DE LOS MACROPODERES A LOS MICROPODERES BÉLICOS CON ALCANCE GLOBAL

Lobos solitarios fundamentalistas y hackers cibernéticos desestabilizan a grandes potencias.

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“Los micropoderes, para triunfar, recurren a nuevas ventajas y técnicas. Desgastan, obstaculizan, socavan, sabotean y son más ágiles que los grandes actores, de tal manera que estos últimos, a pesar de sus vastos recursos, con frecuencia se encuentran mal equipados y mal preparados para resistir. La eficacia de estas técnicas para desestabilizar y desplazar a los gigantes afianzados indica que el poder se está volviendo más fácil de perturbar y más difícil de consolidar”.

Moisés Naim[1]

El 15 de marzo pasado 50 personas son asesinadas en dos mezquitas de Christchurch, la capital de Nueva Zelanda. El pasado domingo de Pascua, nueve terroristas suicidas, debidamente sincronizados, cometen siete atentados en templos de varias ciudades de Sri Lanka, con un saldo de 250 muertos y medio millar de heridos, hechos reivindicados por el Estado Islámico, uno de los más de terroristas responsables de estas masacres en el mundo, si bien algunos de ellos son ramas locales o regionales de troncales fundamentalistas religiosas que operan a nivel global.

Este tipo de crímenes es característico de la guerra de cuarta generación, distinta de las tres anteriores pues ya no se recurre a batallas cuerpo a cuerpo; ni a grandes ejércitos de aire, mar y tierra; ni se requieren armas de tecnología teledirigida de alta precisión y poder destructivo. Ahora -siguiendo el ejemplo de los aviadores kamikazes japoneses que se lanzaban contra barcos y aviones de los aliados, y de los vietnamitas en su guerra por la independencia contra Francia, hábilmente endosada a Estados Unidos a pesar del extenso repudio interno que causó-, basta con que un “fiel” se inmole y haga explotar una mochila cargada con explosivos de alto poder para atacar al “enemigo” y obtener efectos globales al demostrar su “capacidad militar” para desestabilizar y sembrar miedo, temor, impotencia y desconfianza.

Más allá de las dos guerras mundiales y las decenas de millones de muertos, la historia del siglo XX está llena de genocidios. A raíz de la primera, hace justo 104 años (24   abril de 1915), se dio inicio a lo que se conoce como el “Gran Crimen” o “El Genocidio Armenio” cuando los turcos, por motivos religiosos y étnicos, comenzaron a expulsar de Estambul a la totalidad de la población armenia al considerarlos inferiores por no ser musulmanes. En 1932, Stalin en su plan de expansionismo territorial sometió a Ucrania a base de privar a su población de alimentos por lo que murieron de hambre varios millones de ucranianos. Después, en plena segunda guerra mundial, tiene lugar lo que se conoce como el Holocausto en el que seis o más millones de judíos son asesinados de diversas y crueles formas.

Las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki ordenadas por Harrry S. Truman en agosto de 1945, para obligar a los japoneses a aceptar la derrota, dejaron cerca de 250.000 muertos y parte de su población expuesta a los efectos nucleares. Estos bombardeos marcan un hito hasta, ahora inamovible, cuanto al uso de la energía nuclear con fines no pacíficos. Estados Unidos de América, Rusia, Gran Bretaña, Francia, China han sido los primeros firmantes de tratados de control de su uso. Sin embargo, India y Pakistán, Corea del Norte e Israel también poseen armas nucleares. En cantidad de ojivas nucleares, Estados Unidos y Rusia pueden considerarse superpotencias por cuanto cada uno tiene alrededor de 7.000 ojivas nucleares; en un rango inferior, entre 300 y 120, están Francia, Reino Unido, China, India y Pakistán; y con menos de 100, Israel y Corea del Norte. Los intentos de Irán de producir ojivas nucleares hasta el momento han sido fallidos.

