CHILE: LA CONTINUA BÚSQUEDA DE UN MODELO POLÍTICO

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Néstor-Hernando Parra

En la década previa a la victoria de Allende y de la UP, América latina asistió a una importante movilización social, política y cultural, fundacional que llega hasta nuestro presente. En dichos movimientos los estudiantes fueron un actor social relevante…En Chile fueron los partidos de la izquierda, los sindicatos y también la juventud los que se lanzaron a las grandes alamedas para que los hombres libres pudieran construir una sociedad mejor.”

Joan Del Alcázar[1]

“Ese día, 4 de agosto de 1939, en Burdeos, quedaría para siempre en la memoria de Víctor Dalmau, Roser Bruguera y otros dos mil y tantos españoles que partían a ese país larguirucho de América del Sur, aferrado a las montañas para no caerse al mar. Del que nada sabían. Neruda habría de definirlo como un <largo pétalo de mar y vino y nieve…> con una <cinta de espuma blanca y negra>, pero eso no les habría aclarado su destino a los desterrados… Al anochecer, con la marea alta, el <Winnipeg> levó anclas… Desde el muelle, Pablo Neruda los despidió agitando un pañuelo blanco hasta que se perdieron a la vista”. 

Isabel Allende[2]

Las elecciones de los miembros de la Constituyente, acordadas como vía para solucionar el enfrentamiento más violento de los muchos que en el último decenio se han dado entre la insurgencia estudiantil y las fuerzas del Estado en Chile, se han postergado. La recién aprobada reforma constitucional -habida cuenta de la situación de la pandemia- las fija para el 15 y 16 de mayo. Elegirán a 155 “convencionistas” quienes tienen la misión de acordar las normas que en su conjunto constituirán un nuevo modelo político, democrático y justo. Así lo aprobaron en referéndum el 78% de los que participaron en esa histórica jornada el 25 de octubre de 2020. Como este año también los chilenos eligen gobernadores regionales -segunda vuelta el 13 de junio- y presidente de la República -primera vuelta el 21 de noviembre- así como un nuevo parlamento, la política será factor dominante en la sociedad chilena, situación que se prolongará al 2022.

Chile, originalmente habitado por indígenas de varias etnias -mapuches y aymaras las más numerosas hoy, luego en el siglo XVI conquistado y colonizado por españoles, también por inmigrantes alemanes a partir del XIX, sigue siendo un laboratorio sociopolítico desde el cual analizar, y tratar de entender en medio de profundas contradicciones a la América Latina: tiene el más alto ingreso bruto per cápita entre los de la región, es miembro de la OCDE, pero ostenta el más alto índice de desigualdad quizá porque hay franjas de población invisibles: el pueblo mestizo.

En el terreno político, en los últimos cincuenta años, ha sido referente de variados regímenes políticos: como país regido por una democracia liberal, como pueblo en busca de una revolución socialista pacífica, también de una dictadura cruel y cruenta, similar a la que durante 40 años padeció el pueblo español. Hoy, sigue buscando por la vía participativa de la consulta popular una nueva Constitución que defina el marco jurídico para que Estado y Sociedad concurran al “pasillo estrecho” de la democracia y propicien la corrección de las injusticias sociales que le agobian. Según algunos analistas, las decisiones no serán fáciles por cuanto las fuerzas progresistas, como siempre, están divididas y, en cambio, las de derecha compactas. Además, a éstas les queda fácil ejercer el poder de veto ya que las normas deben ser aprobadas por las dos terceras partes al menos. 

Hubo un momento en el que la historia latinoamericana se estudió entre dos polos: la revolución comunista cubana de Fidel y el Che, que se exportó a los países del área, incluso al continente africano; y la dictadura de Augusto Pinochet que se consolidó después de reducir el tamaño del Estado, privatizando las empresas públicas, abriendo la inversión al capital extranjero y celebrando convenios comerciales bilaterales: el modelo del Consenso de Washington. Hoy, en plena globalización económica, de comunicación instantánea en virtud de la tecnología, envueltos en la encrucijada de la pandemia en la que nos invade la incertidumbre, cuando estamos viviendo el dilema de libertad o seguridad, se hace evidente la necesidad de contar con un Estado fuerte, con suficiente poder intervencionista en procura de garantizar el bien-estar, el bien-vivir de sus ciudadanos, así como una democracia participativa.

Quizá, lo que más ha cautivado la atención de los historiadores es la relación entre los dos modelos de regímenes políticos sucedidos uno tras otro en el decenio de los setenta del siglo pasado: la “Revolución Socialista por la Vía Pacífica” de Salvador Allende, en abierta contradicción con los dictados de Moscú y La Habana, y la dictadura del General Augusto Pinochet auspiciada por Estados Unidos.

A partir de 1955 los economistas Milton Friedman y Arnold Harberger de la Universidad de Chicago, iniciaron un programa conjunto con la Universidad Católica de Chile, dando un fruto que maduraría en la segunda mitad de los setenta, cuando Chile sirvió de conejillo de indias del Neoliberalismo, cuando ante el éxito del segundo <shock> se convirtió en modelo económico que luego se impuso en el mundo capitalista gracias a la acogida y al impulso de Thatcher y Reagan, sin que hasta el momento surja uno nevo que lo sustituya. Sus efectos nocivos, advertidos a tiempo por quienes defendíamos el modelo socialdemócrata, pero no atendidos, los han padecido los países periféricos, pero también los propios Estados Unidos como bien lo comprueban los hechos políticos y sociales de los últimos años.

