supervisor Europeo de Protección de Datos, Organismos Interinstitucionales. 

[4] Parra N. H. Obras Selectas. 5. Asuntos Internacionales, globalización y crisis. Universidad de Ibagué. 2013

[5] Habermas J. The Crisis of the European Union. A response”. Polity. 2012.

[6] Fukuyama F.. “Identidad. La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento”. Deusto. 2019

[7] Una amplia encuesta patrocinada por 8 periódicos de 8 países puede verse en

https://elpais.com/internacional/2019/05/10/actualidad/1557507327_934513.html

7 respuestas a “LOS MESSOPODERES, ENTRE EL GLOBALISMO Y LOS NACIONALISMOS ¿Qué hacer para que la Unión Europea sobreviva a sus múltiples nacionalidades?

  1. ¿Será que son escasas las afinidades y semejanzas y siguen siendo las diferencias y las desigualdades los elementos sobresalientes y preponderantes en los intentos de integración global? La convivencia y la solidaridad necesarias para la integración sólida no se logra solo con coincidir en algunos pocos aspectos de la vida colectiva. Los grados de satisfacción y los recursos necesarios para alcanzarla difieren de persona a persona, de familia a familia, de nación a nación. El Estado Global no ha dado respuestas a la felicidad de sus asociados, es decir, de las naciones con toda su población adentro. Se observa que cada nación sigue siendo ella misma con sus errores y aciertos, sin preocuparse mucho por la suerte del vecino, parecido a lo que ocurre en los edificios de apartamentos, solo el chisme pone en acción la curiosidad y la desgracia del otro los separa aún más. En efecto, las naciones también tienen su espacio de confort y eso le gusta a la gente que las habita. Quizás la Unión Europea es como un rompecabezas armado, no es tan sólido como pretende serlo.
    No hay una cultura única y absoluta, las microculturas son la vida misma de las poblaciones y pretender agruparlas para hacer una sola exacerba creencias, xenofobias y lecturas del mundo muy diferentes entre sí.

    Los llamados micropoderes seguirán ahí, haciendo de las suyas sin importar el modo de aniquilamiento del otro, son ágiles, oportunistas y eficaces. Los macropoderes seguirán también ahí pavoneándose y luciéndose con posturas arrogantes para impresionar al contradictor, son pesados, lentos, populistas y tienden a petrificarse. La historia nos enseña de los errores cometidos en el pasado reciente (siglo XX), pero no puede asegurarnos que nos dirigimos a la paz definitiva (¿quimera?) y a la integración de naciones felices. ¿Qué suceso tendrá que presentarse para que las naciones abandonen sus espacios de confort y se dirijan a la integración? Los pensadores tienen la palabra otra vez.

    Muchas gracias.

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  2. De acuerdo con su agudo análisis que complementa la argumentación.
    Cuando se inició la era actual de globalización, de características bien conocidas por cuanto la vivimos en el día a día, Marshall McLuhan la definió como la «Aldea Global», que sonaba a un oxímoron. Años más tarde, se acuñó el término «Glolocal» que llevaba implícita la desaparición del Estado-nación y el fortalecimiento de lo local, pues las comunicaciones ubicuas e instantáneas facilitaban acceder directamente, sin intermediarios, a cualquier lugar del planeta tierra y participar, en doble vía, dando y recibiendo información de toda índole desde el terruño propio. Ahora, cuando se tiende a frenar la globalización económica e incluso controlar -como en el caso de China- las comunicaciones cibernéticas de sus ciudadanos, ha resurgido con fuerza la ficción jurídico-política de nación. También los nacionalismos como identidad con los suyos y desconocimiento de los otros. El experimento de crear una nueva entidad política transnacional que Europa ha transitado durante los últimos 68 años ha llegado a un punto muerto, y en cambio aflora el concepto de «identidad» o sentido de pertenencia a una comunidad y los valores culturales propios de diversos grupos sociales de los países que hacen parte de la UE. Por ello, suena a «quimera» la recomendación de F. Fukuyama de «crear una única ciudadanía» en reemplazo de las «leyes nacionales de ciudadanía», pues lo que está en juego es lo que él mismo denomina «la elevación de la valoración moral del yo interno por encima de la sociedad externa”. Además, hay que recordar que «nación» es ante todo un sentimiento individual compartido con un grupo social con el que se comparte «identidad».
    Gracias por continuar enriqueciendo estas reflexiones.

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  3. Recordado Nestor Hernando,

    He apreciado mucho tus reflexiones sobre el globalismo y los nacionalismos. Creo haberte comentado con anterioridad que los principios de Westfalia del siglos 17 pueden verse como una raíz para los nacionalismos de este siglo. Estos nacionalismos serán difíciles de superar en un mundo tecnológico que fortalece cada vez más a los grupos pequeños y a los grandes, pero no necesariamente a los grupos intermedios aislados. No será fácil para algunos de los países de la comunidad europea ceder su independencia a las tendencias hegemónicas de países como Francia y Alemania. Por el otro lado vemos cada vez con mayor claridad que los balances geopolíticos a nivel global lo tienen China, los EEUUs, Rusia y Europa (como una totalidad). Países como el Reino Unido, solos en este concierto de poderes, perderán mucha influencia y se encontraran en el contrasentido de gastar muchos de sus recursos en defensa al mismo tiempo de tener minina influencia en la política Europa y global. Pienso que la posición de los grupos de derecha británicos, jingoístas y pretenciosos, están batallando en forma inútil contra las tendencia contemporáneas. Estamos en un mundo que gira a otros niveles; Brexit me parece es un error de carácter histórico que está mezclando sociedad, economía y política, en una búsqueda de significado histórico que ya no tiene mucho más que ofrecer. Tus comentarios me han sido muy iluminadores.

    Abrazos

    Raul

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    1. Gracias, apreciado Maestro y amigo por enriquecer estas reflexiones.
      En efecto, la agrupación de países se da en función de diferentes tipos de poder: económico, científico y tecnológico, militar, principalmente. La UE se ha quedado atrás en los dos últimos, y en el primero se está debilitando especialmente por la reversión nacionalista de Estados Unidos bajo el gobierno de Trump, con lo que cada día depende más de China. Si a todo ello se suma el renacimiento de los ultranacionalismos (un tremendo error de perspectiva política) a lo que se llega es a un debilitamiento del todo y de las partes. Coincido plenamente con tus apreciaciones sobre el Brexit que traes a cuento justo en un momento en el que está en riesgo la continuidad del gobierno de la señora May. El Reino Unido mismo está en riesgo ante la posición de Escocia e Irlanda del Norte frente al Brexit por cuanto anuncian su independencia. Por el momento, la reedición del Imperio no se visualiza en el horizonte, por el contrario la estrella languidece. Esperemos lo mejor de las elecciones que hoy se inician, precisamente allí.

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