En la posguerra, entre 1949 y 1969, Mao Tse Tung implanta un régimen de terror, irónicamente conocido como “La Revolución Cultural”, en el que mueren 70 millones de personas. Ejemplo que Pol Pot, líder de los “Jemeres Rojos”, seguirá en Camboya donde, entre 1975 y 1979, murieron más de dos millones de citadinos, pues en su paranoia contra el poder aéreo de Estados Unidos, declaró enemigos a sus propios coterráneos por vivir en las urbes camboyanas. A punto de finalizar el siglo, la disolución de la antigua Yugoeslavia da lugar a la Guerra de los Balcanes (1991-2001) en la que, por razones étnicas y también religiosas, serbios se enfrentan a croatas, bosnios y albaneses, lo que obliga a que la OTAN y la ONU intervengan hasta alcanzar acuerdos de paz. Además del éxodo de población, se calcula que murieron cerca de 200 mil personas.

Por último, entre 1994 y 2000, en Ruanda se enfrentan los hutus y los tutsis por razones tribales, no étnicas ni religiosas, en un conflicto casi ignorado por la comunidad internacional y por los medios de comunicación, en el que participaron tropas belgas y francesas y las tres cuartas partes de la población tutsi fue eliminada de forma salvaje. El actual presidente Paul Kagame, de los tutsis, presidente desde el 2000 y quien, después de un reciente referéndum, podrá gobernar hasta 2024, ha sido un cuestionado y enjuiciado protagonista de todo este proceso calificado de genocidio. Y en Guatemala, a partir de 1980, bajo el gobierno del general Efraín Ríos Mont, de forma sistemática sus tropas masacraron a 100.000 indígenas mayas ixiles y obligaron el desplazamiento de medio millón.

El anterior repaso nos sitúa en el siglo XXI y en el hoy descrito en el primer párrafo, cuya complejidad es grande, aunque su principal fuente de inspiración es el fanatismo religioso islámico conocido como el yihadismo o guerra santa declarada a nombre de Alá. A todo lo anterior hay que agregar la guerra cibernética.

Como es bien conocido, el ataque al superpoder militar y económico mundial del 11S de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono en Washington fue concebido, dirigido y orquestado por Osama Bin Laden y su organización Al-Qaeda, la que, junto con el Estado Islámico, con base en Siria, constituyen hoy las dos formaciones terroristas globales más importantes.

En África, la más conocida es Boko Haram y actúa principalmente en Nigeria. El Grupo Islámico Armado, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, y Al-Jihad operan en Egipto; el Grupo Islámico Combatiente en Libia y su filial en Marruecos. En el Oriente Próximo destaca Hezbolá que sigue buscando la creación de un estado islámico en El Líbano. Allí también opera Asbat-al-Amsar. En Palestina continúan activos Hamas, Fatah Consejo Revolucionario y otros cinco. Un poco más al oriente, en Turquía actúan varios grupos entre los que sobresalen Devrimci Sol y Kongas-Gal. India y Pakistán son escenarios de tres grupos terroristas siendo el más importante Jais-e-Mojammad, al que se responsabiliza del bombardeo lanzado contra un campamento el pasado 14 de febrero en suelo indio.

Cabe mencionar de forma especial el hecho de que La Guardia Revolucionaria Iraní, la misma que derrocó al Sha en 1979, instaló el régimen actual y es parte de este, ha sido tildada de estar vinculada a Al-Qaeda, Hamas, Hezbollah y el Yihad Islámico en Israel y otros países como India e Irak, lo que ha dado lugar a que Trump declare a Irán como un Estado Terrorista, algo inédito.

En América Latina, Colombia y Perú son los únicos países incluidos por Estados Unidos en la lista de terrorismo, lo que podría explicarse en el criterio con el que la construyen: “La actividad terrorista o terrorismo de la organización debe amenazar la seguridad de nacionales estadounidenses o la seguridad nacional (defensa nacional, relaciones exteriores, o intereses económicos) de los Estados Unidos.” De Colombia, además de las tradicionales FARC (que después de los Acuerdos de Paz perdura débilmente en grupos disidentes), figuran el ELN que ha recobrado gran protagonismo especialmente en los territorios petroleros, y las Autodefensas Gaitanistas (anteriormente identificadas como los Urabeños o Clan del Golfo), que se disputan el control de cultivos y rutas de comercialización de la cocaína. Sendero Luminoso en Perú, que luchó a finales del siglo pasado por establecer un estado maoísta, aún tiene presencia en la denominada zona del VRAEM, aunque ahora su objetivo es mantener bajo su control el narcotráfico en ese país.

