FINANCIACIÓN DE LAS NUEVAS PRIORIDADES

Virus, Mascarilla, Coronavirus, Máscara

Néstor-Hernando Parra

“Hemos pasado en unas pocas décadas de un contexto rural

a un contexto urbano, a un contexto digital… ¿Cómo pasa de

una economía de especulación, deslocalización productiva y

guerra a una economía basada en el conocimiento, para procurar

un desarrollo global sostenible, humano? Los medios digitales,

bien utilizados, permiten además de una participación democrática

insólita, alcanzar la ciudadanía plena, es decir, llevar a efecto la

transición esencial de súbditos a ciudadanos.”

Federico Mayor Zaragoza [1]

2020 será un año de indudable referencia histórica a causa de la expansión global de la Covid19 que, como en otras pestes por las que ha pasado la humanidad, deja no sólo devastación y muerte, sino además cambios inmediatos y sustantivos en la forma de relacionarse el ser humano con sus semejantes y con las cosas tal y como ha sucedido en estos meses. Algo que se insinuaba desde el principio de siglo, como consecuencia de los avances de la tecnología digital, pero que ahora se ha acelerado vertiginosamente en todo el espectro social y económico.

Hace pocas horas, después de 5 días de intensas negociaciones y reuniones, la Unión Europea ha sellado un acuerdo histórico en cuanto consolida la unidad de los 27 países que la integran alrededor de un compromiso solidario de endeudamiento, por primera vez, tendiente a financiar a los países miembro en los que la Covid19 ha impactado de forma grave la estructura de su economía. El fondo dotado con 750 mil millones de euros asigna el 52% en forma de subsidios y el 48% para préstamos. Tal acuerdo, además, consolida a la UE como región económica en un mundo parcelado, justo en un momento en el que la lucha por la primacía mundial entre Estados Unidos de América y China, Europa dividida hubiera sido pasto de unos u otros. En este logro, Alemania y Francia, Merkel y Macron han cimentado sus propias peanas históricas.   

Simultáneamente, en otros países de diferente grado de desarrollo, Estados Unidos y Colombia, por ejemplo, sus respectivos presidentes anuncian la ampliación de recursos y la extensión en el tiempo de ayudas solidarias a las poblaciones más afectadas, a manera de una renta básica temporal o de un ingreso mínimo vital. También la inmediata puesta en marcha de proyectos de obras públicas de gran envergadura para generar empleo, como se espera en Colombia.  En síntesis, incrementarán el gasto y la inversión públicas lo que obliga a adoptar una nueva estructura de los ingresos a través de la modificación del sistema impositivo y el aumento de la deuda pública. Medidas de corto plazo, pero de inmediata aplicación que ayudan a paliar la grave crisis económica y social que se ceba en los sectores más vulnerables.

En el caso de la UE, los recursos provendrán de la emisión de bonos a 30 años, si bien esperan que los países miembros beneficiados tendrán que reformar gradualmente la estructura de sus ingresos en los próximos dos años (tasa sobre plásticos no reciclados, un ajuste sobre el carbono en frontera, la tasa Tobin -a las transacciones financieras- y una tasa digital), y controlar los gastos en busca de un equilibrio presupuestario. Para tal efecto se establece un comité de vigilancia. En los países en vías de desarrollo, donde aún hay margen para elevar los impuestos a las rentas de altos ingresos e incluso al gran capital concentrado en poderosos grupos financieros y económicos, también pueden recurrir a otras fuentes más novedosas con tal de que no resulten regresivos en su aplicación como es el caso del IVA.

La gran diferencia con la UE está en el principio de solidaridad entre los países ricos del norte y los menos avanzados del sur entre sus miembros. Es decir, se trata de una fuente propia del “sistema”. Por ello no es apropiado llamarlo un Plan Marshall pues aquellos valiosos recursos provenían de los Estados Unidos de América, interesados en atraer a países del este antes bajo el yugo comunista y facilitar el desarrollo acelerado de la región, comenzando por Alemania, por entonces dividida. Fue una especie de muro económico erigido durante el comienzo de la guerra fría.  En cambio, a los países en vías de desarrollo, los de América Latina, por ejemplo, tendrán que seguir recurriendo al FMI, al BM al BID y a la CAF en busca de préstamos. No conozco donde puedan conseguir subsidios.

