
“Creo que el fascismo y las políticas fascistas plantean hoy la amenaza más virulenta a la libertad internacional, la prosperidad y la paz desde la Segunda Guerra Mundial. He llegado a la conclusión que un Fascista es aquel que reclama hablar en nombre de toda una nación o grupo, y está absolutamente desentendido de los derechos de los demás,y está dispuesto a utilizar la violencia y todos los medios necesarios para lograrlos objetivos que él o ella persiguen.”
Madeleine Albright[1]
En las tres últimas entregas de este blog, hemos visualizado cómo el odio, la ira y el miedo se han globalizado; la declaratoria de un enemigo común, el inmigrante, que amenaza la cultura occidental; y el surgimiento de nuevos populismos. Tres elementos clave, pero no suficientes, para la construcción de un nuevo orden que sustituya a la democracia -hoy en lamentable decadencia signada por la corrupción y la desconexión de los representantes con el pueblo- basada en los principios fundamentales de la igualdad de todos los seres humanos, la libertad individual, la solidaridad y la dignidad, pilar de los Derechos Humanos. El contexto socio económico contemporáneo, bien lo sabemos, se caracteriza por la competencia entre bloques económicos regionales, la velocidad de los cambios, las nuevas revoluciones tecnológicas con la consiguiente destrucción de empleo, las políticas de austeridad extrema para hacer frente a las crisis económica y financiera del último decenio que se traducen en la disminución y en la pérdida de calidad en los servicios públicos fundamentales: salud, educación y pensiones. Todo ello en su conjunto genera incertidumbre, descontento, indignación entre la mayoría de la población. Sin embargo, en ese panorama político que hemos venido analizando, quedan por enunciar otras características e identificar una condición necesaria para poder evaluar si estamos ad portas de un nuevo fascismo.
En cuanto a las características que tipifican ese nefasto sistema político pueden enumerarse las siguientes que, en mayor o menor grado, tipificaron el fascismo del siglo XX: 1. Mentalidad de nosotros contra ellos, nosotros como seres superiores y ellos como pertenecientes a grupos étnicos o raciales distintos; 2. Nacionalista, autoritario y antidemocrático. 3. Violencia y militarismo aupados por el Estado; 4. Gobiernos de derecha aunque, como bien lo anotó uno de sus estudiantes con los que dialogó Madeleine Albright antes de escribir el libro citado, Stalin fue tan fascista como Hitler; 5. Estrés económico que genera protestas para tener lo que consideran que deben tener o reconquistar lo que tuvieron, y siembran el caos; 6. Amplia conflictividad social, desempleo, precarización del empleo, que generan caos ante la ausencia de seguridad; 7. Sentimientos de humillación y venganza por haber sido vencidos en las guerras; 8. Amplio respaldo popular; 9. Fuerte soporte financiero; 10. Control de las comunicaciones mediante la censura, el cierre de medios al servicio de la oposición, propaganda a base de mensajes simplistas que interprete los sentimientos colectivos mayoritarios y ofrezca soluciones a los problemas; 11. Centralización política fuerte en reemplazo de poderes regionales que debilitan el propósito nacionalista; 12. Desprecio absoluto del pluralismo y del feminismo.
Nos falta el elemento fundamental: el Actor, el líder carismático, totalitario y personalista que conecte emocionalmente con el pueblo poseedor de la verdad absoluta e incuestionable. Y ese personaje, que resultó siniestro al igual que los que siguieron su ejemplo en diferentes latitudes, fue Benito Mussolini. Mussolini no fue un ideólogo, pero a través de sus propias vivencias en el primer cuarto del siglo pasado, primero como militante del Partido Socialista Italiano y luego como fundador del “Partido Nacional Fascista”, articulador del “Programa Fascista” (1921), ordenador de la Marcha a Roma de los “Escuadrones de las Camisas Negras” (1922), desde todas las regiones, comenzando por las del Norte que dominaron fácilmente, lograron, con el simple anuncio de tomarse la capital italiana, que el Rey Víctor Manuel III lo designara como Primer Ministro. Al poco tiempo, Mussolini prohibió otros partidos políticos y los sindicatos que fueron reemplazados por el corporativismo y eliminó el empleo femenino en la burocracia. En 1929, logra negociar con el Vaticano el Pacto de Letrán acallando a los fieles católicos. El logro que consolidó su proyecto fue fundir el Estado y el Partido en una sola entidad. Así cumplía con su objetivo: Hacerse con el poder y retenerlo, mediante el predominio de las tácticas sobre las políticas, con la promesa de renovación y reconquista de lo perdido, hacer que Roma fuera de nuevo “il centro del mondo.”
