LA NUEVA CULTURA DEL TRABAJO COLABORATIVO EN RED

Talentos innovadores con objetivos comunes que comparten liderazgo
en empresas sin jefes

“Definimos trabajo colaborativo como aquel que se realiza mediante cooperación voluntaria entre dos o más personas o agentes que unen sus esfuerzos para lograr un objetivo común, y en el que todas las partes se benefician, aunque no necesariamente en la misma proporción, ya que pueden existir, y de hecho existen, diferencias y asimetrías entre los participantes. El trabajo colaborativo está atravesado por relaciones de poder, pero se distingue de otras formas de coordinación del trabajo (despótica, jerárquica, burocrática, instrumental, entre otras) por el hecho de que hay cooperación, reciprocidad, voluntariedad y beneficio mutuo.”

DOROTHY SILVA, LUIS REYGADAS[1]

Tal y como lo hemos comentado en otras oportunidades, el espacio cibernético está abierto a la participación libre de las personas lo que ayuda a crear un nuevo espíritu solidario conocido como un procomún que “ofrece vías amplias para trabajar por hacer realidad la democracia del conocimiento mediante la educación para todos”.[2] También es ampliamente sabida la extensión -casi que indispensable- del espíritu de colaboración entre los diferentes grupos de investigación científica a nivel global, sin que esto signifique que haya desaparecido el explicable deseo individual de ser el primero, el ganador. De forma simultánea, la cultura empresarial basada en la productividad y la competitividad ha dado un giro en busca de nuevos conceptos, herramientas y aplicaciones informáticas que les garantice la mejor utilización de los recursos disponibles, una gestión empresarial eficiente y permanecer en el mercado, creciente y fluido del comercio online o “e-commerce”..

Surge así el trabajo colaborativo empresarial que demanda de sus participantes capacidades aplicadas en los siguientes campos:

  • Tecnológico (aplicaciones, redes e internet)
  • Psicológico (cognitividad): Independencia positiva, propensión a aceptar cambios (innovación)
  • Social (organizaciones y grupos de personas): Sociabilidad
  • Organizativo (formas de interactuar): Profesionalismo y responsabilidad compartida.
  • Comunicacional (medios de comunicación), fluidez

En cuanto al uso de tecnologías, recurren a la del Big Data o a la del Business Intelligence, ambas caracterizadas por el manejo de información masiva y por la velocidad a la que trabajan, aunque difieren en cuanto al modo en el que lo hacen y el tipo de datos que analizan con miras a facilitar la toma de decisiones de forma eficiente. Corresponde a los expertos aplicar una u otra según los objetivos que se desean alcanzar. Uno de los softwares más utilizados por las empresas de consultoría es el Microsoft Dynamics que permite unificar diferentes funcionalidades.

Suecia es uno de los países líderes en el desarrollo de este tipo de empresas. Allí, en 2002, se creó el Business Wellness Group con capital cero. Hoy está integrado por Centigo, Accigo, Perpello y otras ocho compañías que cuentan con más de 400 empleados, organizados en grupos,[3] quienes deben hacerse a sus propios clientes. El objetivo común es crear la estructura y la atmósfera que faciliten el trabajo colaborativo. Su remuneración es variable (una parte básica y otra en función de rendimientos). Además de carecer de jerarquías, son autosuficientes en cuanto no dependen financieramente de los bancos. Como en todas las organizaciones de este tipo, disponen de un ambiente amable que estimula las relaciones entre sus colaboradores y clientes.

Sus nueve principios estratégicos son:[4]

  • Visión a largo plazo (100 años)
  • Incubadora del desarrollo del talento humano
  • Crecimiento con rentabilidad
  • Valores que crean estabilidad
  • Responsabilidad (sin jerarquías)
  • Cambio continuo
  • Copropiedad
  • Liberación del poder emprendedor
  • Reto global (expansión)

Esta nueva forma de trabajo implica un cambio radical en cuanto al tipo de valores y capacidades que los sistemas educativos han inculcado o desarrollado tradicionalmente en sus diferentes niveles e instancias. El individualismo, la competencia, la visión a corto plazo (a veces inmediato), la jerarquización y el consiguiente sentido de dependencia, la rentabilidad como prioridad (cuanto mayor, mejor), la miopía en la visualización del entorno empresarial, la explotación sin límite de recursos no renovables, el imperio del sector financiero, entre otras, han sido características del sistema capitalista en su versión neoliberal que se ha extendido globalmente, aunque con resultados de diverso orden. En los países emergentes o en vías de desarrollo, si bien ha habido progreso económico -por lo general producto de la extracción de minerales y petróleo-, la repercusión social ha sido negativa pues la desigualdad crece cada día entre sus pobladores y la brecha con los países altamente desarrollados se amplía.