Al diseñar la “nueva normalidad”, a la que se espera llegar en cuanto se logre controlar la expansión de la pandemia y se aplique la correspondiente vacuna que inmunice a la población mundial contra la Covid19, es imperativo establecer prioridades comunes, globales. Sin embargo, primero hay que tener en cuenta las diferencias en el nivel de desarrollo de los diferentes países del orbe, comenzando por identificar la cobertura de la infraestructura digital de cada uno e incluso por zonas en su interior. Saber cómo lograrlo, conduce también a escenarios de reformas en las finanzas públicas.

En estos meses, han proliferado los artículos de reconocidos científicos sociales y empieza a publicarse libros sobre los efectos de las crisis sanitaria y económica en la educación, el empleo y los servicios de salud. Coinciden todos en destacar los progresos y el impacto individual y colectivo de la automatización, la robotización, la inteligencia artificial, el aprendizaje automático y personalizado (machine learning). Todo con base en que el conocimiento, el nuevo valor, facilita su democratización gracias al gran acervo global o Big Data, el procesamiento de los datos y la forma de administrarlos. El cambio que más ha avanzado durante la pandemia en todas las latitudes ha sido el de la comunicación virtual -incluso en países con escasa infraestructura y cobertura digital- aplicada al teletrabajo o trabajo en casa, a la educación virtual y al comercio (e-commerce). Y ha llegado para quedarse.

La Covid19 ha puesto en evidencia la debilidad de los sistemas de salud en los diferentes países, desde aquellos donde tal derecho fundamental, considerado función esencial del Estado, está privatizado o semiprivatizado, hasta los que gracias al Estado de Bienestar se consideraban los mejores. Lo cierto es que ninguno estaba preparado para administrar pandemias, a pesar de las advertencias que algunos grandes dirigentes y organizaciones globales habían pronosticado con base en otras manifestaciones víricas sucedidas en este siglo que servían a manera de preaviso de que vendría algo mayor.

Recuerdo que hace 50 años, cuando se discutía en Nueva York  la Estrategia Internacional del Desarrollo para el Segundo Decenio de Naciones Unidas, uno de los documentos que más impacto tuvo entre los miembros del Comité fue el que destacaba dos elementos adversos que afectarían a la humanidad: el desempleo y las pandemias, el primero como resultado de las nuevas tecnologías, y el segundo en virtud del incremento en el transporte aéreo de personas lo que facilitaría la  propagación de enfermedades hasta entonces padecidas por pequeñas comunidades tradicionalmente aisladas. Predicciones cumplidas: El SIDA apareció a inicios del decenio de los 80 en California, Estados Unidos, y su origen lo sitúan los investigadores científicos en África transferido de los chimpancés a humanos a principios del siglo pasado, sin que hasta el momento haya sido erradicado. Un virus reciente, el de la gripe A H1N1 o gripe porcina fue declarada pandemia por la OMS en el 2009.

A pesar de las posiciones anti-ciencia de conocidos gobernantes, lo cierto es que hoy la ciencia es la fuente de conocimiento sobre el origen, el tratamiento, el control y la erradicación de las pandemias. Los anticientíficos pueden tener sus propias creencias de diversa índole, vivir de supersticiones y difundir trampantojos, profesar credos varios, pero lo que no pueden es imponer a los demás, mucho menos a los pobladores de un país sus falsas visiones. Lo primero que hay que hacer para reformar, reforzar o implantar el sistema de salud es aumentar las asignaciones a investigaciones científicas. También invertir en talento humano para formar el personal sanitario suficiente, bien remunerado, dotar de equipos y material a los hospitales y centros de salud. Luego crear un sistema coordinado entre una autoridad central, las regiones y las localidades en busca de eficiencia.

Hay que tener en cuenta que la producción de equipos, dotaciones y medicamentos está altamente concentrada en algunas pocas mega multinacionales, que dominan el mercado global. En las de occidente, inversores privados detentan el poder si bien las investigaciones las financia parcialmente el sector público. Los países más castigados por los precios altos son los en vía de desarrollo que tienen poca capacidad de negociación. Aspecto que acentúa la desigualdad global. ¿Qué hacer desde lo local para enfrentar tal situación? La respuesta no es fácil, pero induce a pensar en la conveniencia de crear o fortalecer alianzas entre países de similar nivel de desarrollo para, al menos, mejorar su poder negociador. Y, por supuesto, producir ciertos equipos y materiales de dotación: establecer un mínimo de seguridad sanitaria en cuanto a equipos, provisiones, medicamentos y disponibilidad de talento humano.