En 1932, ya convertido en Il Duce, publica el libro “La Doctrina Fascista” en el que afirma: “El fascismo niega que el número, por el simple hecho de ser número, pueda dirigir las sociedades humanas; niega también que este número pueda gobernar mediante una consulta periódica; afirma la desigualdad irremediable, fecunda y beneficiosa de los hombres, que no se puede nivelar mediante un hecho mecánico y extrínseco como es el sufragio universal. Se puede definir como regímenes democráticos aquellos en los que, de tanto en cuando, se da al pueblo la ilusión de ser soberano, pero la verdadera y efectiva soberanía reside en otras fuerzas (…).
Hay quienes opinan que el fascismo no es una ideología política, pero es evidente que, al igual que el marxismo, “se nutre de teorías inspiradas en el Estado ético y su concepción colectivista, en oposición a la Ilustración y a la preeminencia del individuo sobre el Estado, típica de la visión liberal. La concepción de un Estado ético proviene del idealismo alemán, a cargo de Georg W.F. Hegel, que coincidentemente, también inspira a otro modelo colectivista como el marxismo, cuya diferencia inconciliable con el fascismo, radica en su pretensión de eliminar al Estado, por ser el instrumento por excelencia de la burguesía”.[2] También, resalta una correlación directa entre la teoría del superhombre y los supuestos básicos del racismo, basados en los escritos de Nietzsche.
Si bien el escritor italiano Primo Levi, uno de los liberados en 1945 del campo de concentración de Auschwitz, afirma que “cada época tiene su propio fascismo” lo cierto es que el 23 de marzo de 2019 los neofascistas podrán celebrar el primer centenario del lanzamiento hecho por Benito Mussolini en la Plaza del Sepulcro de Milán de Los Fasci italiani di combattimento, con el lema “matar o morir”, como respuesta populista a la situación caótica que vivía el país recién terminada la Primera Guerra Mundial.
Coincidencias de la historia, también un 23 de marzo, ahora de 1933, en la Kroll Opera House de Berlín, en la que sesionaba el parlamento alemán por cuanto su sede estaba invadida por grupos hostiles al gobierno al cual Adolfo Hitler había accedido por la vía democrática, obtiene con los únicos votos en contra del Partido Socialdemócrata, poderes omnímodos que le permitían omitir los preceptos constitucionales, esquivar el control del Reichstag y gobernar por decreto. Paso a paso, sutilmente, fue instaurando la política conocida como el Nacismo, identificado con la esvástica o cruz en forma de gancho. Años después, entrada la II Guerra Mundial, Mussolini apoyará a Alemania, y antes intervendrá con aviones bombarderos en la Guerra Civil Española en respaldo a la rebelión militar encabezada por Francisco Franco, El Generalísimo[3], llevando a la práctica su doctrina “que se basa en el postulado previamente establecido de que la paz es ajena al fascismo (…). El fascismo transporta este espíritu antipacifista incluso a la vida de los individuos.”
Los resultados trágicos de la interrelación entre fascismo y nazismo durante la II Guerra Mundial son ampliamente conocidos. Lo que ha sucedido después ha sido la extensión y vigencia de un estado democrático liberal bajo cuyo alero floreció el progreso y la paz, pero también el capitalismo financiero que perdura con efectos sociales perversos, por cuanto la concentración del capital en el 1% de la población ha profundizado la desigualdad. La avaricia de los ricos y la corrupción de los gobernantes se ha convertido en nuevas capacidades para triunfar. Mientras, resurgen las condiciones psicosociales y las socioeconómicas que ante el caos, la desinformación, la manipulación de las redes sociales con mensajes “hechos a la medida” de grupos que “tragan entero” la esperanza de que un líder, un mesías les sacará de la marginalidad en la que han sido arrinconados. De esos personajes, dictadores escogidos “democráticamente”, trata el libro de Madeleine Albright[4]: Donald Trump, “Primero América”, Recep Tayyib- Erdogan el Magnificente, Vladimir Putin, “el hombre de la KGB”, Hugo Chaves, el presidente vitalicio, Viktor Orban, “somos quienes fuimos”, Kim Jong-il, “el líder que siempre estará con nosotros.”