A la imperiosa necesidad de disponer de infraestructuras tecnológicas actualizadas a fin de ser utilizadas por todos en sus diferentes aplicaciones, se suma la de instruir a la población para el uso adecuado y eficiente de las mismas, y la de educar -incluso reeducar- en la forma de trabajo sustituyendo la propensión individualista y competitiva por la colectiva y de cooperación en grupos en la que la diversidad por sí misma es un factor que propicia el cambio y estimula la innovación. De esa forma, el enriquecimiento y todas las demás ventajas son tanto del individuo como del grupo o comunidad. Esto requiere aplicar nuevas metodologías educativas en los diferentes niveles del sistema.  

Quizás el nuevo camino a recorrer deba comenzar por sembrar el espíritu de colaboración entre personas y grupos a fin de que las nuevas generaciones trabajen inspiradas por el propósito de obtener impactos positivos en la sociedad y en su entorno. Para ello, es importante:  

  • desarrollar el sentido de responsabilidad autónoma, no vigilada
  • infundir la autoestima a fin de liberar energías que conduzcan a la superación constante de la persona
  • invertir en el desarrollo del talento humano para crear capital social
  • facilitar el acceso a las tecnologías y el conocimiento de su manejo como medios operacionales aplicados a objetivos de beneficio común
  • continuar participando en la sociedad del aprendizaje de forma continua a través de toda la vida.

Con tales capacidades, es fácil inducirlos al trabajo colaborativo, a formar, por ejemplo, cooperativas empresariales de producción, servicios, distribución o mercadeo.

En el pasado surgieron diferentes tipos de instituciones sociales que se pueden calificar de “procomunes” en cuanto los bienes, recursos y procesos eran destinados a generar beneficios a un grupo o una comunidad de personas. Las comunidades de villa y tierra del siglo XII en España es un ejemplo. Los ejidos en tierras hispanoamericanas es otro. La propiedad horizontal o comunitaria es de nuestro tiempo. El Internet, como recurso compartido, en los últimos 30 años ha cambiado la forma de comportamiento del ser humano y bien puede citarse como expresión moderna de un procomún histórico.

Aunque no se avizora cómo será el post-capitalismo, sí cabe suponer -al menos en su etapa inicial- la coexistencia de diferentes formas de trabajo y de vida en comunidad. En todos los escenarios, incluso en aquellos en los que predomina la tecnofobia, el sentimiento de solidaridad explora medios de cooperación mutua en busca de logros que beneficien a sus asociados, a toda o parte de la humanidad, máxime en épocas como la actual en la que empiezan a escasear ciertos tipos de bienes, antes abundantes, como el agua apta para el consumo humano. De esta forma, se hacen evidentes los daños acumulados de milenios de depredación del medio ambiente por el sapiens que en riesgo la supervivencia misma del planeta. Todo esto nos induce a pensar y actuar solidariamente y en busca de sostenibilidad a fin de preservar recursos a las generaciones futuras. 

La aceleración de la velocidad de los cambios -la Cuarta Revolución Industrial y la tecnología 5G, la que tiene enfrentados a Estados Unidos y China- y la inmensa cantidad de nuevos conocimientos que se generan hace imposible que un individuo solo se apropie del todo. Por el contrario, exige deshacerse de algunos conceptos e información previa, es decir, desaprender. También, incentiva la especialización e insinúa la obligación de recurrir a “otros” con lo que se alimenta el sentimiento de cooperación, la formación de grupos afines y la búsqueda de grupos complementarios.

Lo que más sorprende del ejemplo citado arriba de la empresa de consultoría en Suecia es que el Grupo no ha requerido dinero o capital monetario al momento de su creación y que no dependen de los bancos para cumplir sus objetivos. La explicación es sencilla: el nuevo valor es el conocimiento, intangible y creciente. La asociación de personas que aportan conocimientos complementarios y que comparten objetivos comunes será una de las formas asociativas preferidas por la humanidad. ¡Ojalá!

Valencia, 31 de mayo de 2019   


[1] file:///C:/Users/Admin/Downloads/art%C3%ADculo_redalyc_74728322008.pdf

[2] Parra N. H. y Arenas-Dolz F.

[3] En este enlace se pueden ver los informes financieros y demás características de este grupo empresarial que funciona desde 2002 con sede en Estocolmo: https://www.allabolag.se/5566209036/business-wellness-group-ab

[4] “Una empresa de Business Wellness es rentable a largo plazo, crea empleos, crea bienestar, fortalece a la sociedad y tiene un enfoque sostenible hacia el mundo exterior” https://www.centigo.se/vision_strategi

7 respuestas a “LA NUEVA CULTURA DEL TRABAJO COLABORATIVO EN RED

    1. En efecto, es tan importante que no solo aplica al desarrollo empresarial, sino que estimula el èspíritu de solidaridad como puede leerse de un texto publicado el 27-05-2019 por Albin Johansson en la página de Centigo, una de las empresas que hacen parte del grupo sueco citado en el texto y que titula «El placer de trabajar en una compañía que comparte una visión a largo plazo»: Mi visón profesional es trabajar con el objetivo de crear al menos 100 empleos en países de bajos ingresos antes de que cumpla 40 años de edad. Mi visión está motivada en tres principios: propósito inspiracional, oportunidad de negocios y emoción personal. Al tener un propósito y una visión que concuerda con los de la compañía para la que trabajas, te hace más fácil cumplir con tu visión personal.»

