¿CÓMO GARANTIZAR LA SATISFACCIÓN DE LAS NECESIDADES BÁSICAS?

trabajo infantil


“Después de todo, lo que deberíamos proteger en último término es a los humanos, no los puestos de trabajo.  No tenemos idea alguna de cómo será el mercado laboral en 2050. En 2050, no solo la idea de «un trabajo para toda la vida», sino también la idea misma de «una profesión para toda la vida» podrían parecer antediluvianas.”[1]


Y. N. Harari


El ingreso de las personas físicas tiene como fuentes la remuneración por el trabajo, el pago de pensiones de jubilación, determinados tipos de subsidio – ej.: discapacitados, desempleo-, y rendimientos de inversiones de capital que, como bien se sabe, es el caso de un sector minoritario de la población global. A raíz de la cuarta revolución tecnológica, el Internet de las Cosas (IdC) y la Inteligencia Artificial (IA) productos de algoritmos y robots, tal cual sucedió en las precedentes, aunque esta vez a mayor velocidad, están eliminando más puestos de trabajo que los que crean, así la demanda de nuevos tipos de empleo quede en parte insatisfecha ante el déficit de la oferta educativa. Desde años recientes, la Universidad de Oxford realiza investigaciones sobre la destrucción de empleos que estima en el 57% en países de la OCDE. Todo esto da lugar a la precariedad en el empleo, la desaparición de puestos “para toda la vida” y a la necesidad imperiosa de vivir en una “sociedad del aprendizaje” en la que la educación se convierte en una actividad de permanente reciclaje, ésa sí para toda la vida.


El cambio de composición en la pirámide demográfica ante la disminución de la población en edad laboral y el aumento de la en edad de retiro, al igual que en la expectativa de vida por los avances en la medicina, ampliamente notoria en países avanzados, cuestiona los sistemas actuariales para la formación del ahorro que sirve de base para la generación de la cuantía de las pensiones. Tal situación obliga al Estado -en los que la seguridad social hace parte de sus funciones fundamentales- a destinar parte de los tributos recaudados a cubrir el complemento faltante, a lo que se suma la cuantía destinada a la pensión básica no contributiva para aquellas personas no cubiertas por el sistema pensional convencional. Esta la razón para que los legisladores tengan que enfrentarse a su forzosa revisión lo cual genera descontento popular y frecuentes protestas sociales.


En la búsqueda de soluciones, la renta básica universal -RBU- a cargo del respectivo país del beneficiario, se ha venido estudiando e incluso haciendo algunos experimentos piloto, como en el caso de Finlandia, en el que participaron dos mil personas desempleadas, entre 25 y 58 años, sin consideración a si estaban buscando trabajo o no, quienes recibieron una RBU de 560 euros. Terminada la primera etapa, “no fueron mejores ni peores a la hora de encontrar trabajo en un mercado laboral abierto que los que no gozaron de ella”, afirma Ohto Kaninen, coordinador del Instituto de Trabajo para la Investigación Económica y portavoz de Kela, la agencia de servicios sociales encargada del análisis del experimento. “Sin embargo”, puntualiza su compañera Minna Ylikännö, los destinatarios del estipendio “tuvieron menos síntomas de estrés, menor dificultad para concentrarse y menos problemas de salud, además de una mayor confianza en el futuro y capacidad de influir en los problemas sociales”. Concluyen que dicho programa no ayuda a la hora de aumentar los niveles de empleo o apenas hay diferencias, pero sí para alcanzar un mayor grado de bienestar y sensación de justicia social.[2] Cabe advertir que estas son conclusiones preliminares y que desde ya se insinúan ciertas fallas en cuanto a la metodología estadística utilizada. De todas maneras, la implantación de la RBU, como lo afirma la OCDE, requeriría “una reforma sustancial del sistema tributario”.


En otras regiones y países como Livorno en Italia, Escocia, Holanda y Ontario en Canadá también han ensayado el sistema. En Francia, 13 regiones proyectan realizar ensayos en este año. A raíz de la explotación petrolera, en Alaska se creó en 1976 un Fondo con el objetivo de compartir con la población local parte de los “beneficios generados por la comercialización del petróleo” con resultados positivos y estables. Suiza hizo un referéndum en 2016 sobre el establecimiento de la RBU con resultados negativos. Sin embargo la propuesta no es novedosa pues, como lo analiza en una comprehensiva síntesis Aníbal Maza[3], la RBU tiene múltiples antecedentes históricos, de más de dos mil años: la Annona en el Imperio Romano en la que cada ciudadano romano y su familia recibían gratuitamente ciertas cantidades de trigo , aceite y vino, lo que si bien no cambió la estructura de clases, ni la situación de los esclavos, sí consiguió “asentar aún más el régimen bonapartista de los emperadores romanos que se ganaban el apoyo de la plebe en sus conflictos con otros sectores de la aristocracia”.