A diario nos enteramos, quienes no estamos de espaldas a los acontecimientos del presente, de los avances de los movimientos y partidos políticos populistas en todo el mundo que abanderan políticas de indudables caracteres fascistas. La razón para calificar la pregunta del título de esta reflexión de si vamos hacia un fascismo blando radica en la baja intensidad en de violencia y la no expansión territorial mediante guerras de invasión (con la excepción de Putin en Crimea y Ucrania con milicias camufladas) que hasta ahora registran tales gobiernos. Eso no les descalifica en los demás aspectos, pues la invasión territorial está siendo sustituida por la interferencia cibernética en los procesos electorales, tal el caso de Rusia en las elecciones de 2016 en Estados Unidos y otras más. También me fundo en la esperanza de que el grado de consolidación de las instituciones democráticas con sus pesos y contrapesos, como ya se confirmó en las elecciones de noviembre de este año, permitan avizorar la no reelección de Trump quien, con su lenguaje irritante y grosero, que dirigentes de otras latitudes están imitando, hace aumentar el desafecto por quienes actúan en la arena pública como representantes del pueblo, de los ciudadanos.
De todas maneras, queda pendiente la tarea de construir una alternativa a la democracia capitalista y al nazismo absolutista. Tarea de las nuevas generaciones.
Valencia, 13 de diciembre de 2018
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[1] FASCISM. A warning. NYT Bestselling autor. 2018
[2] Ricciutti Edgardo. Ideología y política en el Estado fascista. Ideology and policies of a fascist State. Politeia.Vol. 29. No. 36. U.C.V.C.
[3] La URSS también aprovechó la Guerra Civil Española para respaldar a la Resistencia y así experimentar la eficiencia de sus fuerzas aéreas.
[4] La autoridad de Madeleine Albright para escribir sobre este tema candente reside en sus propias vivencias como dos veces exiliada de su país natal, Checoeslovaquia, su paso por la Secretaria de Estado de los Estados Unidos que le permitió, además de dirigir la diplomacia global, conocer personalmente a los hoy convertidos en promotores del neofascismo, y en su calidad de académica como docente e investigadora.
Artículo sobre el mismo tema publicado el 6 de enero de 2019 en El Espectador:https://www.elespectador.com/noticias/noticias-de-cultura/esta-de-vuelta-el-fascismo-articulo-832674
Pareciera que los aforismos de estos contenidos van tomando vuelo nuevamente: «Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado» (el fascismo de Mussolini) y «Un Pueblo, un Imperio, un Líder» (el nazismo de Hitler). Si mezclamos éstos con otras consideraciones ideológicas regionales o locales tendríamos fascismos criollos ejerciendo con fuerza oposición a cualquier intento de cambio de ideario. Yo pienso que el águila no vuela antes de descubrir que tiene alas y que está hecho para volar, además tiene que aprender a volar, despegar y volver a aterrizar. Los intentos de cambio en América Latina han sido más frustraciones que realizaciones, tenemos gobernantes aprendices de brujo que han optado por el autoritarismo y la autocracia, se han desviado apenas comenzando el experimento socio – político y el fracaso ha sido la tragedia de los pueblos involucrados. Nuestro vecino geopolítico así lo demuestra y enseña. Para qué mantener el poder en una sola persona tanto tiempo cuando su ineptitud e ineficacia son resultados de su ignorancia y mediocridad. La democracia como aquí la conocemos es obviamente imperfecta, pero los que quieren el cambio fracasan y se tornan parásitos del presupuesto nacional. El discurso populista venga de donde venga o de quien venga no convence ni persuade. Entonces, como decía Nietzsche, «el eterno retorno de las cosas» o en términos coloquiales «que todo cambie para que todo siga igual».
Muchas gracias por enriquecer los análisis de esta situación actual tan complicada como compleja.
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El caso latinoamericano es digno de analizarse dentro del contexto de países del tercer mundo o «emergentes» como caritativamente
les califican los avanzados. El caso de Perón en Argentina que, con diferentes mutaciones, ha sobrevivido unas veces como partido -ahora bifurcado- gobernante o desde la oposición. El peronismo ha logrado penetrar incluso en la mentalidad de los representantes de la Iglesia Católica hasta tal punto que Francisco es tildado de peronista. Curioso también el papel de la mujer en la política argentina.
Otros que no llegaron a gobernar, pero que dejaron huella indeleble como es el caso de Colombia con Jorge Eliécer Gaitán, fenómeno que analiza con amplitud Marco Palacios en varios de sus libros.