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  1. Estimado Nestor Hernando, te cuento que en el diseño museografico para el Panóptico de Ibagué, proyecto que en tiempo atrás te habia hecho participe, hemos diseñado una dinámica colaborativa. De 70 celdas expositivias 35 de ellas se intervendran con la colabororación o participación de instituciones, colectivos, artistas o sabedores de uno u otro tema. En el campo cultural si que es importante este espíritu de trabajo colaborativo.
    Muchas gracias por tu pensamieno compartido.
    Germán Ferro M
    Curador y dirección de investigación
    Museo Panóptico de Ibagué.

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    1. Estupendo comentario, apreciado amigo Germán. En las empresas culturales, como en la museografía tal como tú lo explicas, es evidente el enriquecimiento que se alcanza mediante la colaboración de personas de diversas formaciones que aportan su propia visión, experiencia, vivencia o conocimiento. El cine, el teatro, la televisión, la simple publicación de un libro demandan la cooperación de diferentes profesionales hacia el fin perseguido. Sin embargo, en la educación, desde la elitista hasta la popular, se inculca más el espíritu de competencia como medio para triunfar. Las tecnologías de la comunicación facilitan hoy el trabajo en grupos, a distancia, incluso de personas que no se conocen, pero que se asocian hacia un objetivo u una visión común. Este es el punto clave: la misión unida a la acción de forma cooperativa.
      Estoy seguro de que el Museo Panóptico de Ibagué será un compendio del proceso cultural acumulativo del Tolima. Mis mejores votos por tus éxitos.

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  2. Es un artículo cuyo contenido es pertinente y oportuno. En efecto, el trabajo colaborativo tiene más ventajas y mejores resultados que el trabajo individual o el basado solamente en el esquema tradicional de las remuneraciones en dinero. Éste suele generar competencia a veces desigual o desleal entre quienes lo desarrollan o puede causar angustias porque no se obtienen los resultados que las personas quieren. El éxito laboral en el contexto de una empresa de capital no equivale necesariamente al bienestar o la felicidad de la persona. En estos casos podría afirmarse «yo contra el mundo».

    Una grata experiencia de trabajo colaborativo la tuve en un Proyecto PNUD con población desplazada y algunas cooperativas en varias regiones de Colombia. Este tipo de trabajo requiere necesariamente la formación de valores asociativos y la creación de una cultura de solidaridad (yo y el otro o los otros), el esfuerzo colectivo bien orientado y estimulado es poderoso. En estos ambientes la utilización de tecnologías (conocimientos, aptitudes y equipos) podría parecer algo sofisticado, hay una tendencia fuerte a seguir los procedimientos analógicos y a pensar que quien opera un computador será el ganancioso o el gerente. He observado no una división del trabajo según competencias ni un desarrollo humano colaborativo sino un afán por ganar dinero ojalá con menor esfuerzo. Estas observaciones no desestiman los avances logrados en Colombia en materia de trabajo colaborativo, hemos obtenido algunos logros más en unas regiones que en otras y necesitamos trabajar aún más para lograr la creación de cultura en dicho sentido. Es impresionante: la necesidad de obtener remuneración puede convertirse en urgencia; si ésta impera, entonces la tecnología se verá relegada, pues ésta per se no resuelve la vida de las personas.

    Muchas gracias.

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    1. Interesantes aportes de experiencias y vivencias varias con las que ilustra el comentario. Destacaría los siguientes temas:
      *la necesidad de estimular valores asociativos y la creación de una cultura de la solidaridad;
      *la no necesidad de utilizar tecnologías digitales; y
      *la persistencia de la tendencia a ganar dinero con menor esfuerzo.
      Pienso que hay necesidad de poner en valor presente el concepto de «utilidad», tradicionalmente tenido como el motor empresarial y medido en dinero , para extenderlo a «beneficio común» en el que la motivación es asociativa y la utilidad es tanto del individuo como de la comunidad.
      Quizás, esa sería la primera tarea para incentivar a grupos humanos a trabajar de forma colaborativa e incluso utilizar herramientas que faciliten alcanzar el «objetivo común» deseado.
      Gracias, apreciado amigo, por «colaborar» a mejor entender el tema.

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      1. Muchas gracias por su comentario Doctor Néstor Hernando, lo tendré en cuenta para replantear algunas cosas que suelo comentar con amigos y enriquecer el marco conceptual de una metodología de trabajo participativo o colaborativo en este caso.

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