La Annona sería modelo y fuente de inspiración para los humanistas del Renacimiento como Tomás Moro (1478-1535) que en su Utopía juega con la idea de un ingreso mínimo universal y Juan Luis Vives (1492-1540) que perfeccionó aún más la idea de una “renta básica”, que debía depender de los municipios y estar vigilada por funcionarios públicos para: “evitar que los clérigos se queden con el dinero so pretexto de la religión y de decir misas para fines piadosos…; y que los mendigos se habitúen a su estado miserable y al deleite por la vida vagabunda que prefieren a todo, aborreciendo el trabajo más que a la misma peste. A esto es menester poner enérgico remedio: los que puedan trabajar deben ser rigurosamente separados de los demás y obligados al trabajo por la fuerza; y a los que han disipado sus bienes, darles la faenas más rudas y peor trato que a los restantes».


Maza continúa su recorrido por el mundo precapitalista de John Locke hasta el neoliberal de Milton Friedman y Robert Nozick, para resaltar que ante la apropiación privada de las riquezas comunitarias “la renta básica es necesaria, tal y como planteaban Milton Friedman (padre de los neoliberales) con su complemento al salario o, más recientemente, el conocido ultraliberal Robert Nozick (profesor de Oxford y uno de los principales teóricos de los capitalistas actuales)”. Trae a la memoria casos similares en la Francia revolucionaria: Condorcet y Payne abogaban por un ingreso establecido por el Estado para evitar la “bancarrota de las familias”, o para compensarlos “por sus derechos naturales perdidos ante la privatización de la tierra” como forma de perpetuar el sistema capitalista y de la burguesía como clase dominante.


Algo similar a lo sucedido en la época Victoriana en el Reino Unido cuando se ensayó un sistema de la RB bajo la denominación de “las leyes de los pobres” para compensar a los campesinos ante la privatización de tierras comunales, con especial participación de las autoridades eclesiásticas lo que estimuló la emigración de campesinos para convertirse en proletarios jornaleros de las ciudades. Maza concluye su repaso advirtiendo que “la historia debe incitarnos a reflexionar acerca de las repercusiones que puede tener la renta básica en el mundo actual, que están bien lejos de terminar con las relaciones de explotación del capitalismo.”


En España, particularmente en Cataluña, hay tanto propulsores (Raventós, Arcarons y Torrens) como detractores (Juan Ramón Rallo) de la RBU. Los primeros aducen que al ceder los ricos renta a los pobres “se consigue una profunda reducción de la desigualdad de renta…El índice de Gini disminuye más de 11 puntos, situándose en un nivel muy similar al de los paí­ses escandinavos”. Por su parte, los opositores “la consideran el abono de sociedades vagas. El economista Juan Ramón Rallo ha dedicado todo un libro a deshacer el concepto: ‘Contra la renta básica’ (Deusto, 2015). «No es el fin el que justifica los medios, sino que son los medios los que permiten justificar los fines: también en el caso de la redistribución estatal de la renta», dice quien quizá es uno de los defensores más vehementes del liberalismo económico. «La solidaridad es un fin muy loable, pero no puede ser impuesta por la fuerza», zanja.[4]


En Kenia, África, se está llevando el experimento más grande y a mayor plazo. Los buenos resultados, especialmente en cuanto a grado de felicidad y paz de la población, ha llevado a GiveDirectly, la ONG que lo patrocina, a   ampliar el cubrimiento a 16.000 personas a fin de comparar “los impactos de la renta básica en cuatro comunidades diferentes con condiciones variables: 40 aldeas recibirán 22 dólares al mes durante 12 años; 80 aldeas recibirán la misma cantidad durante seis años y 100 no obtendrán nada.” [5]


En cambio, en América Latina, la región más desigual del mundo, no hay ningún ensayo en esta dirección. Por el contrario, desde que hace ya más de 30 años se impuso el Consenso de Washington, algunos países como Colombia, siguiendo el ejemplo de la Chile neoliberal de Pinochet, privatizó las pensiones con lo que el capital social así acumulado pasó a formar parte de los activos de bancos privados lo que ha facilitado la rápida consolidación del capitalismo financiero con los consiguientes efectos sociales y políticos. También hay que recordar que otros países, Uruguay y Brasil, por ejemplo, aprobaron sistemas de pensiones que ha permitido a determinados sectores de la población, entre ellos los militares y los funcionarios, hacerse a una pensión de jubilación a temprana -incluso muy temprana- edad.


