“Desde el punto de vista formal, podemos denominar su rasgo principal con el término <demagogia>, una práctica que en este caso consiste en identificar las preocupaciones de mucha gente y, para aliviarla, proponer soluciones fáciles de entender, pero imposibles de aplicar”
Tzvetam Todorov [1]

Algunos medios informan que al menos una docena de países, con una población cercana a los dos mil millones de habitantes, están gobernados por líderes de partidos políticos populistas, de izquierda y de derecha, algunos de ellos en Europa. A lo que puede agregarse que la tendencia es ascendente. Tal el caso de América Latina: México recién ha inaugurado un nuevo sexenio presidido por Andrés López Obrador -AMLO- con un discurso en el que promete una “transformación pacífica y ordenada…profunda y radical, porque se acabará con la corrupción y con la impunidad” y con los efectos perversos del modelo neoliberal vigente durante los últimos 40 años. Corrupción y neoliberalismo causa de la creciente desigualdad y de la pobreza generalizada. Diagnóstico preciso. Queda por ver el cumplimiento de las cien promesas que conforman su programa de gobierno que suenan a música celestial en los oídos de la inmensa mayoría de los 125 millones de sus compatriotas. Ese logro es el premio de más 15 años de perseverancia para derrocar un sistema efectivamente corrupto y de espaldas a las necesidades del pueblo mexicano. Su triunfo altera, para bien, el escenario político latinoamericano en el que actúan desde gobiernos oligárquicos hasta el fracasado socialismo bolivariano siglo XXI bajo el denominador común de la corrupción.
Además, Jair Bolsonaro, un capitán retirado, admirador de la ominosa dictadura que gobernó su país entre 1964 y 1985, ganó las elecciones en Brasil, país con 210 millones de habitantes, gracias al respaldo de sus correligionarios evangelistas. El 1 de enero iniciará su mandato con un programa que promete también luchar contra la corrupción, aunque en algunos de los programas pone en entredicho el sistema democrático y los derechos de todo ser humano, comenzando por los indígenas a los que compara con animales de zoológico, cuyas tierras vírgenes en el Amazonas, el gran pulmón del planeta, pondrá a disposición de los depredadores del medio ambiente para explotaciones madereras y mineras.
En España, en el 2014 irrumpió el populismo izquierdista con un nuevo partido, Podemos, que recogió buena parte de los “indignados” que ocuparon el escenario mundial con los acampados del denominado 15M que protestaban contra los efectos de la crisis financiera y económica, así como en oposición a la austeridad impuesta desde la Unión Europea a los gobiernos de los países miembro. Ahora, en las elecciones autonómicas de Andalucía, el 2 de diciembre, intempestivamente surgió VOX, un nuevo partido de extrema derecha a la imagen y semejanza de Steve Bannon, el asesor de Trump durante la campaña electoral. Bannon inspirado en Genghis Khan, Napoleón y Hitler, se ha convertido en agente global -en su portafolio ya está incluido China- para expandir el modelo populista totalitario desde concepciones tendientes a revivir nacionalismos, racismo, etnicismo, masculinidad y religiosidad. Y hacer trizas la Unión Europea.
En cuanto a las causas que generan el populismo, tan antiguo como la democracia misma, Roger Eatwell y Matthew Goodwin[2] enumeran las siguientes: 1) La desconfianza de la gente hacia los políticos y las instituciones de la democracia liberal; 2) Un sentimiento de privación relativa frente a otros en la sociedad y un temor generalizado sobre la destrucción de la identidad histórica del grupo nacional frente a la inmigración y la diversidad étnica. 3) El debilitamiento de los vínculos entre los partidos tradicionales y la gente. Cabría agregar la “oligarquización creciente de las sociedades de Europa Occidental” tal como lo anota Chantal Mouffe,[3] quizá por el abandono de la ideología socialdemócrata y la adopción del credo neoliberal que les condujo a quedar sometidos a las fuerzas del libre mercado, o por pensar que ya sus objetivos del estado de bienestar se habían cumplido, conquistas que, como lo demostró la crisis económica del último decenio, han sido deformadas o reducidas sin nadie que las defendiera.