Como puede apreciarse de esta muestra de grupos terroristas, las motivaciones que los lleva a organizarse y actuar difieren, unos invocan razones ideológicas que persiguen fines políticos, otros se fundamentan en mandamientos religiosos radicales según la interpretación de los considerados textos sagrados (en el caso del Islam hay varios textos o lecturas que van desde las pacifistas hasta las extremadamente violentas), también hay los basados en la supremacía de etnias que persiguen el exterminio de las que creen inferiores, y algunos que luchan por recuperar o expandir territorios que consideran que les pertenecen.

En cuanto al tipo de organización, unos grupos perseveran en la formación de guerrillas que ocupan ciertos espacios territoriales rurales y actúan de forma discontinua y sorpresiva, otros lo hacen a través de pequeñas células diseminadas de forma estratégica que disponen de cierto grado de autonomía o cooperan, a manera de milicias, en áreas urbanas como complemento a la lucha guerrillera. La mayor novedad de los últimos años se encuentra en la forma de seducir adeptos a la causa en cuanto utilizan, además de textos escritos, redes de Internet en las que catequizan a hombres y mujeres para unirse a la lucha colectiva en los frentes bélicos, como en el caso del pretendido establecimiento del califato en el Estado Islámico, o actuar de forma individual o en muy pequeños grupos, a la manera de “lobos solitarios”, hasta inmolarse so pretexto de la recompensa divina después de su sacrificio.

La guerra cibernética, en la que participan un exclusivo número de expertos, es otra forma de micro organización terrorista con un altísimo impacto desestabilizador. Actúan como “hackers” de agencias gubernamentales de los grandes estados cuyos textos son puestos a disposición gratuita en los que delatan acciones hostiles contra estados “amigos” y demás intimidades que ponen en riesgo su confiabilidad por otras naciones. La forma más frecuentemente utilizada durante los últimos años es la interferencia cibernética que supuestamente Rusia ha ejercido en la campaña electoral estadounidense de 2016, así como en algunos países europeos.

Aunque entre los hackers más conocidos figuran el australiano Julian Assange con su red Wikileaks de la que es fundador, y el estadounidense Edward Snowden por haber delatado información secreta de la CIA y de la NSA en 2013, fugitivo y actualmente radicado en Rusia, su iniciador fue Kevin Mitnick quien, en 1981, siendo aún adolescente, saqueó información de organismos de defensa de Estados Unidos.

Entre la lista de los 10 hackers más importantes, según Wikipedia, cabe recordar a Albert González (“soupnazi”), quien desde su colegio en Miami, junto con otros frikis informáticos “participó activamente en el sitio de comercio criminal Shadowcrew.com” y quien negoció su arresto convirtiéndose en “informante del Servicio Secreto”. [1] La necesidad de garantizar la privacidad cibernética ha dado lugar a una de las profesiones más demandadas y mejor remuneradas de nuestra época, particularmente en sectores de las grandes empresas, comenzando por los bancos.

Esta es la realidad en la que los micropoderes, actos de una persona o de unos pequeños grupos, imbuidos de fanatismo unos y expertos en el manejo y control del espacio cibernéticos otros, tienden a cuestionar y desestabilizar los tradicionales macropoderes, tendencia que continuará en la agenda de la humanidad en los años por venir.

