EL EMPLEO Y LA CREATIVIDAD DESTRUCTIVA

“Los avances tecnológicos –la inteligencia artificial, la automatización y la robótica– crearán nuevos puestos de trabajo, pero quienes van a perder sus trabajos en esta transición podrían ser los menos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades. Las competencias de hoy no se ajustarán a los trabajos de mañana y las nuevas competencias adquiridas pueden quedar desfasadas rápidamente…”          

(Trabajar para un futuro más prometedor – Informe de la Comisión Mundial   sobre el Futuro del Trabajo. OIT 1-2019)[1] 

La creación y destrucción de empleo continúa siendo factor determinante de la calidad de vida de la población. La historia enseña que el homo technologicus en su evolución ha sido creativo y también depredador. Igualmente, que los cambios no son aceptados de inmediato, que hay sectores proclives a asumirlos de manera fácil y otros reacios a su incorporación. Cuando la primera revolución industrial, en Inglaterra los trabajadores de telares artesanales, y que luego se encontraron en condiciones laborales de explotación, destruyeron las máquinas que lo hacían industrialmente. Se les conoce como los luditas.

En la actualidad abundan los neoluditas que, aferrados a sus equipos, formas y regulación del trabajo tradicional, se rebelan contra las empresas y trabajadores que utilizan aplicaciones tecnológicas que las consideran altamente competitivas. Tal el caso de los taxistas en las principales ciudades de España (también en muchas otras latitudes de países avanzados e incluso en vías de desarrollo) que declaran huelga indefinida para exigir reglamentaciones públicas que les garantice trabajar sin ese tipo de competencia, incluso solicitan prohibir su funcionamiento. Mientras, en un horizonte que ya se asoma, aparecen los coches autónomos, y en Copenhague y otras ciudades ya ruedan los trenes sin conductor.

Justamente, la teoría de Jospeh A. Shumpeter[2] se basa en ese fenómeno que surge en virtud de la competencia que conduce a un cambio constante que impide lograr el equilibrio. Fue Nicolai Kondratiev[3]), economista ruso, quien primero habló de los ciclos económicos, que identificó en períodos de más o menos 50-60 años que se inician con la revolución industrial en 1770; continúan con la era de la energía de vapor de carbón y los ferrocarriles en 1830; finalizando el siglo XIX, el acero, la electricidad y la industria pesada marcan otro ciclo, el que es superado a principios del siglo XX con la explotación y uso industrial del petróleo que acelera la producción masiva; hasta llegar a nuestra era de la información y las comunicaciones que insurge hace 50 años.

Tales cambios tecnológicos, surgidos durante el imperio del capitalismo, repercuten en la sociedad en general, en la economía y de forma particular en los ciclos financieros marcados por las crisis como las de 1797, 1847, 1893, 1929 y la reciente del 2008. En todas ellas, los efectos negativos sobre el empleo han sido  catastróficos. Para paliar la del siglo pasado, John Maynard Keynes esbozó una teoría anticíclica en la que el Estado juega papel protagónico mediante el aumento en las inversiones públicas con el consiguiente efecto en el déficit en la ejecución presupuestal, financiado con emisiones, todo lo cual es necesario mantener dentro de ciertos límites. La misma sirvió a Estados Unidos para aliviar la última, dada la timidez con que fue aplicada, en contraste con Europa que adoptó la política de austeridad  que ha prolongado los efectos de la crisis de 2008, de forma especial en países de la periferia.

A finales del siglo pasado, Clayton Christensen, profesor de la Escuela de Negocios de la Unversidad de Harvard, presentó en su libro “El dilema del Innovador. Cuando las nuevas tecnologías hacen fallar a las grandes empresas”, la teoría que denominó innovación disruptiva, partiendo de la hipótesis de que las innovaciones que utilizan las nuevas tecnologías, e incluso las combinan con las anteriores, se  constituyen en una “fuerza positiva” que abarata costos por cuanto amplía la población a la que pueden llegar, y crean nuevos mercados “al descubrir nuevas categorías de clientes”. Resalta que el poder de los ordenadores y la conexión con los aparatos mediante el Internet de las cosas, acelerarán su capacidad disruptiva.

Ante la velocidad de los cambios tecnológicos y la consiguiente destrucción de empleo, agravada por la crisis financiera y económica del ultimo decenio, la OIT en diciembre de 2017 encomendó a Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, y a Stephen Löfven, actual primer ministro de Suecia, la presidencia de la La Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo. Sus trayectorias profesionales, como ellos mismos lo consignan en el Informe, abarcan los ámbitos empresarial y sindical, ambos convencidos de la importancia del diálogo social.