Emmanuel Todd publicó hace 10 años el libro Après la Democratie en el que analiza las causas de la crisis de la democracia y aventura posibles escenarios para superarla, con especial énfasis en el caso de Francia. Entre las primeras, resalta: la dilución de la religión cristiana por cuanto “la desaparición del paraíso, del infierno y del purgatorio desvalorizan extrañamente todos los paraísos terrestres, así sean grandiosos, de tipo estaliniano, o de escala más modesta, republicano ”, factor que controlaba elementos clave de la vida humana como la sexualidad, el dinero, la violencia; la extensión de la islamofobia potenciada a partir del 11S y convertida en una “declaración de guerra ideológica de Occidente contra el Islam y China”; la “estagnación educativa y pesimismo cultural” que genera un sentimiento depresivo; el abstencionismo electoral creciente como muestra del rechazo a las élites corruptas y a la consolidación de las oligarquías; la pérdida de poder negociador de los trabajadores fruto de la revolución tecnológica que destruye empleo y de la marginación de los sindicatos; la añoranza de culturas autoritarias de antiguos imperios que trabajan por reconstruir, tal el caso de Alemania, Rusia, Francia, Inglaterra, Turquía, aunque con diferentes grados; el constante ascenso de China, que después de liberarse del maoísmo, ha irrumpido como gran potencia mundial mediante ingeniosa hibridación: “Partido único, economía de mercado, ideología nacionalista xenófoba” que podría calificarse de “régimen fascista”; la “etnicisación” como nuevo perfil del racismo contra la que la clase obrera y la juventud se oponen; y el enfrentamiento entre el sistema neoliberal del libre cambio y la democracia por cuanto desintegra las economías nacionales y globaliza el mercado.[4]
En la parte en la que visualiza las consecuencias de este declive de la democracia, Todd en un apartado con el sugestivo título La fase populista del sistema oligárquico afirma: “Una ruptura que corta las clases superiores del resto de la sociedad provoca la aparición simultánea de una deriva oligárquica y del populismo…Los beneficios de la globalización se concentran en el 1% superior de la población, el 10% siguiente puede considerarse neutro, ni favorecidos ni desfavorecidos.” La democracia, que se suponía al servicio del pueblo, se ha convertido en un simple instrumento por cuanto mediante el control de los medios de comunicación, la seducción de periodistas, las encuestas de opinión direccionadas, en una palabra, la “democracia de manipulación implica que el candidato se concentra en los medios para obtener el poder con detrimento de los fines, es decir, del programa y de la acción”. En contraposición, la expansión y toma de conciencia de la clase media, ahora educada y conocedora de sus derechos, otrora plegada a las élites ante la efímera esperanza de llegar a pertenecer a ellas, se empodera como clase que lucha por la restauración de los valores de la democracia y por una vida digna.
Por su parte, Jean-Werner Müller, profesor de ciencia política de la U. de Princeton en un reciente artículo basado en su libro “What is Populism” (2017) y en otro artículo «Trump, Erdoğan, Farage. The Attractions of Populism for Politicians, the Dangers for Democracy»,[5] se demuestra contrario a aceptar que el populismo sea una forma primaria de anti-elitismo, pues considera que su sello distintivo es la afirmación de que ellos son los únicos, fuertes y auténticos representantes de los ciudadanos. Entre los factores que hay que tener en cuenta para detectar el populismo, enumera cuatro: 1. El contexto de cada nación; 2. En el que exista algún tipo de “guerra de culturas” (hostilidad) en la que los auténticos son ellos y “los otros” no son verdaderos ciudadanos, fundamentalmente inmorales; 3. Que haya creciente descontento, indignación (ante élites corruptas); y 4) Donde una “tecnocracia liberal” que, como es su insignia, sostenga que solo hay una solución lógica para un desafío político específico, pues lo demás es irracional. A lo que cabe agregar que el populismo, así no gane elecciones, es un factor que desequilibra el sistema democrático, dadas sus estrategias y tácticas tendientes a descalificar el sistema electoral y sus resultados, así como desconocer realidades mediante los denominados “hechos alternativos”.