Valencia, abril 26 de 2019


[1] https://latam.kaspersky.com/resource-center/threats/top-ten-greatest-hackers



[1] El fin del Poder. Debate. 2013

7 respuestas a “DE LOS MACROPODERES A LOS MICROPODERES BÉLICOS CON ALCANCE GLOBAL

  1. Dr. Nestor. Buen artículo. Los actos de guerra asimétrica son basadas en necesidad o desesperación. Como vimos en el caso de Poderes autocrático . Sus habilidades fueron construidas durante un tiempo de debilidad económica. Aunque pueden Hackuear en computadoras en otra esquina del mundo pero el costo eran las vidas pérdida a raíz de inseguridad alimenticia, crecimiento económico pequeño, y desarrollo débil. Eso vale la pena? La política exterior de Los EEUU es para animar prosperidad, seguridad, y gobernanza transparente porque nuestras alianzas significa un mundo más seguro y estable. Cuando países sin escrúpulos cómo Corea Norte y Russo consiguen sin legítimo o los Estados Unidos es desacoplado el resultado es grave. También, en los Estados Unidos cuando existe un falta de restricciones, justicia y regulaciones nosotros experimentamos tragedias como violencia de armas (lone wolf), corrupción política, y brutalidad policial/asesinatos extrajudiciales (990 en 2018). Desde mi punto de vista, la solución es multifacético. De un incremento de participación económica, de respeto de tierra, a leyes más fuerte. Junto Podemos crear más oportunidades entre Macro y micro poderes en vez de prestando atención después los perdidos de vidas o durante crises humanitarias.

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  2. Buen artículo. Los actos de guerra asimétrica son basadas en necesidad o desesperación como vimos en el caso de los poderes autocráticos, los que se gestaron durante un tiempo de debilidad económica. Hoy en día, se puede hackear los ordenadores en cualquier esquina del mundo, aunque sigue siendo prioritario proteger las vidas que se pierden como consecuencia de la inseguridad alimenticia, un débil crecimiento económico y desarrollo desigual. ¿Vale eso la pena? La política exterior de los EEUU tiene por objetivo animar la prosperidad, seguridad, y gobernanza transparente que se traduce en un mundo más seguro y estable para nuestros aliados. Cuando países sin escrúpulos como Corea del Norte y Rusia se oponen al orden internacional (anexión, trato de armas) el resultado es grave. Por su parte, en los Estados Unidos es necesario abordar la falta de restricciones, procedimientos judiciales y regulaciones frente a las tragedias que vivimos tales como: la violencia de armas (lone wolf), corrupción política, y brutalidad policial/asesinatos extrajudiciales (990 en 2018). Desde mi punto de vista, la solución es multifacética, desde un incremento en la participación económica y respeto por el medioambiente hasta leyes más severas y eficaces. Juntos podemos crear más oportunidades entre los macro y micro poderes para empezar a buscar soluciones efectivas y superar las crisis humanitarias y los efectos perversos del terrorismo en todas sus dimensiones.

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    1. Muy valiosos aportes al tema. Gracias, Cameron. Es cierto, no hay que perder de vista otras causas subyacentes como son la desigualdad, la pobreza, la ignorancia y el hambre. Resalta usted el contraste entre la política internacional de Estados Unidos y el eje Rusia-Corea del Norte. Y muy importante la mención a los problemas internos que persisten en la sociedad estadounidense por la venta libre de armas con las que lobos solitarios asesinan a indefensos jóvenes y ciudadanos dando rienda suelta a sus instintos primarios; o por la violencia policial motivada por prejuicios raciales, ante lo que es urgente adoptar normas que castiguen y controlen tales crímenes «oficiales». Me identifico con la parte propositiva, comenzando por reconocer la diversidad de campos en los que hay que actuar a nivel global: mejorando la distribución de la riqueza y el ingreso, es decir, combatiendo causas estructurales, la necesidad de que todos, absolutamente todos, nos pongamos en la tarea de salvar el planeta de la degradación ambiental que la tiene a riesgo de una gran hecatombe.
      La SOLIDARIDAD es el principio fundamental para encontrar soluciones a problemas que nos son comunes.

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  3. Creo que en el capítulo de los micropoderes, tal y como lo planteas, hay distancias que se me antojan insalvables entre un pirata informático y un terrorista islámico. El segundo es un ser humano fanatizado, víctima de unas creencias de tipo supersticioso que le animan a inmolarse en una acción militar y religiosa a un tiempo. Además, la inmensa capacidad de hacer daño de los yihadistas, que pueden actuar como lobos solitarios, que pueden ser durmientes indetectables por los servicios de inteligencia durante un tiempo indefinido, los hace particularmente peligrosos. Estos enemigos de las sociedades laicas, democráticas y abiertas no están ad portas; están dentro, incluso muchos de ellos se mueven con pasaportes de esos mismos países en los que muchos han nacido e, incluso, se han formado. Se trata, sin duda, de uno de los grandes problemas de nuestro mundo actual. No obstante, me pregunto si no es una forma novedosa del viejo dilema entre civilización o barbarie. Si así fuera, seríamos todos nosotros los interpelados y los obligados a buscar soluciones, tal y como otros que nos precedieron las encontraron para combatir a sus fanáticos. Asegurar condiciones de vida digna con caracter universal y, muy especialmente, garantizar el acceso a la educación y a la cultura serían -quiero creer- condiciones no suficientes pero si necesarias para ese combate del que hablo.