Algunas cifras del Informe son muy ilustrativas:

  1. Antes de 2030 hay que crear 344 millones (m) de empleos y muchos más para contrarrestar los 190m de desempleados actuales, de los que 68.4m, el 34,1%, es desempleo juvenil.
  2. Hay 300m de trabajadores en extrema pobreza (ganan menos de US$1.90 al día)
  3. El 36,1% trabaja más de 48 horas a la semana
  4. 2.7 m de trabajadores fallecen anualmente como consecuencia de accidentes de trabajo.
  5. 5 Millones de hombres, mujeres y niños son víctimas de la esclavitud moderna.
  6. Brecha salarial de género:  20%.
  7. Entre 2016 y 2017 se produjo un descenso salarial del 1.8% .
  8. Entre 1980 y 2016, el 1 por ciento más rico de la población mundial  aumentó sus ingresos 27%, mientras que el 50 por ciento de la población mundial más pobre solo experimentó un aumento del 12% 8.
  9. Brecha digital: el 53,6% de los hogares  tienen acceso a Internet; en países emergentes (subdesarrollados) es el 15%
  10. Se ha reducido la proporción de los ingresos nacionales destinados a los trabajadores

Entre los indicadores positivos, resalta la casi eliminación del trabajo infantil, tarea que ha tomado al menos dos siglos para alcanzar ese logro. Además, los presidentes de la Comisión, integrada por especialistas de todos los continentes, señalan que en la medida en que avance la adopción de medidas ecológicas, prácticas sotenibles y tecnologías limpias, se creará una economía que demandará nuevos tipos de trabajo, aunque desaparecerán los basados en el carbón y otros recursos minerales cuando los vayan reduciendo por contaminantes. Alemania acaba de cerrar la útlima mina de carbón y Arabia Saudita está invirtiendo en investigación y planeación estratégica para reconvertir su economía en cuanto la explotación del petróleo irá declinando por reducción en la demanda.

Otro factor de indudable trascendencia es el de la evolución demográfica: el crecimiento de la población juvenil en zonas de países emergentes, y el envejecimiento en países desarrollados, tal el caso de Japón y España, en los que el crecimiento vegetativo de la población es negativo. Sin embargo, esta nueva composición tiende a crear puestos de trabajo en la seguridad social y particularmente en el cuidado de las personas mayores, que en el caso de España lo están atendiendo en parte inmigrantes de Sudamérica.

Las propuestas de la Comisión están centradas en el desarrollo de las personas (talento humano), ya no en la explotación de recursos naturales o sistemas administrativos. Las desarrolla en tres ejes temáticos:

  1. Aumentar la invesión en la capacidad de las personas

Con el fin de ampliar sus oportunidades y mejorar su bienestar, garantizando el derecho a la educación a lo largo de la vida tendiente a reciclarse profesionalmente mediante la adquisición de nuevas competencias, flexibilización de los horarios de trabajo y aumentar su autonomía a fin de conciliar su vida laboral con la faniliar. Facilitar el pleno desarrollo del potencial de los jóvenes para el aprovechamiento de las oportunidades emergentes, para hacerlos “precursores del cambio.” Conseguir que las mujeres participen de forma igualitaria, puedan prosperar y conciliar trabajo y familia. Extender la posibilidad de que los trabajadores en edad mayor sigan siendo productivos en cuanto así lo quieran.

  1. Aumentar la inversion en las instituciones de trabajo

Incluye la reglamentación gubernamental, los contratos de trabajo,  los convenios colectivos y la inspección del trabajo, a fin de ampliar la formalización de la fuerza laboral, reducir la pobreza (creciente) de los trabajadores y hacer que el trabajo sea digno, seguro y garantice la igualdad en todas sus formas. Garantizar la representación colectiva de los trabajadores y los empleadores a través del diálogo social.

  1. Aumentar la inversion en trabajo decente y sostenible

En armonía con la Agenda 2030 (ODS) de las Naciones Unidas, se considera prioritario el desarrollo de la economía rural y de las pequeñas y medianas empresas, así como invertir en infraestructuras materiales y digitales de última generación tendientes a reducir la brecha actual, ampliar y mejorar los servicios públicos.

Independiente del Informe, que a mi juicio es altamente positivo aunque a veces deje la impresion de un tanto utópico, lo que antes de ser negativo constituye un incentivo a perseguir esos propósitos, es preciso recordar que la crisis económica reciente ha revivido en los países desarrollados algunas de las características del trabajo de los países emergentes, conocidas como precarización del empleo:

  1. Altos niveles de ocupación informal (normalmente por encima del 50%)
  2. Incremento en los contratos temporales (a veces de solo un día en la semana)
  3. Reducción del empleo industrial y aumento en el sector servicios
  4. La inestabilidad, convertida en común denominador, ha llevado a estimar que un joven que entre hoy en el mercado laboral cambiará una veintena de veces de empleo y en varias oportunidades de ciudad o país.

A todas luces, como el mismo Informe lo asegura, el éxito del programa depende en gran medida de la cohesión que se consiga entre las políticas en materia comercial, financiera, económica y social de cada país y de las respectivas instituciones internacionales agenciadas por las Naciones Unidas. Preocupa la creciente desigualdad entre los países, también a nivel regional en cada uno de ellos, producto de la division internacional de la economía y por ende del trabajo. ¿Cuáles son los sectores productivos que deben crecer en los países emergentes, como los de América Latina, en momentos en los que la economía se basa más en el conocimiento que en la explotación de recursos? ¿Agricultura y turismo? No parece que la brecha se angoste.