De todas maneras, volviendo al epígrafe de Harari hay que insistir en buscar soluciones dentro de tres categorías principales: “qué hacer para evitar que se pierdan empleos, qué hacer para crear suficientes puestos de trabajo nuevos, y qué hacer si, a pesar de nuestros esfuerzos, la pérdida de empleo supera con mucho la creación. Pero, como se ha dicho, el espíritu emprendedor económico tendrá que ir acompañado de una revolución en la educación y la psicología… Para estar a la altura del mundo de 2050, necesitaremos no solo inventar nuevas ideas y productos: sobre todo necesitaremos reinventarnos una y otra vez.”


Como puede apreciarse, la situación extrema a la que están llegando las nuevas generaciones por cuanto las condiciones para generar ingreso seguro y estable con altamente inciertas, obliga a continuar estudiando fórmulas que como la RBU tiendan a garantizar, al menos, la satisfacción de las necesidades básicas de toda la población. El problema es global y la solución tiene que ser local, regional, nacional en armonía con las características que le son propias. Lo ideal sería cambiar el sistema económico-político imperante por uno en el que prevalezca el bien común, pero si no se logra es de esperar que, como lo confirma la historia, con tal de mantener sus privilegios los capitalistas cedan parte al resto de la población para subsistir unos y otros.


Valencia, 16 de abril de 2019






[1] Harari, Yuval Noah. 21 lecciones para el siglo XXI (Spanish Edition) . Penguin Random House Grupo Editorial España. Edición de Kindle.


[2] https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-02-08/renta-basica-finlandia-economia-bienestar_1812898/


[3] https://www.laizquierdadiario.com/La-Renta-Basica-una-vieja-historia


[4] https://www.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/paises-experimentos-renta-basica/6345575/


[5] https://www.lainformacion.com/mundo/el-experimento-de-kenia-para-acabar-con-la-pobreza-renta-basica-durante-12-anos/6341163/

8 respuestas a “¿CÓMO GARANTIZAR LA SATISFACCIÓN DE LAS NECESIDADES BÁSICAS?

  1. Como en otras ocasiones, un texto que me agudiza la intranquilidad. Una reflexión que incide en las certezas y en las dudas, en lo que sabemos y en lo que ignoramos. Un fragmento de la entradilla ya es más que desasosegante: «No tenemos idea alguna de cómo será el mercado laboral en 2050. En 2050, no solo la idea de «un trabajo para toda la vida», sino también la idea misma de «una profesión para toda la vida» podrían parecer antediluvianas”
    Y mientras esto se puede leer en este blog, la campaña electoral discurre en España entre amenazas, desacalificaciones y simplicidades. Poco se habla de problemas centrales de nuestra realidad como ciudadanos, muchos de los cuales reclaman soluciones urgentes. El de la RBU sería uno de ellos. ¿Para cuándo piensan abordarlo nuestros representantes?

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  2. Sin duda un tema central para la agenda política. Como complemento a una RBU, me he cuestionado si alternativas para lograr mayor distribución de la riqueza podrían incluir la creación de incentivos para la inversión or el consumo en sectores de la economía que ofrezcan oportunidades de trabajo a poblaciones más frágiles.

    Mientras tanto, en cada una de nuestras elecciones de consumo podemos decidir cómo canalizamos los recursos de los que disponemos. En lo personal, mi apuesta es por consumir servicios locales, algunos en línea, que ayuden a dar sustento a quienes me aportan sin destruir. Ahí están servicios de restauración con productos locales, de turismo, de crecimiento personal, de entretenimiento, entre otros. A la vez, trato de alejarme de consumir objetos inútiles que poco aportan a mi vida o al planeta, como los productos envueltos en plástico.

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  3. De acuerdo, es preocupante la ignorancia, o al menos la indiferencia, de los agentes políticos ante situaciones cambiantes de la sociedad. Podemos habló del tema de la RBU en la campaña de hace 4 años, pero durante la actual no. Coincido también en las características de la campaña electoral próxima a concluir pues solo decepción y tristeza genera entre quienes reconocemos en la política el arte de persuadir para gobernar en beneficio de la comunidad en general y, muy importante, en busca de un mejor futuro.
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  4. Muy importante buscar alternativas a la RBU tendientes a «lograr mayor de la distribución de la riqueza», con tal de que el ingreso de los sectores marginales y medios mejoren. En la interesante propuesta que hace Miguel cabe destacar que «la creación de incentivos» sería una clara política gubernamental.
    En cuanto a la selectividad en el consumo de «servicios locales…que ayuden a dar sustentos a quienes me aportan sin destruir» y de no consumir «objetos inútiles» es encomiable tal conducta y digna de ser imitada, pero su impacto en el conjunto de la economía es sutil, si bien la segunda lleva implícita la imperiosa necesidad de eliminar «el consumismo». La sugerencia de incentivar la economía de servicios demandados en una sociedad en que el ocio va en aumento, tales como los culturales, turísticos y recreacionales, con la que me identifico, supone el fortalecimiento político de las regiones y localidades.
    Este tipo de iniciativas son las que urge ensayar pues justamente de lo que se trata es de activar la innovación y la creatividad para solucionar, o al menos paliar, problemas sociales crecientes.