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  4. Muy importante aporte. gracias. Indudablemente, hay distancias insalvables entre los hackers y los terroristas fundamentalistas, pero tienen en común ser micropoderes que desestabilizan a los grandes poderes. La cuestión de fondo es, ciertamente, si se trata de un nueva cara del dilema barbarie o civilización. Esto nos lleva a la obligada referencia a Huntington y su conocida tesis del «Choque de Civilizaciones» que revivió en varios críticos la diferencia entre «una única civilización» y «culturas diversas» (con sus propios mitos) en las que cada una lucha (por la razón y/o por la fuerza) por imponerse como la única. Nudo ancestral aún sin desatar. Estoy de acuerdo con la parte propositiva: seguir trabajando por el mejoramiento de las condiciones de vida de la población global, comenzando por universalizar la educación y el acceso a una cultura, basadas, una y otra, en el principio de la dignidad que subyace en todo ser humano sin distingos posibles.

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  5. Puntos de vista todos interesantes y de buenos contenidos para comenzar un análisis ojalá sin prevenciones ni prejuicios ni radicalismos, yo diría que con solvencia psicoemocional. Decimos que las políticas públicas macro adquieren verdadera dimensión social, cultural y económica cuando se implementan y examinan en los niveles micro, ahí es donde adquieren verdadera dimensión y significado. Si esto no da resultados positivos, esas macro políticas no sirven para la vida de los pueblos, no son garantía de su bienestar. En estos casos el mensajero es más importante que el mensaje, esto no debiera ser, pero pasa en las religiones y en las políticas económicas. Creo que las instancias políticas y económicas no se interesan por la gente, tienen intereses particulares e individualistas, creo que los violentos sean solitarios (sicarios, terroristas) o colectivos (bandas criminales) de cualquier lado ideológico también plantean cambios, como los plantean los políticos desde los discursos pre y post electorales, todo termina en que todo cambie para que todo siga igual. Los micropoderes reproducen morbosamente los macropoderes: hay que terminar con el otro; hay que hacer daño en los bienes públicos; ojalá la pobreza no se termine para tener justificadas las acciones; el populismo venga de donde venga «endulza» el oido de los pobres, de los excluidos; hay que prometer para no cumplir; los Congresos se comportan como nido de víboras y así transcurre el tiempo para las naciones y las personas en los niveles micro. Ambos poderes son morbosamente manejados, los macro y los micro, entre los dos siguen las naciones con sus pesares e incertidumbres. Quizás la historia en uno de sus puntos de quiebre nos sorprenda con verdaderos cambio positivos. A veces sostengo que el homo sapiens tiene mucho de homo y poco de sapiens en cuanro al valor de la existencia y la convivencia humanas.

    Muchas gracias.

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    1. Más allá de los factores estructurales de las sociedades pre y capitalistas, considero que los fundamentalistas, políticos y/o religiosos, avivan las emociones o sentimientos negativos de personas marginadas por el sistema a fin de utilizarlos como armas letales o como soldados obedientes a su causa. Para ello, recurren a medios tecnológicos, los mismos que los conspiradores cibernéticos emplean para saquear información o difundir mentiras, noticias falsas, desinformar al lector e intervenir en procesos electorales democráticos. Sin desconocer, como ya lo he comentado en otros artículos en esta página, la desconexión entre ciudadanos y gobernantes, así como el recurso fácil de ofertas populistas que, a manera de canto de sirenas, hipnotizan a los electores. Finalmente, en cuanto a «verdaderos cambios positivos», pienso que solo se dará cuando, gracias a un repentino salto de la historia, cambie el sistema. Mientras, continuarán reinando las injusticias sociales y la incertidumbre.

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