Néstor Hernando Parra

“De ser necesario, continuaremos la guerra solos, y no nos asusta. Pero confío en que se dé cuenta, señor Presidente, de que la voz y la fuerza de Estados Unidos pueden no importar nada si se demoran demasiado. Podrá encontrarse con una Europa completamente sometida, nazificada, establecida con asombrosa rapidez, y el peso tal vez sea mayor del que podemos soportar”.
Winston Churchill [i]
Después de un perseverante esfuerzo diplomático, Churchill logró comprometer al presidente Roosevelt en la defensa conjunta frente a la invasión de Hitler a Europa. En agosto de 1941, los dos líderes firmaron la Carta del Atlántico. En cumplimiento de lo allí pactado facilitó el “arrendamiento” de destructores navales supuestamente obsoletos, a cambio de acceso a estadounidense a bases militares británicas. Más adelante, a raíz de Pearl Harbor, la intervención de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial fue factor decisivo para contener la ocupación de territorio británico por Alemania hasta finalmente derrotar a Hitler, aunque tuvo que soportar los constantes bombardeos de los Stukas y los Mezzerschmitt Med 09 la Luftwaffe nazi bajo el mando de Hermann Göring, sin que los cazas, los Sptifires y los Hurricanes de la RAF inglesa pudieran controlarlos.
Ochenta años después, Biden y Johnson han firmado una Nueva Carta del Atlántico con miras a detener los avances de China como poder militar, especialmente naval, fortalecer “con todos los socios que comparten nuestros valores democráticos y para contrarrestar los esfuerzos de aquellos que buscan socavar nuestras alianzas e instituciones» resaltar la unidad respecto a los principios de soberanía, integridad territorial y la resolución pacífica de disputas, «libertad de navegación y sobrevuelo, y de otros usos legales de los mares». De contera, advierten a Rusia que la OTAN seguirá siendo la principal «alianza nuclear», mientras continúe existiendo este tipo de armamento.
Otro tema abordado entre los dos líderes, de especial sensibilidad internacional, fue el de Irlanda del Norte en cuanto, a raíz del Brexit, los dos bandos político-religiosos han retomado posiciones de enfrentamiento a falta de una reglamentación clara y precisa sobre las denominadas “fronteras invisibles” con la República de Irlanda que sigue siendo miembro de la Unión Europea. Biden ha recordado que el Acuerdo del Viernes Santo, que dio lugar a la finalización del conflicto interno en 1998, del que Estados Unidos fue gestor, no puede ponerse en riesgo por cuanto es fundamental para la paz de la región. En consecuencia, precisa a Johnson a que expida, antes del 30 de junio cuando vence el plazo acordado con la UE, la debida reglamentación respecto de los controles en los puertos marítimos a fin de facilitar la inspección de las mercancías de forma transparente en las regiones británicas e Irlanda.
Después de la reunión bilateral entre los dos mandatarios anglosajones, se reunió en Corneales, al suroeste de la isla, el G-7 -Estados Unidos, Alemania, Italia, Japón, Canadá, Francia y Reino Unido- para evacuar una agenda de alcance global: pandemia de la Covid-19, solidaridad con países en desarrollo para combatirla mediante envíos escalonados durante 2021 y 2022 de mil millones de vacunas; Pacto con la Naturaleza 2030, relativo al cambio climático, que también incluye cuantiosos aportes a países pobres para ayudarles a cumplir las metas señaladas en el Acuerdo de París; y el establecimiento de un impuesto mínimo global, al menos del 15%, a las multinacionales tecnológicas, tema que deberá abordar la reunión del G-20 prevista para julio en Venecia. Igualmente, se ha acordado la construcción de una red mundial de infraestructuras, denominada Build back better for the world, que tiene como objetivo «responder a las necesidades colosales de infraestructuras en los países de ingresos medios y bajos», ambiciosa y tardía respuesta a la que desde 2013 ha iniciado China.
La siguiente escala, ya en territorio continental, ha sido en Bruselas donde después de siete años de no reunirse se ha celebrado una cumbre bilateral con la Unión Europea en la que han acordado suspender, durante los próximos cinco años, las cargas arancelarias a productos de ambos lados que comenzó cuando Estados Unidos sancionó a Europa por los subsidios que Airbus recibía de la UE y como respuesta se impusieron cargas tributarias similares a los fabricantes de aviones Boeing, lo que desencadenó similares medidas para diversos productos, como el vino y el aceite de oliva españoles.