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  5. Como si hubieran leído el comentario del amigo Joan, Podemos por intermedio de uno de sus voceros habla de la RBU que se puede leer en la edición digital de El Mundo de hoy y que en la parte pertinente dice:
    También plantean una renta básica ¿con qué coste?
    Es un renta garantizada para unos cuatro millones de hogares que están bajo el umbral de pobreza. Afectaría a diez millones de personas sin ingresos, a los que se garantizaría al menos 600 euros al mes. Tendría un coste de 10.000 millones de euros anuales, un punto del PIB.
    ¿Y cómo financiarlo?
    Exclusivamente con un impuesto sobre grandes fortunas para los que tengan patrimonios de más de un millón de euros neto con una exención de 400.000 euros por primera vivienda. Sustituiría al Impuesto de Patrimonio que es ineficaz.
    https://www.elmundo.es/economia/2019/04/18/5cb7600221efa0ae0c8b4618.html

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  6. El problema planteado de la satisfacción adecuada de las necesidades básicas es tan complejo como las soluciones requeridas. El caso de América Latina en este ámbito temático es deprimente, la radicalización ideológica actual no abre espacios de reflexión ni estudio de la situación, pareciera que esto no es relevante. Las llamadas organizaciones sociales salen a la calle y hablan en nombre de los pobres, pero es tan solo una cuestión del discurso y los panfletos del día, por la noche ya nadie piensa en ello. En términos de política pública hay grandes vacíos, los planes de desarrollo nacionales no plantean la cuestión, la deuda pública nos agobia y no aparecen las inversiones públicas ni privadas que impacten directa y contundentemente dicha situación. La evolución acelerada de la tecnología ensombrece el panorama de los mercados laborales, quien pierde el empleo literalmente se despide de él para toda la vida, la época del empleo para toda la vida es asunto del pasado. Los aportes para pensión tienden a reducirse y los jóvenes pareciera no estar motivados a ese tipo de ahorro. El dilema de la dicotomía campo – ciudad no se estudia, el ciudadano urbano debe sobrevivir y el rural también. La oferta de formación ocupacional mantiene estándares del siglo pasado. Estas notas parecen un memorial de agravios, pero es vital ser realista para el análisis y la presentación de propuestas. Se necesitan como condición necesaria excelentes inversiones públicas y privadas y hacer que los políticos y gobernantes no vean estas realidades como virtuales. La desconexión Estado – ciudadano es real.

    De todas maneras, muchas gracias por la paciencia.

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  7. En efecto, es evidente que en América Latina, donde la situación es más grave, la desconexión de los políticos, los gobernantes y el ciudadano ni siquiera permite registrar problemas sociales como el esbozado en esta reflexión, mucho menos las soluciones que en otras latitudes se están explorando.
    Gracias por sus comentarios que enriquecen este tema de extrema complejidad.

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  8. Ernesto Rojas, en correo privado, contribuye al análisis del tema con las siguientes propuestas:
    «Se me ocurre que a la RBU hay que agregarle los SBU o servicios básicos gratuitos para todos: vivienda (incluidos los servicios domiciliarios), nutrición, transporte urbano, educación y preservación de la salud. Todos estos servicios se fueron privatizando y convirtiéndose en otra fuente de enriquecimiento de unos pocos capitalistas que acentuó la desigualdad. Con ello la propensión a abrazar los populismos de derecha y de izquierda se expandirán aceleradamente.
    La RBU introducida exclusivamente puede terminar invertida de forma mayoritaria por los beneficiarios en el pago de los SBU. Se convertiría en una simple garantía de mercado suficiente para los particulares proveedores de los servicios básicos.
    La tecnología permitirá, muy pronto, disponer de fuentes individuales de servicios de agua, energía, internet. De esta manera, al no tener los altos costos de distribución el precio resultará muy bajo, serán bajos.
    La tenencia del mercado de viviendas está cambiándose culturalmente. Va a dejar de ser el Capital Familiar (finca raíz) que permite el acceso al mercado financiero. Pronto se irá perdiendo la raigambre. No se va a vivir toda la vida en la misma ciudad ni en la misma vivienda. La movilidad será impulsada por el cambio frecuente de ocupación y por las frecuentes variaciones en el tamaño de los hogares. La vivienda adquirida “bajo licencia de uso” podría ser una forma de reducir las necesidades de un ingreso básico alto. (Hoy en Colombia se destina una tercera parte del ingreso a pagar vivienda)
    En conclusión, esta discusión debe continuar para evitar que el desequilibrio económico construido por los acuerdos mundiales de los entes financieros, se convierta en un desacuerdo violento, con migraciones masivas y segregaciones, muertes evitables y hambrunas crueles.»

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