México es un venero de populismos gobernantes ahora en pleno ejercicio de sus funciones.
A Chaves lo hemos vivido de cerca con sus graciosas picardías mediáticas mientras hacía la vista gorda a los corruptos que le rodeaban; bien distinto de Maduro que, a fin de cuentas, no es más que la cara civil de una dictadura militar reforzada por regímenes totalitarios,. Irán y Rusia, también China en el aspecto económico, titulares de la hipoteca de la economía venezolana, es decir, de la producción petrolera en declive mientras el pueblo más que empobrecido tiene que emigrar..
También vale la pena mencionar el carácter falangista de algunos de los gobernantes colombianos que a mediados del siglo pasado persiguieron por todos los medios a la oposición, establecieron la censura, cerraron periódicos, incendiaron las residencias de dirigentes y expresidentes a quienes obligó asilarse en países amigos. Sin olvidar que también intentaron aprobar una Constitución corporativista. Vivencias que experimenté en mi juventud.
Gracias por sus siempre enriquecedores y provocadores aportes, apreciado amigo. .
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Se ha abusado en demasía el concepto fascismo, tanto en el debate partidario como en los medios de comunicación. Con frecuencia se usa simplemente como sinónimo de régimen en extremo autoritario, y el fascismo es mucho más complejo que eso. Tambíén ha ocurrido algo parecido con el adjetivo fascista, utilizado con displicencia incluso por la izquierda política, que habría de ser muy cuidadosa con hacerlo. Así se ha hablado de 60 millones de fascista en Brasil o 400 mil en Andalucía, de igual manera que para el chavismo/madurismo venezolano la mitad de Venezuela es fascista.
En un artículo publicado en The New York Review of Books el 22 de juny de 1995, Umberto Eco decía que en un régimen fascista se pueden eliminar uno o más rasgos pero aun se le podrá reconocer como fascista. Retire el imperialismo del fascismo y aún tendrá Franco y Salazar. Retire el colonialismo y aún tendrá el fascismo balcánico los ustashas. Agregue el fascismo italiano un anticapitalismo radical (que nunca fascinó mucho a Mussolini) y tendrá Ezra Pound. Agregue el culto a la mitología celta y el misticismo del Grial (del todo ajeno al fascismo oficial) y tendrá uno de los más conspicuos gurús fascistas, Julius Evola. El maestro italiano añadía qué, a pesar de este carácter borroso y difuso, me parece que es posible establecer una lista de rasgos que son propios de lo que llamaría el Ur-Fascismo o Fascismo Eterno. No es posible organizar estos rasgos en un sistema, porque muchos son contradictorios con otros, y son también característicos de otros tipos de despotismo o de fanatismo. Pero basta que un esté presente para hacer posible que el fascismo coagule a su alrededor.
Creo que hay que mirar más hacia el presente que hacia el pasado. Nuestra sociedad es muy distinta de la de los años centrales del siglo pasado, y los neofascismos de hoy presentan diferencias importantes que pueden equivocarnos.
Eco finalizaba su artículo diciendo que todo sería más fácil si apareciera ante la opinión alguien que dijera: «Quiero reabrir Auschwitz, quiero de nuevo escuadras en camisa negra desfilando en las plazas italianas». Pero la vida no es tan simple. El Ur-Fascismo puede devolver bajo los disfraces más inocentes. Nuestro deber es descubrirlo y señalar con el dedo todas sus eventuales reapariciones: todos los días, en cualquier rincón del mundo.
En este sentido recordaba las palabras de Franklin D. Roosevelt del 4 de noviembre de 1938: «Oso afirmar, y ya sé que puede sorprender, que si la democracia americana deja de ir hacia delante como una fuerza viva, velando día y noche para mejorar, con medios pacíficos, la vida y el destino de nuestros ciudadanos, el fascismo crecerá en fuerza en nuestro país. «la libertad y la liberación son una tarea que no se acaba nunca».
Así es amigo mío. Creo que fueron muchos los que, incluso sin haber leído a Fukuyama, creyeron que habíamos llegado al fin de la historia; y no era así ni parecido. La lucha por la libertad no acaba nunca, tal es la fuerza de sus muy poderosos enemigos.