A raíz de este acuerdo, Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha declarado: “El acuerdo que hemos alcanzado abre realmente un nuevo capítulo en nuestra relación, porque pasamos del litigio a la cooperación en materia de aeronaves, y eso después de casi 20 años de disputa».
La cúspide de esta primera gira internacional de Biden se ha producido en la reunión de la OTAN celebrada en Bruselas con una agenda igualmente marcada por las confrontaciones con China y Rusia a nivel mundial y en especial a los países miembro de la Organización, la retirada del escenario bélico de Afganistán, la reiteración del compromiso de neutralidad energética para 2050. En la declaración final se califica la política china de “desafíos sistémicos” al orden internacional basado en reglas y para las áreas relevantes para la seguridad de la Alianza, lo que ha dado lugar a una dura réplica de China. La próxima reunión de la OTAN será en España en 2022.
Biden ha cerrado la gira con una reunión cara a cara con Putin en Ginebra el pasado 16 de junio, que ha durado algo más de tres horas, en la cual han acordado “frenar los ciberataques”, el regreso de sus embajadores, mejorar el control de las armas nucleares, y continuar buscando entendimiento común entre ambas partes, todo lo cual ha generado un ambiente de distensión.
En conclusión, Biden ha puesto en los escenarios ya enunciados la diplomacia de las alianzas, contraria al aislacionismo nacionalista de su antecesor que tanto perjudicó la confianza y credibilidad en la política internacional estadounidense. Quedan por ver las consecuencias en el capitolio en Washington donde los republicanos siguen mayoritariamente aferrándose al liderazgo de Donald Trump. Aunque, para efectos políticos internos lo fundamental está centrado en la aprobación del plan quinquenal de desarrollo tendiente a renovar las infraestructuras viales, ya obsoletas, con un costo cercano a los dos billones de dólares, incentivar el desarrollo de la ciencia y las tecnologías, a la manera de Kennedy en los sesenta del siglo pasado como respuesta a los avances de la URSS en la conquista del espacio. Ahora, se centrarán en el espacio cuántico en el que China ha tomado la delantera, al igual que en la construcción de la Nueva Ruta de la Seda que tiene como objetivo capturar territorios y mares para hacerse con el control del comercio internacional.
La fortaleza de Biden como gobernante es el conocimiento íntimo, real de la política de Washington y, muy importante, de la internacional. No en vano lleva trasegando en ellas más de treinta y cinco años, lo que le ha permitido relacionarse de forma directa con los políticos de las diferentes partes del mundo mediante su participación en reuniones internacionales, entre ellos Xi Jinping y Vladimir Putin, presidentes de los dos países que encabezan la agenda internacional de Estados Unidos dadas sus fortalezas internas y el sistema autocrático.
En los últimos tres decenios, China ha pasado de ser un país en vías de desarrollo a un uno altamente desarrollado y su objetivo estratégico es muy claro: liderar el mundo, destronando a Estados Unidos de América. Para ello sigue avanzando en la conquista del espacio, en las tecnologías cuánticas, en el crecimiento de su economía, en la conquista de nuevos mercados, en alianzas de diversa índole con países en vías de desarrollo, comprando territorios en los atrasados, consolidando el control de los mares, expandiendo la infraestructura global a su conveniencia estratégica.
Por su parte, Rusia insiste en expandir sus fronteras territoriales, de allí la importancia que Biden le dio al reunirse en Bruselas con los respectivos presidentes de los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, que se sienten amenazados de ser invadidos por Putin, tal como lo hizo con Crimea y sigue intentándolo con Ucrania, aunque en su reciente arremetida tuvo que frenarse ante la intervención de la Casa Blanca.
Lo que China y Rusia tienen en común es su sistema autocrático, en el que ni la oposición ni la libertad de prensa e información tienen cabida, sus líderes son encarcelados, asesinados, envenenados, desaparecidos. Todo ello evidencia que el enfrentamiento es político, de sistema y, en particular, de la vigencia de los derechos humanos, claramente vulnerados por esas dos potencias. A pesar de las contradicciones, luces y sombras de la democracia estadounidense a través de la historia, tanto en su interior como en el campo internacional, cabe afirmar que Biden, al volver a afianzar las alianzas con Europa, promueve una especie de Renacimiento político, dado que es la cuna de la democracia, así como de la socialdemocracia tan necesaria en el mundo contemporáneo.
Valencia, 18 de junio de 2021
[i] Cable de Winston Churchill a Roosevelt enviado el 15 de mayo de 1940. Citado en “Esplendor y Vileza”. Erik Larson. Ariel 2021