Muller agrega que: “Al contrario de lo que a los liberales les gusta creer, no todo lo que dicen los populistas es necesariamente demagógico y falso, aunque ciertamente se presenten apoyados en una gran mentira: que hay un pueblo singular y auténtico del que ellos son los únicos representantes. Para combatir al populismo, es necesario comprender y socavar ese pilar fundamental del discurso populista.”
En conclusión, el populismo ha llegado para quedarse. Los medios electrónicos están a su disposición, los destinatarios de sus mensajes también pues la mayoría, ausente de la realidad y despreocupada de su destino, entretenida con los juguetes que le subyugan, cada quien ensimismado en su cubículo mental, constituyen presa fácil para sus propósitos. ¿Qué puede predecirse para un futuro no lejano? ¿Serán, como en el pasado, el preludio del neofascismo?
Valencia, 6 de diciembre de 2018
[1] Los enemigos íntimos de la democracia. 2012. Galaxia Gutenberg
[2] National Populism: The Revolt Against Liberal Democracy, 2018 Pellican Books.
[3] Por un Polulismo de izquierdas. Siglo XXI.
[4] Este listado lo hago a manera de un atrevido comprimido resumen de su libro, publicado por Gallimard en 2008.
[5] The Guardian, 2 de septiembre de 2016
Bien oportunos estos planteamientos acerca del populismo. Considero que el autor los hace desde la sociología política y por supuesto desde la ciencia política contemporánea. Pareciera que esta práctica del discurso político está exacerbada en nuestro medio latinoamericano revestida con ropajes ideológicos y religiosos. Por ejemplo, con todo respeto, me parece que el Papa actual es populista desde los contenidos de los documentos del Concilio Vaticano II. Los actuales gobernantes son muy demagógicos y casi siempre están poniendo de parapeto la pobreza y la corrupción, como quien dice, que todo cambie para que todo siga igual. La cuestión no presenta indicios de cambio, el populismo gusta a la pobrería y con sus mensajes subliminales alienta esperanzas que nunca serán realidad. Los gobernantes no son realistas ni analistas y su ideario no se sabe para dónde va. Unos salen por malos y ladrones, otros son excesivamente mediocres y otros se atornillan en el poder. Así no es posible un ideario panlatinoamericanista y nuestros países tienden a quedarse a la vera del camino en términos de mejoramiento y desarrollo. Pienso que el populismo es facilista y característico de la pobreza mental de algunos gobernantes.
Quiero insistir muy bueno este artículo, invita a investigar y hacer lectura crítica. Muchas gracias.
Me gustaMe gusta
Uno de los recursos más utilizados por los demagogos es aprovechar el desencanto colectivo del sistema representativo para hacer «antipolítica», con lo que alimentan el abstencionismo. Mientras no se extienda la educación política de un sistema solidario, libertario e igualitario (en mis tiempos teníamos clase de «educación cívica» en la primaria) tal y como existe en los países nórdicos, mientras subsista la miseria, la informalidad en el empleo, la marginalización social, la discriminación educativa en cuanto a calidad, ,los políticos seguirán traficando, comprando sus votos para perpetuarse como «sus» representantes, poder que se ha vuelto propiedad privada transmisible a hijos, esposas, hermanas o hermanos. En países avanzados se explota la indignación de una clase media que está degradándose ante el desempleo, empleos precarios, pérdida o reducción de los derechos sociales, ante la avaricia desmedida del sistema capitalista-financiero. Como bien lo recuerda uno de los autores citados, el Estado ya no controla la Economía, ahora la Economía somete al Estado a sus dictados. El fenómenos es complejo y vale la pena estudiarlo con rigor académico y realismo social. .
Me gustaMe gusta