Desde principios de los ochenta, cuando participé en una reunión de la OEA en Buenos Aires sobre ciencia y tecnología hice claridad que lo primero entre educación y salud es la nutrición. De allí que considero indispensable que los países en vías de desarrollo den prioridad a la producción de alimentos tendientes a satisfacer las necesidades de su población, a manera de disponer de “seguridad alimentaria”. Tal objetivo implica la coexistencia de diferentes tipos de agricultura: la del pequeño cultivador de pan coger, la del mediano agricultor y la de gran extensión y altamente tecnificada. Sin olvidar la importancia de construir las mallas viales que faciliten su distribución.  Lo importante es darle la prioridad dentro del conjunto de políticas de desarrollo. Además de fomentar el empleo y utilizar apropiadamente los recursos, tierra y agua, se deja de importar alimentos con los consiguientes beneficios económicos en la balanza comercial, pero por sobre todo mejora la calidad de vida de sus pobladores y reduce el déficit nutricional de los niños que serán mejores estudiantes y trabajadores.

Nutrición, salud, educación y empleo son los objetivos prioritarios en esta etapa. Para alcanzarlos habrá que recurrir simultáneamente a medios tradicionales y a los nuevos que aporta la tecnología, comenzando por construir la infraestructura digital y por adoptar un sistema híbrido en la educación de manera inmediata a partir de la formación de profesores-programadores de las nuevas competencias requeridas en la mayoría de las profesiones y oficios sin descuidar la formación humanística, el fomento a la cultura y a las denominadas industrias culturales. Hacia ese logro hay que cumplir dos requisitos esenciales: un sistema fiscal equitativo en el que los que más tienen más pongan y una justicia eficaz que persiga como delito mayor la corrupción, virus que corroe las bases de la sociedad y deslegitima el poder político y gubernamental por cuanto hace perder la confianza ciudadana, la columna vertebral del sistema democrático.

Valencia, 21 de julio de 2020  


[1] Prólogo del libro “El empleo en la era digital”. Flechoso J. J. et al. junio 2020

3 respuestas a “FINANCIACIÓN DE LAS NUEVAS PRIORIDADES

  1. Hola Nestor

    Gracias por el excelente análisis. Hay una buena noticia y es que la tecnología también nos trae a corto plazo medios avanzados de producción de proteinas y otros tipos de alimentos que aliviarán la falta de alimentos. Sin embargo, tendremos que estar vigilantes para que todos los beneficios de estos avances no sirvan solo para engordar los bolsillos de los corruptos que pululan en los sectores públicos

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  2. No hay duda, En Colombia se está perfilando el pensamiento que habrá más impuestos y mayor deuda pública. El gasto público se incrementará para «mover» la economía, esta política tendrá consecuencias funestas opinan algunos expertos. El caso de la Unión Europea es un buen ejemplo de ayuda mutua, por supuesto ellos tienen ya una tradición de cooperación recíproca. Aquí en América Latina no existe este ambiente ni ahora ni en la post pandemia. Aquí la incertidumbre es total en casi todo sentido: en el político, el económico, el social y el ambiental. Los políticos no cesan sus rencillas diarias, los medios no ayudan a aclimatar un mejor ambiente de entendimiento, los organismos internacionales acreditados en el país sirven para nada, así están las cosas. En verdad no hay un plan para el después.

    Gracias Doctor Néstor Hernando, su artículo mueve la imaginación, la criticidad y el anhelo de cambio.

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    1. Gracias, profesor y amigo, por su comentario que complementa el espectro del análisis del tema de lo que podría llamarse «Un plan para la postpandemia». Lo que tengo claro es que hay una oportunidad para una gran cambio, para saltarse etapas de desarrollo, para acelerar la asimilación de la tecnología digital, bien utilizada, y simultáneamente avanzar en la construcción de las infraestructuras públicas, aprovechar los dones de la naturaleza de cada región, zona o país, invertir en desarrollo de talento humano formado en las nuevas capacidades. La base de este cambio se sustenta en principios éticos y, en mi entender, allí está el gran escollo pues en la medida en que el Estado concentra poder económico las oportunidades de lucro personal de forma ilícita aumentan de forma exponencial. No cabe duda alguna de que la cultura de la insolidaridad, del individualismo salvaje, tenemos que cambiarla por una en la que nos reconozcamos como miembros, con iguales derechos, comenzando por la dignidad, de una misma especie. Ese debería ser el impulsor principal hacia una «nueva normalidad». Lo contrario, sería repetir la conocida fórmula, más de lo mismo.

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