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Muy pertinente, por parte del catedrático de Historia Contemporánea y amigo Joan Del Alcázar, traer a la memoria las múltiples aportaciones de Umberto Eco, nacido en pleno régimen fascista.De Eco bien vale la pena recordar Las 14 Condiciones del Eterno Fascismo:
1.Culto a la tradición.
2.Rechazo a la modernidad.
3.Culto a la acción y por la acción.
4. El sincretismo, que difícilmente puede aceptar el pensamiento crítico
5. Exacerbar el natural miedo a la diferencia
6.Frustración individual o social.
7. Interiorizar como privilegio haber nacido en un país determinado
8. Sentirse humillados por la riqueza que ostentan los enemigos.
9. No hay lucha por la vida, sino más bien «vida para la lucha».
10.Fuerte presencia de elitismos aristocráticos y militaristas.
11.Cada uno está educado para convertirse en un héroe. .
12.El desdén hacia las mujeres y una condena de la castidad y la homosexualidad.
13.Seguir las decisiones de la mayoría.
14.La «neolengua»: el lenguaje popular y simple, construido sobre etiquetas.
Otro catedrático amigo,desde el campo de la filosofía, me ha indicado la necesidad de hacer «una alusión explícita al texto más importante que es LOS ORÍGENES DEL TOTALITARISMO, de Hannah Arentd, que conozco.. Y estudiar un poco más los orígenes del régimen del General Franco, sobre todo, los seis primeros meses de la Guerra in-civil, o quizá los dos primeros años cuando los intelectuales que colaboran con el gobierno provisional del General Franco establecen, muy claro, las distancias con los regímenes italiano y alemán…».
A lo que le he contestado: «Indudablemente que es apenas una aproximación al tema escrita dentro de limitado número de palabras y no es un texto de corte académico. Tus comentarios me sirven por sí más adelante me da por “abrir el acordeón” de las “visualizaciones».
Tales contribuciones, desde diferentes ópticas de la filosofía política y desde disciplinas distintas enriquecen el tema y confirman la importancia de este tema como tendencia de nuestra contemporaneidad y me sirven de estímulo para continuar el año entrante con mis «reflexiones»..
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Muy pertinente, por parte del catedrático de Historia Contemporánea y amigo Joan Del Alcázar, traer a la memoria las múltiples aportaciones de Umberto Eco, nacido en pleno régimen fascista.De Eco bien vale la pena recordar Las 14 Condiciones del Eterno Fascismo:
Indudablemente que es apenas una aproximación al tema escrita dentro de limitado número de palabras y no es un texto de corte académico. Tus comentarios me sirven por sí más adelante me da por “abrir el acordeón” de las “visualizaciones
1.Culto a la tradición.
2.Rechazo a la modernidad.
3.Culto a la acción y por la acción.
4. El sincretismo, que difícilmente puede aceptar el pensamiento crítico
5. Exacerbar el natural miedo a la diferencia
6.Frustración individual o social.
7. Interiorizar como privilegio haber nacido en un país determinado
8. Sentirse humillados por la riqueza que ostentan los enemigos.
9. No hay lucha por la vida, sino más bien «vida para la lucha».
10.Fuerte presencia de elitismos aristocráticos y militaristas.
11.Cada uno está educado para convertirse en un héroe. .
12.El desdén hacia las mujeres y una condena de la castidad y la homosexualidad.
13.Seguir las decisiones de la mayoría.
14.La «neolengua»: el lenguaje popular y simple, construido sobre etiquetas.
Otro catedrático amigo,desde el campo de la filosofía, me ha indicado la necesidad de hacer «una alusión explícita al texto más importante que es LOS ORÍGENES DEL TOTALITARISMO, de Hannah Arentd, que conozco.. Y estudiar un poco más los orígenes del régimen del General Franco, sobre todo, los seis primeros meses de la Guerra in-civil, o quizá los dos primeros años cuando los intelectuales que colaboran con el gobierno provisional del General Franco establecen, muy claro, las distancias con los regímenes italiano y alemán…».
A lo que le he contestado: «Indudablemente que es apenas una aproximación al tema escrita dentro de limitado número de palabras y no es un texto de corte académico. Tus comentarios me sirven por sí más adelante me da por “abrir el acordeón” de las “visualizaciones».
Tales contribuciones, desde diferentes ópticas de la filosofía política y desde disciplinas distintas enriquecen el tema y confirman la importancia de este tema como tendencia de nuestra contemporaneidad y me sirven de estímulo para continuar el año entrante con mis «reflexiones»..
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