Además, el intento fracasado de la revolución pacífica de Allende repercutió en Europa, donde -como lo rememora el Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, Joan Del Alcázar en su reciente libro, de obligada lectura por cuanto cubre los últimos 50 años de la compleja evolución sociopolítica de Chile- se fraguó “la estrategia del compromiso histórico entre democristianos y comunistas propuesta por Berlinguer en Italia, como la alianza entre el Partido Comunista y el Socialista de Francia, o como las ideas defendidas por el entonces secretario general del PC de España (Santiago Carrillo) en su libro Eurocomunismo y Estado… El Eurocomunismo se oficializó en marzo de 1977, cuando los secretarios generales Enrico Berlinguer del PCI, Santiago Carrillo del PCE y George Marchais del PCF se reunieron en Madrid, donde presentaron las líneas maestras de su posición política.”[3]

La novela de Isabel Allende, basada en personajes reales, comienza en el fin de la resistencia republicana en Cataluña, el heroico éxodo hacia Francia por los Pirineos, los refugios-campamento en los que fueron confinados en condiciones deplorables justo en momentos en que Hitler invade Polonia y declara la guerra a Francia y el Reino Unido. Era el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Pablo Neruda, en su calidad de Cónsul de Chile en París, reúne donaciones para embarcar en el Winnipeg a refugiados. Comunistas, anarquistas y ateos los llamarán las élites chilenas. Después de que los dos personajes centrales de la historia, Víctor Dalmau quien se hará cardiólogo, y Roser Bruguera, pianista y profesora, se hacen al patio hasta considerarse chilenos y haber sido amigos de Salvador Allende, tienen que emigrar de nuevo a raíz de la dictadura de Augusto Pinochet, ahora a Venezuela pues en España sigue gobernando El Caudillo.Era la época en la que la consigna de los periódicos de la derecha era: chilenos, junten odio.

La diáspora chilena se expandió por países de Europa y América. En su gran mayoría estuvo conformada por intelectuales de diferentes disciplinas, algunos de ellos estaban trabajando en el diseño de teorías de las ciencias cognitivas, conocidas como <cibernética>, de las cuales serían precursores, tal el caso de Francisco Varela y Humberto Maturana. Ciencia que a la par de sistemas organizacionales complejos se sigue estudiando y cuyos avances son analizados en congresos como los que convoca periódicamente el profesor chileno-británico Raúl Espejo en su calidad de presidente del «World Organisation of Systems and Cybernetics” y Director de «Syncho Research». La próxima reunión será en Moscú copatrocinada por la Academia de Ciencias rusa. Aunque, sin duda alguna, es en el campo de las ciencias económicas y sociales donde más se diseminaron sus conocimientos por diferentes universidades y foros internacionales.   

El arco temporal por el que transita la novelista Isabel Allende, 1939-1994, es suficiente para cubrir la muerte de Franco, la exitosa “Transición” española hacia la democracia; el suicidio de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 ante el asalto al Palacio de la Moneda por los militares; la muerte de Pablo Neruda, quizá envenenado, un mes después, en su refugio de Isla Negra; los asesinatos, las desapariciones, las detenciones en campamentos desérticos, hasta el triunfo del No en el referéndum de 1988 -previsto en la Constitución de Pinochet aprobada en 1985- en el que buscaba ser “reelegido” por 8 años más como Jefe de Estado. “Nadie quedó sin votar, ni los ancianos en sus sillas de ruedas, ni las mujeres con contracciones de parto, ni los enfermos en camillas”.  

Los intentos de un autogolpe de Estado para perpetuarse en el poder no tuvieron éxito por cuanto sus antiguos patrocinadores, los agentes de la inteligencia americana, no lo apoyaron. Fue en ese “Arco Iris” (el famoso spot de la oposición) en el que se fundieron los chilenos en busca del regreso a la democracia, aunque cargaba con la pesada herencia de la Constitución de Pinochet aprobada en 1985, de la cual hoy buscan liberarse por completo y diseñar un modelo político en el que la riqueza no siga estando en una veintena de familias, se corrija la desigualdad social y el Estado brinde a todos, sin distinciones de ninguna índole, bienestar y seguridad. En el que la salud no sea mercantilizada como un producto más de los intereses privados. Y, lo fundamental, donde los dineros públicos -los de todo el pueblo- no se los apropien los corruptos que, de forma circular, infestan los poderes del Estado incluso el judicial.

Entre los capítulos del libro del historiador Del Alcázar hay dos que son relevantes: el relativo al estudio de las fuentes audiovisuales, documentales y ficciones, un recurso poco utilizado, pero de gran impacto. El otro es el principio del fin del dictador a raíz de la detención de Pinochet en Londres en virtud del <Sumario 19/97 Terrorismo y Genocidio “Chile-Operación Condor” que instruyó el juez Baltasar Garzón contra Augusto Pinochet Ugarte y otros por genocidio, terrorismo y torturas>, en el cual actuó como perito de la acusación ante la Audiencia Nacional[4]

Si bien en marzo de 2000 regresó a Chile, después de la decisión de un ministro inglés que consideró que “el estado mental del anciano dictador no le permitía seguir con garantías un hipotético juicio en España”. Cierto o no, “el general era ya un cadáver político”.    

Chile merece un futuro mejor y debe convertirse en faro luminoso para la navegación política, pacífica y democrática de otros países de América Latina que hoy andan a la deriva.

Valencia, 10 de abril de 2021


[1] “¿Qué fue de las grandes alamedas? Chile, 1970-2020. De la victoria de Allende a la actual crisis de Estado. Tirant Humanidades. 2020.

[2]Largo pétalo de mar.” Plaza & Janés 4ª. ed. 2020

[3] Del Alcázar (ibidem) 106-107

[4] Del Alcázar (ibidem) pag. 135

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