Esta dinámica de cambio en las características del empleo, más otras relacionadas con la productividad y su relación con los salarios, se reflejan en varios campos de la sociedad contemporánea, entre ellos el de la seguridad social, particularmente en lo atinente a las pensiones, y ante todo en el sector educativo que se considera desafasado en cuanto a la oferta de estudios y la demanda del sector productivo. Tema que amerita una reflexión especial.

La crisis de los últimos años ha dejado una constante altamente injusta: el desempleo juvenil al que se refiere Zigmunt Bauman en los siguientes terminos:

“Las desigualdades siempre han existido, pero desde hace varios siglos se cree que la educación podía restablecer la igualdad de oportunidades. Ahora, el 51% de los jóvenes titulados universitarios están en el paro y los que tienen trabajo, tienen un empleo muy por debajo de sus cualificaciones. Los grandes cambios de la historia nunca llegaron de los pobres de solemnidad, sino de la frustración de gentes con grandes expectativas que nunca llegaron”.

Valencia, 2 de febrero de 2019


[1]http://ail.ens.org.co/wp-content/uploads/sites/3/2019/01/Informe-sobre-el-futuro-del-trabajo-2019.pdf

[2]Ciclos Económicos. Análisis teórico, histórico y estadístico del proceso capitalista. 1942

[3]The long Waves in Economic Life. 1926

4 respuestas a “EL EMPLEO Y LA CREATIVIDAD DESTRUCTIVA

  1. Ante la velocidad de los cambios tecnológicos y el surgimiento de una nueva economía, los dos problemas mayores son la anarquía que está registrando la sociedad en general y el rezago de los sectores de la política y la educación. El desfase es mayúsculo y la desigualdad creciente.

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  2. Los contenidos de este artículo encienden las alarmas del tablero de las decisiones gubernamentales y privadas respecto de nuestros esquemas tradicionales de desarrollo educativo y formativo en competencias laborales acordes con nuestros tiempos y los que se insinúan.
    La tecnología en su constante proceso de investigación y desarrollo pone a la humanidad al frente de nuevos retos y posibilidades en muchos aspectos, pero al mismo tiempo va dejando rezagados a muchos jóvenes y adultos quienes aún buscan en los mercados laborales una oportunidad de empleo productivo o un emprendimiento viable y sostenible. Sí, el empleo es una variable fundamental en la vida de las personas. Lo más constante en el mundo es el cambio, a veces nos oponemos a este cambio porque sí, otras veces no lo comprendemos, otras veces nos comportamos indiferentes, en fin, son múltiples las facetas humanas frente al cambio. El espectro del empleo cambia velozmente impactado por la tecnología.
    En la actualidad la tecnología impacta también la política y la economía, ya las tres van de la mano. La tecnología no piensa en ideologías ni en partidos, es ella misma y no se detiene a debatir tonterías y majaderías. Los análisis económicos son muy teóricos y macro. Las ocupaciones tradicionales están en vía de desaparecer rápidamente y los cesantes no tienen refugio en la tecnologización ocupacional actual, es decir, van camino del desempleo prolongado, de la informalidad y la exclusión, aumentando el riesgo social. En el caso colombiano el cultivo de la coca (con su consecuencia perversa el narcotráfico en sus distintas modalidades), la práctica de la minería ilegal y el auge del contrabando parecieran “cautivar y recoger” esa creciente cesantía tanto urbana como rural.
    Los organismos internacionales han perdido su credibilidad respecto del mantenimiento de la paz y la obtención de mejores niveles de trabajo productivo de la población económicamente activa urbana y rural. Aquí en Colombia se han aplicado enfoques emanados de esos organismos sin resultados positivos, esto desde la década de los cincuenta del siglo pasado. No hemos sido autónomos y la politización de todo ha sido un obstáculo. Ahora mismo tenemos más del 12% de la población económicamente activa en paro, como dicen en España. Importamos más y exportamos menos.
    Ojalá la I + D en tecnología sea fuente de adquisición y desarrollo de competencias nuevas en los ámbitos de formación y empleo. Somos un país eminentemente usuario de la tecnología, apenas nos asomamos a la producción de programas. La tecnología abre y profundiza brechas, nos empuja y las respuestas pertinentes no son tan rápidas.
    Doctor Néstor Hernando por favor disculpe la extensión del comentario, muchas gracias.

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  3. Gracias por sus valiosos comentarios, apreciado Doctor Bonil.
    La falta de gobernanza mundial hacen inoperantes a los organismos internacionales. De allí que sus pronunciamientos no son más que orientaciones o recomendaciones para que los gobiernos nacionales que sí tienen poder coercitivo adopten las que mejor convengan a sus intereses. Lo lamentable es la miopía de gran parte de nuestros actores públicos.
    Mi propuesta es: conformar un gran centro de estudios estratégicos entre la Academia, el sector público, el sector productivo y el sector social que tenga como misión especial ver de minimizar perjuicios y maximizar beneficios de los cambios tecnológicos en el corto, mediano y largo plazo, dentro de una clara filosofía política democrática.

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